El ‘robo del siglo’ condenó por siempre a un inocente

El ‘robo del siglo’ condenó por siempre a un inocente

3 de diciembre del 2013

El lunes 17 de octubre de 1994, el entonces gerente de la sucursal del Banco de la República de Valledupar (Cesar), Marco Emilio Zabala Jaimes, descansaba en su casa ese último día de puente festivo cuando, comenzando la tarde, conocióla noticia que cambiaría por siempre su vida: “¡robaron el Banco!”. Una información que se le antojaba imposible porque que el sistema de seguridad de la entidad era de última tecnología e incluso se monitoreaba desde Bogotá.

Sin embargo, lo que iría conociendo y viviendo poco a poco no solo desmontaría ese criterio de seguridad sino tambiénle haríapedazos la vida: perdió el empleo, su patrimonio, su prestigio y, para colmo de males, terminó preso “como el peor delincuente”, como afirma su propia madre, Cecilia Jaimes.

El robo fue de 24.072 millones de pesos (28.8 millones de dólares de la época). Una docena de delincuentes, integrantes de una organizada banda, entraron abordo de un camión Dodge 300, color verde, perforaron con todas las herramientas y equipos que llevaron una puerta blindada durante las 18 horas que estuvieron dentro y se hicieron con el millonario botín mientras afuera uno de los autores intelectuales del robo coordinó la acción, apoyado en algunos policías corruptos y vigilantes inescrupulosos que facilitaron la entrada y la salida de los delincuentes, tal y como determinó la posterior investigación judicial.

Gerente-banco-Valledupar

Zabala tuvo que pasar 897 días privado de su libertad hasta que un fallodeterminó: “Resolvemos: Absolver a Marco Emilio Zabala Jaimes (…) por haberse comprobado su completa inocencia en los hechos de que lo(s) acusó la Fiscalía General de La Nación (…) según los cuales fue(ron) coautor(es) del delito de Hurto Calificado Agravado realizado en perjuicio del Banco de La República, ocurridos en esta ciudad del 16 al 17 de octubre de 1994”. (“Juzgado Cuarto Penal del Circuito. Valledupar. 20 de Marzo de 1998”).

Una decisiónque lo alegró pero no detuvo las consecuencias nefastas de la sindicación y que aún hoy, más de 19 años después de sucedido el atraco, lo tienenimplorando justicia por los daños y perjuicios causados.

La víctima del megarobo

Desde noviembre de 1993 Zabala Jaimes era el Gerente de la sucursal del Banco de La República de Valledupar. De extracción humilde, criado en el barrio Muzú de Bogotá,se graduó como Contador Público en la Universidad La Gran Colombia, consiguió trabajo en la entidad oficial e hizo un posgrado en administración de empresas,apoyado por la misma institución, debido a su buen desempeño como empleado. Su último cargo antes de ser nombrado Gerente de la sucursal de Valledupar fue el de Subdirector del Departamento Fiduciario y Valores.

La investigación judicial indica que el robo se dirigió desde el Hotel Sicarare –frente a la sede bancaria–, lugar en el que uno de los partícipes intelectuales, el hoy asesinado Jaime Bonilla Esquivel,pernoctaba y coordinaba la acción. Las labores de inteligencia de los delincuentes se hicieron, más o menos, con un año de antelación y en ellas participaron personas de la costa y el interior del país.

Coordinación que, por un lado, hacía con los ladrones que se desplazaron en un camión mediano; por otro lado, comunicándose con integrantes de la policía que, por su rango, distrajeron la atención del uniformado que prestaba sus servicios a esa hora de la mañana del domingo 16 de octubre de 1994, pasadas las 6:00 a.m, cuando los asaltantes accedieron por el garaje, que da a la calle 16 hasta, alas entrañas mismas del banco, donde permanecieron hasta las 4 de la mañana del día siguiente.

Un hecho curioso fue que el camión se apagó antes de entrar al edificio. Como los delincuentes se hallaban en la parte trasera del carro y ocultos bajo la carpa, el conductor pidió ayuda a varios transeúntes para que empujaran. El camión prendió y alcanzó a entrar a los sótanos por la puerta del garaje antes de que bajaran la rampa.

Camion-robo-Valledupar

Según las informaciones, Bonilla Esquivelestuvo en contacto con el vigilante Winston Tarifa, quien manejaba en el interior los sistemas de seguridad del banco. Fue él quien abrió la puerta para que los ladrones entraran. “Sin Tarifa nada se hubiera hecho”, dijo una fuente.

Realizado el hurto y evadidos los ladrones, estalló el bombazo informativo. Entre tanto, Zabala salió rumbo a la sede de la entidad ubicadaen pleno centro de esa ciudad,calle 16 con carrera 9 esquina, en la que se apersonó de la situación. “Uno de los vigilantes que no estaba comprometido con lo que acontecía se soltó, fue a la entrada, dio la alerta e informó de lo que había sucedido”.

