Así funcionaba el campo de exterminio de Los Zetas

Así funcionaba el campo de exterminio de Los Zetas

8 de junio del 2016

Ubicado en los desiertos del norte de México, la prisión estatal de Piedras Negras ocultó tras los muros de la penitenciaría el ‘templo de la muerte’, un campo de exterminio al servicio del cártel de Los Zetas.

Este lugar, a pesar de estar ubicado junto a una prisión, era controlado por la banda criminal. Allí Los Zeta se encargaban de llevar a sus víctimas, quienes eran torturadas y descuartizados. Según las autoridades, al menos 150 personas cayeron en ese túnel que funcionó durante cuatro años.

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Por un tiempo el penal fue una pesadilla para los guardias que intentaban mantener el orden de los reclusos. La banda criminal gozaba de control interno de la penitenciaría y “para no entrar en conflicto, cedían el control al narco”, dice Alejandro Hope, exdirectivo de los servicios de inteligencia de la prisión a el diario El País.

Piedras Negras se encuentra situado en la frontera con Estados Unidos y hasta el vecino país llegó el dominio de Los Zetas, quienes tras los muros de la penitenciaría mantenían a los secuestrados, que en algunos casos eran adversarios o simplemente integrantes de sus filas, que se consideraban traidores.

¿Cómo funcionaba el ‘templo de la muerte’?

El lugar está rodeado por muros de hormigón, por lo que los gritos de las víctimas no sonaban dentro del recinto. Luego de la tortura, los cuerpos eran desaparecidos con ácido o fuego en tanques de acero. Lo que quedaba de la persona era arrojado a 30 kilómetros de distancia en el río San Rodrigo.

Por su lado, los presos Zeta tenían el control absoluto de la penitenciaría, lo que les permitía entrar y salir de ella a su antojo. Su ausencia durante un tiempo no generaba sospechas, por ello podían salir, cometer los asesinatos y volver a su celda.

En este lugar también se encargaban de fabricar la utilería que necesitaban como los chalecos antibalas, uniformes camuflados y además, contaban con materiales para modificar la carrocería de sus automóviles.

Para volver a retomar el control de la prisión, los agentes federales la cerraron y empezaron una investigación masiva contra el cartel, transfiriendo a muchos de los reclusos a diferentes prisiones y así acabar con el contacto que tenían para delinquir entre ellos.

Luego de años de investigación fue posible concluir que Ramón Burciaga Magallanes “El Maga” tenía el poder de decidir sobre la vida y la muerte en aquel lugar, pero no actuaba solo.

Las órdenes de captura giradas por las autoridades de Coahuila de Zaragoza en México incluyen a otros cuatro sospechosos: David Alejandro Loreto Mejorado, Manuel Elguezabal Hernández, Francisco Javier Vélez y Santiago Peralta García, todos acusados de haber participado en siete desapariciones forzadas.