Ella se infiltró en una temible banda de paseos millonarios

Ella se infiltró en una temible banda de paseos millonarios

19 de febrero del 2015

No sabía manejar muy bien y no tenía licencia de conducción. Había estado detrás del volante muy pocas veces, pero aún así su misión fue infiltrarse como taxista en la peligrosa banda Los Canarios, letales delincuentes dedicados al paseo millonario en Bogotá. Una disidencia de la banda fue la que secuestró y asesinó al agente de la DEA Terry Watson.

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Las autoridades empezaron a seguir el rastro a Los Canarios después de recibir denuncias de ciudadanos que indicaban que habían sido atracados en taxis que abordaban en el norte de la ciudad. La modalidad utilizada para los robos era similar.

Las victimas, casi todas mujeres, narraban atemorizadas que después de abordar un taxi dos hombres se subían al carro, después de retenerlas dentro del vehículo entre una y dos horas les robaban sus elementos de valor, pero su principal objetivo era desocupar las cuentas bancarias.

Las pesquisas mostraron que los robos eran cometidos por una organización estructurada. Sus miembros eran escurridizos, cambiaban de vehículos, el conductor no siempre era el mismo, al menos no siempre coincidían las descripciones físicas de las víctimas.

“Hay que infiltrarlos”

Las autoridades decidieron que una mujer fuera la ficha para infiltrar. La mayoría de los taxistas son hombres y las víctimas confirmaron que todos los bandidos eran del género masculino. “Una mujer entraría mucho más fácil a hacer contacto con ellos”, indicó una fuente del Gaula.

Pocos minutos después de tomar la decisión de infiltrar a la banda, una de las más inteligentes y arriesgadas patrullera del Gaula de la policía había aceptado la peligrosa misión. Ella recuerda que no lo dudó un solo segundo y dijo “acepto”.

La información que sustrajo fue tan precisa que a los pocos meses de estar compartiendo con los bandidos se logró la captura de quienes para ese momento fundaron y conformaban a Los Canarios. A pesar de la infiltración y el avance de las investigaciones, una disidencia del grupo delictivo asesinó al agente de la DEA, el norteamericano, James Terry Watson.

Así operaban Los Canarios

Las victimas eran recogidas casi siempre en los mismos puntos: Parque de la 93, Zona T, Centro comercial Andino. Estos sectores son muy frecuentados por personas de un importante poder adquisitivo.

Las víctimas, según lo indicó la patrullera infiltrada, eran casi siempre mujeres, “son más vulnerables y de fácil dominación e intimidación”, dijo la uniformada.

“Siempre iban tres taxis. Las víctimas no lo saben pero el taxi donde van no es el único que participa en el delito… Cuando están haciendo ‘la vuelta’, como le decían ellos, hay dos carros que acompañan al que ocupa la víctima, uno va adelante, a unos cincuenta metros de distancia, y el otro a la misma pero atrás”, cuenta la infiltrada.

Para atrapar a todos los miembros de la organización, muy a su pesar, la patrullera tuvo que acompañar en más o menos cinco oportunidades a los bandidos a cometer sus fechorías. Nunca atacó a ninguna víctima ni le quitó alguna pertenencia. Las infiltraciones están cobijadas por autorizaciones de la fiscalía.

Estar dentro de la organización le dio las herramientas para determinar que el primer carro era el “campanero”. Tenía la labor de andar adelante observando por dónde había o no policías, retenes, mucha gente. Era el que dibujaba la ruta a seguir. En este vehículo iban dos bandidos: uno el conductor y el otro hacía las veces de pasajero.

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En el segundo carro iba la víctima. Era un carro que al comienzo estaba ocupado solo por el conductor.

En el tercer vehículo iban cuatro bandidos. Dos de ellos, los más peligrosos, eran los que se subían al carro donde iba la víctima. La abordaban en un pequeño espacio de tiempo en el que los dos carros frenaban.

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La patrullera del Gaula de la policía permaneció cuatro meses infiltrada en una de las bandas más peligrosas dedicadas al paseo millonario.

“Las dos personas que quedaban en el tercer auto tenían otra labor importante, recoger los elementos que los ladrones le quitaban a la víctima… los bandidos le quitaban a la víctima sus pertenencias, frenaban un poco y a un lado del camino las dejaban para que el tercer taxi las recogiera. Allí va todo lo de valor y las tarjetas débito y crédito”, dijo la patrullera, quien durante las veces en que presenció el delito estuvo a bordo del tercer taxi.

Mientras que la víctima es secuestrada durante el robo y obligada a entregar las claves, los ocupantes del tercer taxi abandonan la caravana y se van en busca de un cajero. Si hay suficiente dinero en las cuentas bancarias, la víctima es secuestrada hasta que sean las 12 a.m y así tener la posibilidad de hacer otro retiro (solamente se puede retirar en un solo día algo más de un millón de pesos).

La víctima era abandonada casi siempre en el sur de Bogotá o en lugares demasiados oscuros y alejados.

La infiltración

Se analizaron varias posibilidades para infiltrar la banda de Los Canarios, pero la mejor idea fue crear un personaje afín a ellos: una linda taxista que tuviese la capacidad de entablar con ellos una rápida amistad.

Había un problema. Aunque ella había manejado un par de veces el carro de algunos familiares, que intentaron enseñarle a manejar, no lo sabía hacer muy bien.

