“No volveré a tener miedo”: Paola Andrea Noreña

5 de agosto del 2019

La comunicadora fue víctima de un ataque hecho por su exnovio en 2017.

“No volveré a tener miedo”: Paola Andrea Noreña

Foto: Gabriela Caballero Amórtegui - Kienyke.com.

Paola Andrea Noreña recuerda ver el rostro de su agresor en cada vigilante, personal de aseo, enfermero, médico, paciente o cualquier otra persona que ingresara a la sala de cuidados intensivos. Fue brutalmente agredida por su exnovio Luis Miguel Rozo Trujillo, condenado en ausencia a 21 años de cárcel. Hoy es un prófugo de la justicia.

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En ese entonces la joven tenía 26 años y su caso conmocionó e indignó a Colombia por la crueldad con la que actuó su victimario. Ella había dado fin a la relación que sostenía con él.

La decisión de la justicia le dejó un sin sabor a Paola Andrea y a sus familiares, debido a que la pena fue tipificada bajo el delito de tentativa de homicidio y no por feminicidio, dejando atrás la perspectiva de género. Es por eso que la defensa de la mujer apeló el fallo.

La joven comunicadora social le contó a KienyKe.com los desgarradores momentos que vivió, cómo fue su larga y dolorosa recuperación física y psicológica, su valentía para vencer el miedo que le produjo haber sido víctima de este ataque y cómo le ha cambiado la vida luego de más de dos años.

El ataque

Ocurrió el 6 de abril de 2017 hacia las 5:00 de la tarde; la jornada laboral de Paola Andrea había llegado a su fin. Trabajaba como coordinadora de proyectos en la Universidad Minuto de Dios de Bogotá.

Caminó por la Diagonal 77 con Carrera 80. Avanzó y se detuvo en el separador de la mitad de la calle. Le quedaban dos carriles por cruzar cuando su expareja la abordó por la espalda y, sin mediar palabras, la jaló del cabello y le comenzó a cortar el cuello con un arma cortopunzante.

Fueron momentos de desesperación. Paola Andrea no tuvo tiempo de pensar en otra cosa que no fuera salvar su vida. En el forcejeo, lo primero que hizo fue coger el arma con las manos. Se cortó los dedos y perdió parte de las uñas.

El sujeto le ganaba en estatura y ella se encontraba en una posición indefensa. Para que no continuara haciéndole daño, Paola Andrea hizo una maniobra arriesgada: se giró hacia el lado izquierdo con el fin de desacomodar a su agresor, pero el hombre le realizó un segundo corte, desde la comisura del ojo izquierdo hacia la nuca.

“La herida del cuello era de 19 centímetros de larga y 9 de profundidad; estaba a solo 2 milímetros de la yugular. La de la cara fue de 17 centímetros”, contó.

Al final logró soltarse y el atacante salió corriendo. Ella lo vio por la espalda y lo identificó desde el primer instante por su jean, zapatos, estatura, corporalidad; hasta por su forma particular de correr. Se aprendió su ruta de escape. “Para mí es fácil saber por dónde huyó y por dónde yo tenía que salir a correr para buscar un centro de urgencias”, comentó.

A pesar de las heridas, estaba completamente lúcida. Al notar la gran cantidad de sangre que salía de su cuello apretó con ambas manos la herida. Su cara estaba prácticamente abierta en dos pedazos. “Siento cómo las burbujas de sangre salen del cuello. Pienso que me voy a morir”, narró.

Grito de auxilio

La joven miró rápidamente a su alrededor. Pese a que estaba en la mitad de una avenida, los autos continuaban circulando sin ningún tipo de reacción. Nadie la ayudaba. “Una señora me vio y se tapó los ojos. Gritó ‘¡qué horror, qué horror!’, pero no hizo nada. Yo seguía buscando ayuda”.

Corrió hacia la Calle 80 donde había más flujo vehicular. Todo el tiempo mantuvo su mano en el cuello. Pensaba que iba a perder la cabeza en cualquier instante o que se iba a desangrar.

