El perfil psicológico de los enemigos de EE.UU, según la CIA

16 de febrero del 2015

Esto encontró la inteligencia gringa sobre Hitler, Gadafi o Aristide.

Perfiles de dictadores

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha tenido mucho interés en conocer lo que pasa por la mente de los principales enemigos de los Estados Unidos.

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Para ello, equipos de expertos en psicología y psiquiatría son constantemente convocados para analizar y entender las actuaciones de algunos líderes estratégicos del mundo, basados en informes de inteligencia y otras pruebas que a veces son cuestionadas.

Hitler en Alemania, Husein en Irak, Ho Chi Ming en Vietnam, y varias otras personalidades calificados como dictadores por Washington, tuvieron su historial médico mental en poder de la inteligencia norteamericana. Esa información era usada para estrategias de negociaciones y guerras.

Hitler 

Adolf Hitler: “masoquista y con homosexualidad reprimida”

Los estudios psicológicos sobre Hitler, solicitados por la CIA, incluyen un informe muy completo de la Universidad de Harvard publicado en 1943, que cuenta con 250 páginas en las que se trata de esbozar lo que pasaba en la mente del entonces canciller alemán.

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“Narcisista”, “neurótico suicida”, “inseguro”, “masoquista” “homosexual reprimido”, “intolerante y rencoroso”, y “paranoico”, son algunos de los calificativos sobre el dictador hechos por el psicólogo estadounidense Henry Murray.

De acuerdo a su estudio, el führer era un tipo “contradictorio, marcado por sus intentos por superar las debilidades o humillaciones, y a veces también por su esfuerzo para vengarse de cualquier insulto a su orgullo”.

Añade el experto que Hitler no aceptaba bromas y se mostraba siempre perseverante ante cualquier amenaza de derrota, alentado por su exagerada confianza en sí mismo. Además reveló que en su aspecto sexual era un sujeto “masoquista que se caracterizaba por su homosexualidad reprimida”. Esto, dijo en su momento Murray, explicaría el desprecio por esta comunidad.

Sadam Husein

Sadam Husein: “El interés por sí mismo”

Desde antes de ser derrocado por la invasión propiciada por Estados Unidos, se difundieron varios perfiles sobre el entonces dictador iraquí Sadam Husein. Reconocía la central de inteligencia que tenía rasgos de “megalómano”, pero sobre todo había en él una “fuerte orientación paranoica”.

Esa condición se exacerbó desde cuando se planteó un ataque aliado sobre su país, bajo la llamada “guerra contra el terror” impulsada por George W. Bush.

“Sadam no tiene ningún deseo de ser un mártir, y la supervivencia es su prioridad número uno. Es un pragmático autoproclamado revolucionario, no desea un conflicto en el que Irak sea dañado gravemente”, insistían.

El Mossad (agencia de inteligencia de Israel) y la CIA recibían informes que calificaban a Husein de “maniaco-depresivo” y que se “excita” con suma facilidad, lo que lo llevaba a actuar de forma incoherente.

Muhammad Anwar el-Sadat y Menájem Beguín: extremadamente confiados pero dispuestos al diálogo

Estados Unidos siempre tuvo interés en seguir las actuaciones de los líderes de su principal aliado en Medio Oriente: Israel.

Le hicieron seguimiento especial al perfil psicológico de Menájem Beguín (primer Ministro de Israel 1977-1983). El punto álgido para el Departamento de Estado fue la forma como negociaría los acuerdos de paz de Camp David con el presidente egipcio Muhammad Anwar el-Sadat.

“Beguín es un hombre dispuesto al diálogo, pero es exigente en sus intereses, precisiones y legalismos. Es de quienes creen que en su poder están las más grandes decisiones, porque está convencido que solo los temas complejos de política internacional pueden ser solucionados por un alto perfil como el suyo”.

Sobre el-Sadat, la CIA también analizó su confianza extrema en sí mismo y su capacidad de carisma ante el mundo árabe, que fue determinante en conseguir dichos acuerdos.

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Nikita Jrushchov

Nikita Khrushchev: “un campesino crudo e impredecible”

El exdirigente de la Unión Soviética durante algunos años de la Guerra Fría despertaba interés en el entonces presidente, John F. Kennedy, quien consideraba indispensable conocer sus descripciones psicológicas para saber cómo debían negociar con él.

“Es un campesino crudo, que suele ser impredecible y de doble cara”, dice un informe elaborado por un panel especial de psicólogos y psiquiatras de la CIA,  sobre el retrato de Khrushchev.

“Se creía que Khrushchev podía tolerar el desacuerdo, pero no había cómo convencerlo de algo. Era terco”, decía uno de los apartes del documento firmado por Jerrold M. Post.

Muamar el Gadafi

Muamar Gadafi: El perfecto perfil de un diactador

Desde los 80, la CIA se interesó en conocer el perfil psicológico del dictador de Libia, Muamar Gadafi. Hubo varios estudios que sugirieron que el líder no era psicótico ni estaba loco, y en cambio era muy consciente de la realidad de su país y del mundo.

En cambio, “sufría una severa perturbación personal”, y bajo una situación de estrés o presión severa “se enfrenta a comportamientos extraños y con juicio defectuoso”.

Lo que estaba claro para la Casa Blanca era que Gadafi se enfrentaba a estados de “paranoia” que lo llevaba a temer que todo lo que pasaba fuera de su control era un complot motivado por odio en su contra.

Ho Chi Minh

Ho Chi Ming: “un represor”

El líder vietnamita es considerado dictador por Washington, aunque en gran parte de Asia no le otorgan esa distinción. La CIA tenía interés en conocer algún punto débil de su enemigo “marxista”, y un informe desclasificado insiste que los expertos subestimaron su “nacionalismo ardiente” y en cambio se fijaron en sus supuestas motivaciones políticas “enceguecidas” a favor del Kremlin.

Ho Chi Minh dirigió a Vietnam del Norte entre 1946 y 1969. Durante su mandato, insiste la CIA, se registraron múltiples violaciones de derechos humanos, censura y represiones, lo que lo ubica dentro del perfil del tirano, aunque reservado para evitar ser afectado en su imagen popular.

Jean Bertrand Aristide

Jean-Bertrand Aristide: el perfil que la CIA no pudo sustentar

Sobre el exmandatario de Haití, la CIA dijo que sufría de “depresión maniaca”, y sugirieron que buscó apoyo de expertos de instituciones canadienses para ese tratamiento. Sin embargo esas afirmaciones no han demostrado sustento y fueron, en varias oportunidades, calificadas de “convenientes” para los Estados Unidos, en su intención de mantener el control sobre la región.

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