Buscaban empleo en cruceros y fueron estafados

Buscaban empleo en cruceros y fueron estafados

18 de junio del 2014

“Trabaje por un crucero”, “Conseguimos cargos en barcos mercantes” o “empleo para marinos y oficiales mercantes”, son algunos de los anuncios que se encuentran en Internet y en las redes sociales que prometen conseguir un trabajo con una considerable remuneración en dólares. Algunos son verídicos pero otros son estafas.

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Ingenieros, técnicos y cocineros, entre otros, todos desempleados, gastan sus pocos ahorros en la ilusión de embarcarse. “Perdí más de siete millones de pesos con la promesa de embarcarme”, narra el ingeniero naval Édgar de la Portilla, de 65 años, quien cuenta con más de 40 años de experiencia.

Le ofrecieron 10.000 dólares mensuales de salario y una estabilidad que no había tenido en los últimos años. En ningún momento tuvo alguna sospecha, pese a que no tuvo contacto por teléfono, sino solo por correo electrónico.

Después de mirar un anuncio, se contactó con Maclanwson Williams, supuesto agente del Reino Unido. El pasado 16 de enero De la Portilla consignó 700 libras esterlinas, más de dos millones de pesos, para Ludy Lambert, supuesta funcionaria de la embajada del Reino Unido para iniciar los trámites de una visa.

Antes de realizar el primer giro, Édgar le escribió a la embajada del Reino Unido en Colombia para averiguar si Lambert en realidad trabaja ahí. No recibió ninguna respuesta. Lo mismo hizo con el consulado de Colombia en Londres, donde le dieron esta respuesta: “Ponga en conocimiento de las entidades judiciales de Colombia”.

Hasta ese momento Édgar, pese a que sabía que otros de sus compañeros habían sido estafados, no pensó que él fuera a convertirse en una víctima. Incluso recibió un formulario para sacar la visa y documentos con membretes.

Carta estafa

Uno de los documentos recibidos por la víctima. 

Le prometieron que trabajaría para Tomasos Brothers, empresa griega de transporte de carga y una de las más grandes del mundo. Luego le pidieron que consignara 1.350 libras esterlinas, más de cinco millones de pesos, pero a su nombre. Esto le dio confianza, pues supuestamente él mismo retiraría el dinero en Londres.

Sin embargo, días después, sin ninguna razón válida, le pidieron cambiar el destinatario del giro. “Me decían que consignara a Edgar Tomasos. Yo les dije que ese no era mi nombre, pero me aseguraron que podía retirar el dinero con ese nombre”, cuenta De la Portilla, quien se lamenta por la ingenuidad con la que actuó.

Después de esto no volvió a saber nada del agente ni los supuestos funcionarios de la embajada británica. “Me dijeron que a más tardar en cinco o siete días estarían llegándome físicamente los papeles de la visa, el contrato laboral y el tiquete aéreo para viajar a Londres. Pasaron cinco, siete días y más, ya dije aquí no hay ninguna seriedad”.

Aunque es ilegal que los embarcadores cobren a los aspirantes para que sean contratados, muchos aceptan consignar dinero a una cuenta en el exterior por la necesidad de conseguir un trabajo, que en la mayoría de los casos son contratos temporales, aunque bien remunerados, por máximo 10 meses. Después vuelven a quedar sin trabajo hasta que consigan un nuevo empleo.

“Los embarcadores no tienen que pedirle a uno por el hecho de que lo estén embarcando. Son las empresas las que le pagan a ellos sus honorarios”, dijo el ingeniero de 65 años.

Edgar de la Portilla

 Colombianos, presa fácil

Este tipo de casos son más usuales de lo que se cree.  Después de la liquidación de la Flota Mercante Grancolombiana y ante  la escasez de empresas navieras nacionales, los marinos se ven obligados a buscar trabajo fuera del país. “Por mi profesión debo enviar mis hojas de vida fuera del país”, dice el ingeniero.

“En Colombia, los marinos estamos desprotegidos. Tenemos dos océanos pero no tenemos una marina mercante”. Además la víctima dice que esto hace menos competitivo al país frente a la entrada en vigencia de los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea.“Tenemos empresas de remolcadores, pero no tenemos empresas de línea de carga”.

Andrea Rojas, de 31 años, otra víctima, ejerció como profesora de inglés por varios años en colegios privados. Tiempo después fue despedida y le fue difícil ubicarse de nuevo. Por eso optó por buscar un trabajo como ‘cleaner’ o camarera en un crucero. Aspiraba a ganar 1.500 dólares, casi tres millones de pesos mensuales por cinco meses.

Realizó los cursos de salvamento en una escuela avalada por la Organización Marítima Internacional, con sede en Bogotá y después se contactó con un agente, el cual le prometió ubicarla en un crucero  de Pullmantur. Andrea, ilusionada, alcanzó a sacar el pasaporte y había pedido prestado dinero  para el tiquete hasta Panamá, ciudad en la que se embarcaría.

“Ahora sigo sin trabajo y más endeudada. No es justo que le hagan eso a las personas que necesitan un trabajo”, dice Andrea, madre de dos niños, de siete y cuatro años.

Por tratarse de mafias internacionales las víctimas no saben a quién acudir. Édgar, por ejemplo, aunque trató de contactar a la Interpol, no pudo hacer la denuncia por medios electrónicos.

Dice que radicará la denuncia en la fiscalía colombiana pero no siente confianza en que avance una investigación. “Sólo tenemos unas páginas y correos electrónicos falsos. Después vuelven abrir otros”.

Las modalidades de estafa

Adquieren una apariencia de legitimidad mediante la utilización de sitios web de alta calidad, avisos en los periódicos y direcciones ficticias. Otros dejan rastros en distintos países para crear confusión respecto a la jurisdicción. Édgar fue víctima de esta modalidad, pues incluso intentó corroborar el número telefónico. “Pensé que ese agente estaba en Londres pero realmente pudieron estar en cualquier parte del mundo”, dice.

Un ejemplo de lo anterior es Caledonian Offshore, que usa una dirección de casilla de correo del Canadá cuando en realidad su sede está en Panamá, según la Internacional Transport Federation (ITF), organismo que se encarga de velar por el respeto de los tripulantes.

Miguel Sánchez, director de la ITF para Colombia, cuenta que cada vez es más preocupante la situación, pues se han conocido víctimas de escasos recursos, egresados del Sena u otros que pidieron préstamos bancarios para cumplir los requisitos del falso empleo. Algunas víctimas tienen que recibir tratamiento psiquiátrico o sufren depresiones agudas.

“La mayor estafa contra la que la ITF tuvo que lidiar fue el fraude de Al-Najat, que tenía su sede en los Estados Unidos, pero defraudó a miles y miles de víctimas mediante el cobro de un honorario médico, mientras trabajaba con los gobiernos de los muchos otros países afectados”, dijo Sánchez a KienyKe.com.

Aunque todas las estafas tienen similitudes en su ‘modos operandí’, se diferencian en que unos piden dinero para pagar en una dependencia de gobierno, clínica o banco, o piden efectivo, que prometen devolver, para boletos de avión para que la persona se una a la tripulación. Por su puesto, el dinero nunca vuelve.