Un señor que conducía un carro color azul paró y le dijo que se subiera en el puesto del copiloto. Al ver la gravedad de las heridas, el hombre quedó en “shock”, así que Paola Andrea le dijo: “No se preocupe. A usted no le va a pasar nada, por favor lléveme a un hospital”. Se dirigieron hacia la Clínica Partenón.

En el camino Paola Andrea llamó a su mamá y le contó la cruel noticia. “Le digo: mamá, te amo. Estoy herida. Voy para el hospital“. Recordó que la llamada fue corta y la peor que le pudo hacer a su madre.

Cuando llegaron, se bajó del carro y corrió hacia la puerta de urgencias del centro médico. Al verla cubierta de sangre, un enfermero gritó “código de vida, código de vida”.

“La expresión de los rostros de las personas que me ven en ese momento es impresionante. Todavía la tengo muy presente. Era como si estuvieran viendo a una persona muerta”, señaló.

Lo primero que Paola Andrea le dijo al doctor es que su sangre es A negativo, porque es difícil de conseguir, y que en los datos especificara que su agresor era Luis Miguel Rozo.

“Como yo pensaba que me iba a morir, quería que quedara constancia de ese nombre en la historia clínica”, mencionó. Y así fue como quedó registrado: “Llega joven de 26 años con una herida en el rostro y en el cuello. Refiere que su agresor fue su exnovio”.

Paola Andrea llevaba una mochila en el momento del ataque y se aferró a ella hasta llegar al hospital. En esta entrevista explicó que para ella era significativo que los médicos se dieran cuenta que tenía sus pertenencias, para que no pensaran que había sido víctima de un intento de hurto. “A mí no me quería robar. Eso era claro. A mí me querían asesinar”, manifestó.

“No me dejen morir”

La mujer no podía creer que eso le estuviera pasando. Pensaba que iba a despertar de un mal sueño; pero no era así, todo era real.

Para coser una de las heridas, el doctor le dijo que le tenía que rapar parte de la cabeza. Ella, entre lágrimas, respondió: “Haga lo que tenga que hacer, pero no me deje morir”.

Cuando lograron parar el sangrado, Paola Andrea fue trasladada a la Clínica Méderi (centro de la ciudad) con el fin de hacerle otros exámenes.

En ese momento, el caso se volvió mediático y su agresor se enteró que ella seguía con vida, así que decidió ir a buscar información en el hospital.

“Allí mi mamá se encontró con él. Ese fue uno de los momentos más difíciles de su vida. Tener que ver a los ojos a la persona que quiso matarme. Ella actuó con inteligencia. Le dijo que todavía no sabía nada, porque la sugerencia fue mantener todo en reserva mientras se hacía la denuncia”, indicó.

A Paola Andrea se le pusieron los nervios de punta cuando se enteró que Miguel Rozo estaba en la clínica buscando conocer su estado de salud. A pesar del insoportable dolor en el cuello, empezó a gritar que él estaba allí para matarla.

“Yo decía ‘él me viene a rematar’. Todas las personas eran sospechosas. Era delirante. Incluso, si entraba un nuevo paciente yo pensaba que era él disfrazado de enfermo para ir y hacerme daño”.

Pruebas contundentes

Para Paola Andrea ser sincera desde el principio fue fundamental. En su testimonio siempre sostuvo que no le vio la cara a su agresor, pero que sí lo pudo reconocer por su vestimenta y fisionomía. Eso le indicó a los agentes del CTI de la Fiscalía.

El reconocimiento videográfico le dio la razón. En las grabaciones se ve que el hombre se tapa el rostro con un gorro de lana al que le hizo dos huecos en la parte de los ojos y que también que se pone un tapabocas para cubrir lo que queda de su cara.

Al hacer un barrido de cámaras, se muestra cuando esta persona sigue a Paola Andrea y saca el arma de su pantalón. Tras perpetrar el ataque, sale corriendo y en su afán de no ser perseguido se le cae el gorro. Queda solo con el tapabocas y la parte superior de su rostro queda en evidencia.