Ungrupo de la Policía –compuesto por personal antiexplosivos– e integrantes de la Fiscalía General de la Nación, rompiendo un vidrio de la puerta principal, entró. Zabala, como representante del banco, acompañaba al grupo que hacía el ingreso y avanzaba lentamente. Primero revisaronla parte administrativa, que estaba en los pisos superiores. Todo se conservaba en orden. Luego descendieron hasta los pisos bajos, lo que incluía los sótanosdonde se hallaban las bóvedas.

“Antes de bajar llegamos a la sala de control, allíse manejaban los circuitos cerrados de televisión y las alarmas y toda la seguridad del banco, encontramos alvigilante Winston Tarifa con unos supuestos explosivos adheridos a su cuerpoy esposado a la baranda de la escalera, se comprobó que eran falsos y después que él era cómplice de la banda”.

“Conforme descendíamos un fuerte olor a quemadoenrarecía el ambiente, llamamos el ascensor y cuando se abrió estaba todo empantanado y lleno de hollín, bajamos y el panorama no podía ser más desolador: agua por todos lados, herramientas, tanques de oxigeno y de acetileno; habían roto un tubo de un baño junto a la bóveda en el que conectaron una manguera para refrigerar mientras perforaban con soplete la puerta blindada”, dijo el ex Gerente.“Lo más impactante fue ver perforada la puerta auxiliar…por allí se metieron y entraron adonde estaba la bóveda principal del dinero”.

Hecho el peritaje, se determinó la cuantía de lo robado y se estableció que los ladrones dejaron 5 mil millones de pesos, entre otras razones, por no tener más capacidad en el camión.Después de realizar el hurto, se dirigieronal patio de una colchonería llamada Colchoflex, localizado a tan solo cinco calles del la entidad bancaria.

Allí los esperaban otros delincuentes. Las versiones indican que unos comieron, se bañaron, se cambiaron de ropa y, sin pérdida de tiempo, salieron del lugar dispersándose. Uno se quedaron en Valledupar, otros se fueron para evadir la persecución.

Las investigación señala que allí se hizo el trasbordo del dinero en dos camiones, el cual se cargóentre cajas de cerveza dejando en la mitad un espacio, a manera de anillo, suficiente para ocultar las pacas de dinero que, embaladas en plástico como las remite el banco, fueron sacadas de la ciudad y posteriormente llevadas tanto a Bogotá como a otras ciudades del país para su distribución.

Según una de las fuentes, se ingeniaron diversas maneras para hacer circular el efectivo robado, además de usarlo directamente, y una de ellasfue vendiendo los billetes de 10 mil pesos en 7 mil; los de 5 mil en 3 mil; y los de 2 mil, a la mitad de su precio. La acción se volvió un dolor de cabeza no solo para los delincuentes sino también –y sobre todo–para los entes de control colombianos.

Fue así como la presencia de este dinero planteó medidas urgentes para apaciguar, entre otros,los efectos que tendría sobre la economía la entrada ilegal en circulación de semejante cantidad de billetes. Una de las primeras fue la identificación por los seriales y su respectiva retención. Al final, se tiene un estimado de que se incautó apenas un 10 por ciento de lo robado. Aunque a los portadores se les reconoció el dinero “como tenedores de buena fe”, indican las fuentes. Versiones conocidas señalan que el monto de lo robado fue pagado por las aseguradoras.

Pero la vida de Marco Zabala Jaimes recorría derroteros insospechados por él…

Jaime-Bonilla-robo-Valledupar

Un mes después de sucedidos los hechos, el banco le envió una carta cuya referencia decía: “Cancelación del contrato de trabajo” e indicaba que “las directivas han decidido terminar unilateralmente su contrato de trabajo” y ‘amablemente’ agregaba que “le solicitamos presentarse a recibir el valor correspondiente a la liquidación de sus prestaciones sociales definitivas y a reclamar la orden de examen médico de retiro” y lo conminaba a “hacer entrega de su carné en el Banco de la República”.

Doce años después una demanda laboral que instauró Zabala prosperó pero, para su pesar, solo se le reconoció el derecho a media pensión. La misma de la que hoy vive…o sobrevive…

Hasta el ladrón lo absuelve

“El suscrito, Marco Emilio Zabala Jaimes, exgerente del Banco de la República de Valledupar, me encuentroen este centro carcelario (La Modelo), vinculado al proceso por el robo a esa entidad bancaria, hechos de los que soy absolutamente inocente (…) Como he sido llamado a juicio, por lo que usted más quiera le ruego ajustarse estrictamente a la VERDAD de lo sucedido (en la indagatoria)”.

