Dolor en silencio: las mujeres en Corea del Norte

2 de noviembre del 2018

En Corea del Norte, no existe una palabra en especial que exprese el concepto de abuso sexual, para lograr describirlo. Hay que asemejarse a conceptos tales como ‘violencia de contenido sexual’ o ‘situaciones de trasfondo sexual en las que las mujeres se sienten incómodas o avergonzadas’. Sin embargo, esto no significa que los casos sean […]

Corea del Norte

En Corea del Norte, no existe una palabra en especial que exprese el concepto de abuso sexual, para lograr describirlo. Hay que asemejarse a conceptos tales como ‘violencia de contenido sexual’ o ‘situaciones de trasfondo sexual en las que las mujeres se sienten incómodas o avergonzadas’. Sin embargo, esto no significa que los casos sean menos, al contrario.

Un informe realizado por la ONG Human Rights Watch, llamado ‘Lloras en la noche y no sabes por qué: violencia sexual’, está basado en 54 entrevistas a norcoreanos que huyeron del país después de 2011. Este se enfoca en el abuso sexual por parte de hombres en posiciones de poder. Se incluyen oficiales de alto rango, guardias e interrogadores de las cárceles, fiscales, soldados, entre otros. En el momento de los abusos, las víctimas, en su mayoría, estaban bajo la custodia de las autoridades o eran comerciantes que estaban con funcionarios mientras viajaban para ganarse la vida.

“Aunque la violencia sexual y de género es una preocupación global, cada vez más indicios sugieren que es endémica en Corea del Norte”, dice el informe que fue publicado el 1 de noviembre del presente año.

El estudio señaló que prácticamente toda mujer norcoreana está expuesta a sufrir abusos sexuales, durante gran parte de su vida y tanto en privado como en público. Todo esto en un contexto que garantiza una impunidad casi total para los hombres que las agreden.

Los entrevistados dijeron que cuando un hombre de un rango mayor (en cuanto a su oficio) “escoge” a una mujer, ella no tiene más solución que cumplir con las demandas que él exija, entre ellas, sexo, dinero o demás. Las mujeres que están bajo su custodia, tienen prácticamente nulas opciones para negarse o quejarse después de lo sucedido puesto que corren el riesgo de sufrir violencia sexual sistemática, periodos de detención más prolongados, golpes, trabajos forzados o un mayor escrutinio al realizar las actividades de mercado.

Por ejemplo, Park Young Hee, exagricultora, le comentó a Human Rigths Watch que, luego de ser obligada a regresar a Corea del Norte desde China en la primavera de 2010, el oficial a cargo de interrogarla tocó su cuerpo y la penetró varias veces con sus dedos. “Mi vida estaba en sus manos, así que hice todo lo que quería y le conté todo lo que pidió. ¿Cómo podría hacer otra cosa? Todo lo que hacemos en Corea del Norte puede considerarse ilegal, por lo que todo depende de la percepción o actitud de quién esté investigando tu vida”, agregó.

Todas las mujeres destacan que resulta inútil denunciar un abuso o violación, cuando la mayoría son cometidos por oficiales. Además de narrar todos los episodios de agresión, lo sorprendente es que muchas mujeres se muestran sorprendidas al saber que alguien sí podría estar interesado en los actos tediosos por los que tienen que pasar día a día.

Para otra de las víctimas, Oh Jung Hee, la violencia de género ya es algo preocupante en todas partes, y cada vez se registran más pruebas que sugieren que es habitual en Corea del Norte: “Sucede tan a menudo que nadie piensa que esto sea un problema. Los hombres que agreden sexualmente a las mujeres no creen que esté mal y nosotras tampoco lo pensamos (…) Pero somos humanas y lo sufrimos”.

Cifras

El informe también destaca cómo la discriminación hacia las mujeres comienza desde que son muy pequeñas puesto que “aprenden que no son iguales que los niños y por lo tanto, no deben oponerse a ser maltratadas”.

Para reflejar esta normalización de violencia, una de las tantas entrevistadas comentó que un día la policía que llegó a su casa por los gritos que hacía mientras su esposo la golpeaba, por lo que la única solución, por parte de la institución, fue decirle al hombre que no “le pegara tan fuerte” y a ella que se “portara bien, que aguantara el castigo y que no lo hiciera enojar tanto”.

El Instituto de Corea para la Unificación Nacional (KINU), realizó una encuesta con 1.125 norcoreanos. Como resultado se arrojó que 37.7 % dijo que el acoso sexual y la violación de los reclusos en los centros de detención era “común” y el 15.9 % lo calificaba como “muy común”; 33 mujeres anunciaron ser violadas en los centros de prisión, 51 presenciaron tales actos en las instituciones y 25 dijeron haber escuchado de estos delitos.

Los victimarios fueron identificados como agentes de policía (45.6 %), guardias (17.7 %), policía secreta (13.9 %) y demás detenidos (1.3 %). El 48.6 % de los encuestados dijo que tanto la violación y el acoso sexual contra las mujeres en Corea del Norte era “común”.

¿Falta mano dura?

Solo una de las entrevistadas informó que sí había intentado denunciar el delito sexual en su contra. Las demás afectadas dijeron que no lo cuentan porque no confían en la policía y no creen que ellos estén dispuestos a tomar medidas.

Agregaron que las autoridades no consideran en dicho país la violencia sexual como un delito grave y que es casi inimaginable considerar siquiera acudir a estas para denunciar tales acciones, debido a las repercusiones que eso trae. Los familiares o amigos cercanos que conocían el caso también recomendaban no acudir a las instituciones para denunciar.

Todos los norcoreanos que hablaron con Human Rights Watch dijeron que el Gobierno no ofrece ningún tipo de apoyo psicológico a las víctimas de estos delitos y sus familias. Además, comentaron que el uso de estos servicios es estigmatizado.

Por su parte, la concejal Park Kwang Ho del Tribunal Central de Corea del Norte, declaró que si una mujer en posición menor se veía obligada a tener relaciones sexuales por temor a perder su trabajo o a cambio de un tratamiento de preferencia, fue su decisión, por lo que en ese caso el castigo para el victimario debería ser más ligero.

Agregó que si ella no aceptaba tener relaciones sexuales, el autor cometía una violación y sería castigado de una manera más contundente.

Por otro lado, el director ejecutivo de Human Rights Watch, Kenneth Roth argumentó que, “la violencia sexual en Corea del Norte es un secreto a voces, no abordado y ampliamente tolerado (…) la mujer norcoreana probablemente diría #MeToo si pensara que hay forma de obtener justicia, pero sus voces son silenciadas por la dictadura de Kim Jong-un”.

Adicionalmente, agregó que estas mujeres no deberían correr el riesgo de ser violadas por funcionarios o trabajadores del Estado cuando se ven en riesgo de vulnerabilidad por ganar dinero y alimentar a sus familias. “Kim Jong-un y su gobierno deben reconocer el problema y tomar medidas urgentes para proteger a las mujeres y garantizar la justicia para las sobrevivientes de violencia sexual”.

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