En las diligencias judiciales se presentaron como pruebas estas imágenes, una serie de llamadas y mensajes de WhatsApp en los que se alertaba el comportamiento extraño de Miguel tras la ruptura amorosa, que había sido ocho días antes.

“Fue por su actitud que yo terminé la relación. Yo le decía a mi familia que no me parecía normal su reacción cuando terminamos. Él no me amenazaba puntualmente, pero sí tenía comportamientos posesivos y me decía cosas como ‘necesito saber de ti’,’necesito un abrazo tuyo’ y ‘no me dejes, por favor'”.

El último mensaje que Paola Andrea recibió por parte de Miguel, decía: “Déjame verte una sola vez más y te lo juro que te dejaré en paz”. Dos días después él la atacó.

También comentó que en el proceso una mujer la contactó y aseguró ser víctima de Rozo, más adelante sirvió como testigo en el juicio.

“Ella no puso una denuncia en su contra y por eso me pidió disculpas. Cree que de haberla hecho se hubiera evitado lo que me pasó. El nivel de pánico que esta mujer siente hacia él es horrible. Al verlo en el juicio ella estaba completamente aterrada”, contó Paola Andrea. 

A pesar de todas las pruebas en su contra, Miguel Rozo se declaró inocente, asegurando que él estaba en su casa el día de los hechos.

El viacrucis

Con base a la declaración de Paola Andrea, Miguel Rozo fue capturado a los seis días del ataque. Por ser considerado un peligro para la sociedad, fue enviado a prisión preventiva. Sin embargo, eso no duró mucho, debido a que en agosto del 2018 quedó en libertad por vencimiento de términos.

Desde ahí comenzó un verdadero calvario para la joven comunicadora, quien temía por su vida y la de su familia. “Yo pensaba que si yo actuaba rápido la justicia lo iba a hacer de la misma forma. No sabía que ella tenía sus tiempos y que estos son muy largos”.

Es por eso que le tocó darle un giro a su vida. Dejarlo todo. “Por culpa de otra persona me obligué a reestructurar mi vida por completo. A dejar de trabajar y hacer lo que más amaba”, señaló.

Luego de dos años de manifestaciones y peleas judiciales, Paola Andrea logró justicia en su caso. La jueza 18 de Conocimiento de Bogotá acogió los argumentos de la Fiscalía, halló culpable a Rozo y ordenó su captura. Sin embargo, esta todavía no se ha hecho efectiva, él sigue libre.

Lección de vida

Cada vez que Paola Andrea habla del ataque que sufrió, lo define como “un accidente”. Cree que como le pasó a ella le puede pasar a cualquier persona. “Nadie está exento de encontrarse con alguien que no tolere el hecho de que estés con vida”, mencionó. 

En diálogo con KienyKe.com aseguró que la vida le puso este reto y que ella lo afrontó con valentía. Dijo que desde ese momento siempre ha estado dispuesta a asumir las dificultades con fuerza, siendo coherente con sus principios: la verdad por encima de todo y la defensa de los derechos de las personas.

Es por eso que, tras el fallo de la juez, luchará para que el delito por el que fue condenado su exnovio se tipifique bajo la perspectiva de género, es decir, tentativa de feminicidio.

“Puede que incluso se le impongan menos años de los 21 que le dieron. A mí lo que me importa es que si en el país estamos hablando de los derechos de las mujeres, estos delitos se nombren como tal. No podemos seguir ahondando en el tema sin nombrar las cosas como son”, indicó.

A sus 29 años, Paola Andrea aseguró que no volverá a tener miedo y que seguirá haciendo lo que le apasiona, junto a sus amigos y familia.

“Seguiré ejerciendo mi carrera, contribuyendo al teatro, a la fundación, haciendo deporte y defendiendo los derechos de las mujeres y de los demás seres humanos. No tendría sentido haber quedado viva del ataque y seguir viviendo como si no lo estuviera”.

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