“…Mi situación es angustiante no soy más que una de las víctimas de las circunstancias; he sido arruinado en mi patrimonio moral, laboral y económico; además del daño irreparable causado a mi familia, acabaron con mi carrera profesional de más de 15 años y he sido expuesto a la deshonra y al escarnio público por algo que no cometí, ¡solo espero que termine esta infamia que han cometido conmigo!”

La cartamanuscrita la fechó Zabala Jaimes el 2 de junio de 1996 y fue llevada desde su celdahasta el Pabellón de Alta Seguridad de la Penitenciaría La Modelo, de Bogotá, lugar en el que recluían al citado autor intelectual: Jaime Bonilla Esquivel.

Como se estableció judicialmente, la docena de hombres que se llevaron los 3.8 toneladas de papel-billete recibieron, entre otros, órdenes de Bonilla Esquivel. Se estima que otros tantos participaron en el ilícito en un número no determinado con exactitud.

Por ese robo, Marco Zabalacayó en desgracia. De ser un empleado ejemplar pasó a ser un reo llevado a prisión donde purgó, una parte, en la cárcel y otra bajo arresto domiciliario que sumaron en total casi cuatro años de detención que lo arruinaron.

Un año después de cometido el hurto, un fiscal mandó a la cárcel a Zabala por supuestos indicios que obraban en su contra. Al final, la acusación se cayó por su propio peso y fue declarado inocente de toda culpa penal por el Juzgado 4 de Valledupar; exonerado de cualquier responsabilidad administrativa por la Procuraduría General de La Nación y limpio de toda culpa de acuerdo con La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian)y la Superintendencia Bancaria. No hallaron responsabilidad en sus actos ni incremento injustificado en su patrimonio.

El hoy pensionado funcionario aún sufre las consecuencias debido, entre otras cosas, a la debacle económica que lo llevó a tener pasivos de más de 300 millones de pesos, cifra de la que aún hoy debe una parte.

Conocida su sentencia absolutoria, entabló demanda por daños y perjuicios. Corría los últimos años de la década de los noventa.

Como un Tribunal de Descongestión Judicial de San Gil (Santander), adonde fue a parar su caso, le argumentó en 2.005 –palabras más, palabras menos–“que por pertenecer a una sociedad y haberme visto incurso en un proceso judicial a la Nación no le asistía responsabilidad… me tocó apelar ese fallo de primera instancia”, dijo a Kienyke.com el ex Gerente.

Por tal motivo,en 2006 Interpuso un recurso de apelación ante la Corte Suprema de Justicia. Desde que se cometió el robo han pasado 19 años. En la Corte le dan, entre otras versiones, que actualmente se revisan procesos del año 2000 y 2001 y que su caso está sometido a un turno.“No sé hasta cuando siga esto”, afirma.

–¿Qué pide usted?

–Uno como ciudadano de a pie, quien ha sufrido todo estos atropellos solo pide celeridad y fallos en derecho, no más; me he sentido indefenso y lo más triste es que el procesoparece dormir el sueño de los justos–indicó.

Y el delincuente le respondió…

La respuesta de Bonilla Esquivel,aunque tardó casi un mes, le llegó manuscrita en julio de 1996, en estos términos:

“Marco Emilio Zabala Jaimes: respecto a su carta debo aclararle que yo no le he hecho ninguna incriminación, hacerlo sería una ignominia mayúscula que ni yo me la perdonaría”.

“Sé de la infamia que se ha cometido contra usted pero de mis labios jamás ha salido siquiera el más leve propósito, jamás referí que ud(s) conocieran lo que se iba hacer…lamento su situación…”

“Precisamente el terror era por usted y otros que por ser tan ajenos a los hechos podían poner el peligro el robo…”

“Yo, que a la luz del margen que da la colaboración eficaz, podría tomar fácilmente el mismo sendero a costa de la condena de un inocente (y) pedir beneficios para mi no lo voy a hacer nunca, así esa actitud me genere peligros y amenazas…”.

Quien le escribió esta carta de su puño y letra yace muerto, lo mataron a pocas cuadras del Cementerio Central del Bogotá, en la Calle 26, por razones desconocidas. Había salido de prisión y en un salón de onces del barrio Samper Mendoza un sicario lo acribilló.

Por su parte, Marco Emilio Zabala Jaimes vive hoy a la espera de que se haga por fin justicia. Vive sin lujos con su madre en un modesto y pequeño apartamento del noroccidente de Bogotá y responde con contundencia:

–¿Absolutamente inocente?

–Absolutamente inocente, demostrado en todas las investigaciones pero sobre todo en mi conciencia que no tuve nada que ver ni por acción ni por omisión en esos hechos. Pero –afirma– pienso que al final los errores de la justicia resultan más criminales que el crimen mismo.

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