El abogado de los ‘paras’ fue policía ‘cazanarcos’

El abogado de los ‘paras’ fue policía ‘cazanarcos’

5 de julio del 2015

En la cárcel de Itagüí, sentado en la cabecera de una mesa y frente a los más poderosos jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entre ellos Salvatore Mancuso, ‘Pablo Sevillano’, ‘Cuco’ Vanoy, ‘El Tuso’ Sierra, ‘Jorge 40’, ‘Don Berna’ y Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, el abogado norteamericano Richard Díaz le predijo a los desmovilizados el futuro que les esperaba: la extradición. También le dio una solución viable para no pagar más de 20 años tras las rejas en Estados Unidos por delitos relacionados con narcotráfico y lavado de activos: entrega y colaboración con el gobierno norteamericano.

Dos años después, el 14 de mayo de 2008 a las 6:45 de la mañana, las palabras del abogado Richard Díaz, en ese momento defensor de Mancuso y ‘Macaco’, se hicieron realidad. A esa hora, en el aeropuerto militar de Catam de Bogotá, catorce exparamiliatares fueron entregados por el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe a agentes de la DEA. Lea también: Los caprichos de la hija de Pablo Escobar.

La semana pasada Salvatore Mancuso fue sentenciado a 15 años de prisión. Según el abogado Richard Díaz, a quien conocidos, amigos y clientes cercanos llaman Rick, Mancuso, quien ya no es su cliente, no debe estar muy contento con la decisión de la juez Ellen S. Huvelle, de la Corte en el Distrito de Columbia en EE.UU.

El exparamilitar, según el abogado de 54 años, al parecer esperaba que le dieran de tres a cinco años. Al menos esa era la condena que le había prometido su nueva defensa, por la que cambió los servicios de Rick. Lea también: Por orden de Escobar, ‘Popeye’ tuvo que matar al amor de su vida.

“Aunque no creo que el señor Mancuso esté satisfecho con la decisión, a él le fue muy bien en comparación a otros jefes paramilitares: a ‘Don Berna’ no le fue bien, le dieron 33 años; a ‘Cuco Vanoy’, condenado a 22, tampoco le fue muy bien y a Carlos Mario (‘Macaco’), condenado a 33, tampoco le fue bien”, asegura.

Rick confiesa que él hubiese logrado para Salvatore Mancuso una condena similar a la obtenida. La única diferencia es que no creó en el exparamilitar las falsas esperanzas de salir diez años antes. “Yo le dije la verdad, que su caso se podría arreglar entre 15 y 20 años”. El narco que complica a Freddy Rincón: de humilde pescador a gran capo.

Richard Díaz, de padre cubano y madre estadounidense, nació en Miami, Estados Unidos, en 1960. Habla perfecto español porque de niño se estableció con su familia en Madrid, España, donde permaneció hasta los 16 años, cuando regresó a su país natal. A los 18 se incorporó a la academia de policía y dos años más tarde fue oficial de Miami.

No ingresó a la policía por vocación absoluta sino para encontrar un trampolín para sus metas. Sabía que vinculado a la policía podía obtener beneficios, entre ellos profesionalizarse gratuitamente. Se graduó de abogado en 1988. Lea también: ‘Popeye’: perfil de un sicario.

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Fueron nueve años como policía, en los que trabajó gran parte como agente antidroga. Se volvió un experto ‘cazanarcos’. Se infiltraba como capo en las élites norteamericanas para investigar y así atrapó a varios de ellos.

Su primer cliente

Rick empezó a ejercer la abogacía en un pequeño bufete. Con un año de ejercicio recibió la llamada de Daniel Narváez, un narcotraficante colombiano de Cali. Aunque el abogado le dijo que no tenía mucha experiencia, Narváez le ofreció como honorarios el salario anual que se ganaba Rick en el bufete de abogados más el salario anual que se ganaba como policía. Narvaéz sabía que un policía antidroga era la ficha que sabría cómo sacarlo del problema. Rick tomó la oportunidad, pero puso condiciones.

Narváez salió bien librado. Aunque Rick confiesa que fue más por suerte que por su habilidad como jurista, su nombre empezó a sonar en el ámbito judicial y penal. Daniel Narváez, asesinado años después, entre sus colegas le hizo publicidad al joven abogado y así y por otras vías el escritorio de Richard Díaz, quien con el dinero adquirido montó su propio bufete, empezó a llenarse de casos relacionados con drogas.

Otros de los casos que lo catapultaron en los medios de comunicación fueron la defensa que le hizo a Raúl Martínez, alcalde de Hialeah (Miami), investigado por corrupción, y la batalla que libró contra la fiscalía norteamericana como abogado defensor de Willy Falcon, uno de los narcotraficantes más poderosos que Estados Unidos tuvo en la época de los años 90. Willy Falcon y Salvador Magluta eran socios y distribuidores directos de Pablo Escobar, el más grande capo colombiano.

