La historia del vil ataque terrorista en Nueva Zelanda

La historia del vil ataque terrorista en Nueva Zelanda

15 de marzo del 2019

La relación de la ciudad Christchurch (iglesia de Cristo, en español) con la religión tomó una nueva connotación luego de que fuera escenario de una de las más grandes masacres terroristas de los últimos años. Hasta esta ciudad de menos de medio millón de habitantes, ubicada en el este de la isla sur de Nueva Zelanda, llegó un hombre armado y finalizó con la vida de al menos 49 personas que se encontraban en un par de mezquitas.

Lo que parecía ser una rutinaria jornada de oración para cientos de musulmanes que habían llegado a la mezquita de la ciudad terminó siendo uno de los más traumáticos eventos vividos por quienes, en parte, contaron cómo se vivieron los hechos.

A eso de las 1:40 de la tarde un hombre, a quien preliminarmente se identifica como Brenton Tarrant, llegó a la mezquita Al Noor, ubicada en el oriente de la que hasta hoy era una poco reconocida ciudad de Oceanía.

Las intenciones del atacante parecían ser claras y planeadas con anterioridad, pues antes de cometer su acto criminal publicó en sus redes sociales un manifiesto en el cual anunciaba que su ataque iba dirigido directamente en contra de la comunidad musulmana y enunciaba unos actos terroristas similares que lo habían inspirado.

Con el objetivo claro, el victimario se equipó con dos armas y una cámara a través de la cual transmitió por Facebook, en vivo, todo su acto macabro. Por lo que se sabe hasta ahora, aparcó su carro y salió con un arma semiautomática en las manos. A continuación, entró caminando a la primera mezquita, disparó, mató gente, causó caos y regresó a su vehículo por la otra arma y con la que siguió disparando.

17 minutos quedaron registrados en el video que el terrorista publicó a través de la red social. 41 personas muertas dejó el paso del asesino por ese lugar. 5 kilómetros recorrió hacia una segunda mezquita para continuar su crimen.

Seguramente, el terrorista que vestía de camuflado, con las imágenes todavía frescas en su cabeza de la tragedia que acababa de ocasionar, se transportó hacia Linwood, un centro religioso musulmán un poco más pequeño. Allí, una vez más, accionó su arma y amplió la cifra de muertos a 49 personas, una de esas alcanzó a llegar viva al hospital.

Con la alerta decretada por las autoridades y todo el temor que cubría la ciudad una vez se difundía la noticia, los operativos llevaron a que la detención de cuatro personas. Uno, aparentemente, es Tarrant; otro fue liberado al clarificar que no tenía relación con lo sucedido; y de las otras dos solo se comenta que no estaban en los registros de sospechosos de las autoridades locales.

Luego de la tragedia, el resto del mundo refuerza su seguridad ante ataques imprevistos de tipo terrorista y se solidariza con la comunidad religiosa. Las mezquitas de Nueva Zelanda fueron cerradas temporalmente y los sobrevivientes aún se recuperan de un trauma que durará años, si es que termina.