Rick se llenó de fama y dinero. Sus honorarios podían superar con facilidad el millón de dólares por cada caso. Los narcotraficantes y bandidos de cuello blanco que había defendido hasta ese momento pagaban muy bien.

Pero esa fue la época dorada de los casos de narcos colombianos, asegura Rick. Él estuvo en un buen momento, en el que había mucho cliente y poco abogado capacitado para defender en cortes gringas. En Colombia hubo una avalancha de juristas estadounidenses buscando esos casos y dañaron la oferta. Mientras que Rick cobraba un millón de dólares, jóvenes sin experiencia ofrecían sus servicios por US$300 mil.

En 2003, invitado por el abogado del narcotraficante colombiano Fabio Ochoa, Rick pisó por primera vez suelo colombiano. Se reunió en la cárcel La Picota de Bogotá con Ochoa, Luis Fernando Rebellón y Alejandro Bernal, alias ‘Juvenal’, todos narcotraficantes. Rick, quien vio futuro económico y profesional en la defensa de narcos, no llegó desarmado. Traía consigo una carta firmada por la fiscalía estadounidense en la que les ofrecían entre 10 y 14 años, cuando la condena que les esperaba era de 30 a cadena perpetua, tal como le ocurrió a Carlos Leheder.

Los narcotraficantes no aceptaron la carta y tampoco contrataron los servicios de Rick. Meses después fueron condenados. Fabio Ochoa fue condenado a 30 años y los otros dos también a altas condenas, que aún están purgando. “Si me hubieran contratado ya estarían afuera”, dice Rick.

Richard Díaz es un abogado que ama los estrados. Le gusta ir a juicio. Dice que no teme a los jurados. Se define como un abogado arriesgado y apasionado. Aunque ha perdido varios casos tiene, según él, un buen record que lo deja como un muy buen abogado.

Sabe que su cuerpo no es blindado y que defender a este tipo de personas vinculadas a las drogas, al terrorismo y al crimen no solo no es fácil, sino peligroso. “No vivo con miedos. Mi familia sí estuvo así por mucho tiempo. Pienso que lo que ha de pasar pasa. Varios de mis defendidos me brindaron seguridad; a otros no les importaba mucho, me pagaban los honorarios y la seguridad era por mi parte.

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“Estuve en montañas, fincas, cárceles con algunos de los hombres más buscados por la justicia, nunca me pasó nada y todos me trataron muy bien. Nos movíamos con mucha seguridad, nunca me taparon el rostro, ni me amenazaron, lo único que hacían, en varias partes, era cambiar de carro constantemente y cuando el lugar era muy privado me quitaban el celular y lo desactivaban. Pero tenían que dejarme usar un teléfono satelital de mi propiedad y comunicarme una vez al día con contactos míos de la DEA que sabían en qué y dónde andaba yo”.

Es casado y tiene dos hijos que están pasando de la adolescencia a la madurez. Desde hace cinco años, desde que dejó de ser la defensa de Mancuso, se ha alejado de casos vinculados con las drogas y el terrorismo. Quiere vivir un poco más tranquilo y encontró en casos civiles, ahora como demandante, una nueva pasión.

En 2003 un abogado colombiano llamó a Rick y le ofreció el caso de un narcotraficante muy importante, del que no quiso dar su nombre. El narco, que estaba siendo objetivo militar por parte de las AUC, quiso colaborar con Estados Unidos y con la ayuda de Rick duró cuatro años escondido en México, desde donde delató a muchos y entregó bienes. Díaz logró uno de sus mejores acuerdos y a ese temido narcotraficante, quien le pagó muy, pero muy bien, le dieron menos de un año de prisión.

Gracias a esta defensa el nombre de Rick empezó a circular con fuerza dentro de los paramilitares que querían asesinar a su cliente. Salvatore Mancuso se interesó por Rick y contrató sus servicios.

Además, asesoró en Colombia a muchos criminales, quienes le costeaban gastos por sólo responder algunas inquietudes, entre ellos al extinto Víctor Manuel Mejía Múnera alias ‘Pablo Sebastián’, más conocido, junto a su hermano, como ‘Los Mellizos’, quien lo hacía subir a sus cambuches en montañas colombianas para recibir asesorías legales.

Después, los abogados colombianos de Mancuso le informaron a Rick que los demás jefes paramilitares que se habían desmovilizado dentro del proceso de Justicia y Paz querían conocerlo.

Aunque la desconfianza se apoderó en su momento del abogado, ya que aquel cliente suyo que sólo pasó un año en prisión había hablado de todos ellos dentro de la negociación y acuerdo con Estados Unidos, Mancuso le dio la absoluta seguridad de que no le pasaría nada y accedió a visitarlos en la cárcel de Itagüí.

En esa reunión Rick les habló con firmeza y como estadounidense les dijo, “si ustedes creen que no los van a extraditar están muy equivocados. Señores, desde que el presidente Reagan declaró la guerra contra las drogas se está peleando esa guerra y esa guerra, cueste lo que cueste, la vamos a ganar. Los inocentes que caigan son un daño colateral que a mi gobierno no le importa. Señores ustedes son el enemigo”.

Y remató diciendo: “Estén seguros que Estados Unidos no va a permitir que el gobierno de Uribe los vaya a blindar contra la extradición por esta ‘ridícula’ Ley de Justicia y Paz. Se los garantizo. Más tarde que temprano ustedes se van para allá”.

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Para Rick Justicia y Paz es una ley ridícula, hecha por Colombia y apoyada por Estados Unidos, como una trampa para quienes tuvieran solicitud en norteamérica.

Los paramilitares, aunque decidieron en ese momento trabajar en equipo, en la práctica no lo hicieron bien. Cada uno jaló para su lado. Hubo celos, desconfianzas, inseguridad y las cosas no salieron bien, dijo Rick.

Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, también contrató los servicios de Rick y las cosas, según él, iban bien hasta que una joven abogada, que hacía parte del equipo de la defensa, empezó a tener contradicciones con Díaz. Rick, uno de los abogados principales, se retiró del grupo, no se tomaron sus recomendaciones. Rick aseguraba menos de 20 años de condena, pero al final a ‘Macaco’ le dieron 33.

¿Cómo son ‘Macaco’ y Mancuso?

Rick cuenta: “Sé de tres o cuatro colegas que han sido asesinados por no cumplir lo prometido, por mentirle al cliente o pasarse de vivos. Si las cosas no salen bien muchos de ellos le echan la culpa a una mala defensa y toman represalias contra sus abogados”.

Fue también la defensa del general (r) Mauricio Santoyo, jefe de seguridad del expresidente Álvaro Uribe y quien tuvo que responder ante Estados Unidos por el cargo de narcotráfico, delito que cometió mientras ejercía como militar en complicidad de la ‘Oficina de Envigado’ y las AUC. Santoyo fue condenado a 13 años de prisión.

Defendió al colombiano Iván López Vanegas, acusado de narcotráfico, quien en juicio fue condenado a 24 años y absuelto de los cargos en la apelación. También defendió al jefe de sicarios del cartel del Norte del Valle, Óscar Varela García, alias ‘Capachivo’, fue condenado a 23 años de prisión cuando la fiscalía de Estados Unidos quería darle 50.

Richard utiliza técnicas aprendidas en la policía para entrenar a sus clientes. “No los entrevisto, los interrogo, y si no les creo es porque me están mintiendo. Esa es la mentira que la fiscalía y el jurado tampoco van a creer y así se pierden los casos”.

A Richard Díaz le hubiese gustado seguir defendiendo a ‘Macaco’, a quien se nota le tomó aprecio, Rick lo considera una persona, dentro de los delitos que pudo llegar a cometer, interesante, humana y sobre todo muy generosa.

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“Él (Macaco) me llamaba el día de mi cumpleaños, en navidad siempre tenía una atención. Como supo que me gustaban los caballos me organizó en su finca un paseo en un caballo de paso fino. Él tiene la inteligencia que se requiere para vivir en la calle. Se preocupaba mucho por mi seguridad… Me duele mucho ver a Carlos Mario en la situación en la que está”.

Salvatore Mancuso, que estudió ingles en Pittsburgh, Estados Unidos, por el contrario, según Richard, es más culto, más intelectual, pero es un hombre frío, calculador, analítico, y demasiado inteligente, “tiene la capacidad de pensar en varios niveles a la vez y eso es extraño encontrar en una persona”.

La relación Richard-Mancuso era estrictamente cliente-abogoado, en cambio con Macaco era diferente, “con él nos sentábamos a charlar de muchas cosas. De todos los narcos y clientes de ese tipo. Carlos Mario fue, de lejos, el número uno en generosidad.”

La suerte de las Farc

Los paramilitares llegaron a Estados Unidos tras un proceso de desmovilización con el gobierno colombiano. Desde un punto de vista, algo similar al proceso de paz que avanza en Cuba entre le guerrilla de las Farc y el gobierno de Colombia.

Rick cree que si las Farc no se cuidan y no hacen un buen trato con el gobierno colombiano “van a terminar igualito que la mayoría de estos jefes paramilitares, mordiendo un arreglo del que después se van a arrepentir”.

“Ojalá tomen nota de lo que está pasando con estos señores (paramilitares). Las Farc tienen que aprender de los errores de estos señores, para no caer en lo mismo”