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Las víctimas del paseo millonario son en su gran mayoría mujeres jóvenes. Los Canarios escogían a sus víctimas en el norte de Bogotá.

Antes de entrar en contacto con los bandidos los agentes del Gaula le dieron bastantes clases de conducción a su compañera. También tuvo que cambiar varios hábitos, como el vestuario. Saber como hablan los taxistas. Aprender códigos del gremio.

Gracias a denuncias, retratos hablados y algunas colaboraciones de bandidos capturados, se pudo establecer que Los Canarios se reunían en puntos donde los taxistas se encuentran a comer o a tomar tinto. Uno de esos puntos fue la Av. Primero de Mayo con carrera 50; otro la Av. de las Américas con Ciudad de Cali y en la calle 72 con Caracas.

La policía nunca iba sola. Otros agentes encubiertos también llegaban a los puntos en taxis o miraban desde lejos en motocicletas, ellos eran únicamente la seguridad de la uniformada, nunca intervenían. Desde lejos la observaban y atendían el lenguaje de señales ella les emitía constantemente.

La agente recuerda que la primera vez que llegó a la Primera de Mayo, donde los de inteligencia habían ubicado a uno de los bandidos, allí lo encontró. El lugar era un restaurante nocturno ambulante ubicado a un costado de la glorieta en la Av. Primero de Mayo con cr. 50, en Puente Aranda.

Ella paqueó su taxi, vehículo que pertenece al Gaula, observó, ubico al bandido, detalló el entorno y con quienes se rodeaba. Se bajó del carro y pidió, como cualquier taxista, un tinto para embolatar el frío. Eran alrededor de las ocho de la noche.

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El primer día no vio nada salido de lo normal. Su objetivo se marchó y ella hizo lo mismo después de tomarse un par de tintos.

Días después, en el mismo punto, luego de dejarse ver varias veces, empezó a ser reconocida por varios taxistas, entre ellos algunos de sus objetivos.

La primera vez que entró en contacto con uno de ellos, resultó ser uno de los líderes. “El pidió un tinto, la vendedora lo puso más cerca de mí que de él y aproveché para pasárselo, él me miró y coquetamente agradeció el gesto”, contó.

Después de aquel día la estrategia fue entablar una conversación con él y esa se dio fácilmente. La mujer utilizó su belleza y su carisma para lograrlo. Al cabo de una semana ella era su amiga. Al sujeto lo llamaban ‘Coyote’.

Poco a poco fue conociendo a cada uno de los integrantes de la organización delictiva. La amistad entre el bandido y la taxista creció con rapidez. Ella cuenta que no le cayó bien a unos de los integrantes de la banda, le tenían cierto recelo, pero contaba con el apoyo de Coyote.

“Ellos empezaban a hablar en cable y haciéndome la que no me importaba y la que no entendía, captaba algunas cosas… hablaban de la ‘vuelta’, del ‘trabajo’ de la ‘hora en el sitio’, muchas veces se despedían y se iban, otras veces yo me iba primero, así evitaba infundir sospechas”, contó la infiltrada.

Aunque se sospechaba de algunos de ellos, no se tenía la certeza de que fueran Los Canarios. La patrullera dio el siguiente paso: lograr que la metieran al negocio.

En sus conversaciones con ‘Coyote’, quien aprovechaba cualquier momento para coquetear e invitarla a salir, ella le dijo al hombre que el dueño del taxi le pedía una cuota muy alta, que no les estaba yendo muy bien y que no tenía plata ni para el arriendo.

Fue tanta la amistad y el gusto que ella generó en el bandido que constantemente la llamaba para saber de su paradero. Al sentir su preocupación por la supuesta falta de dinero, Coyote le confesó, a medias, que él y sus amigos hacían algo extra para obtener dinero. El hombre le dijo que si quería acompañarlo él le mostraría de que se trataba. La patrullera aceptó la invitación.

La cita fue esa misma noche. El hombre le pidió no llevar el taxi y verse en el mismo lugar de siempre. Ella, aunque con miedo, llegó al lugar. Fue el primer día en que presenció cómo le hacían el paseo millonario a una joven mujer que recogieron en el parque de la 93. Ese día a la víctima le robaron más de cuatro millones de pesos y la abandonaron en el sur de Bogotá.

“Fue muy feo saber que están robando a alguien y no poder hacer nada. Una impotencia tenaz pero teníamos que hacerlo así para cogerlos a todos”, narró.

La patrullera contó que ese día, después de la repartición de botín, a ella le dieron 150 mil pesos. Esa plata y todo lo que recibió de parte de los bandidos fue a parar a manos de la fiscalía en el informe que le entregó a la institución. Todo lo que ella hizo fue amparado y avalado por la ley.

La patrullera participó como espectadora en varios hurtos. Sus compañeros siempre vigilaban desde otros taxis, desde carros particulares o desde motos. Después de que los bandidos abandonaban a sus víctimas a los pocos minutos aparecían ellos y auxiliaban a las personas afectadas.

La patrullera, quien tiene 28 años y lleva seis en el Gaula, permaneció más de cuatro meses infiltrada en la organización. Cuando ya se tenía toda la información de los bandidos, las pruebas en su contra, y a menos de dos semanas de dar la orden de captura, por orden de los superiores y por su seguridad, fue retirada del caso.

Aunque no volvió a verse con el ‘Coyote’, este la siguió llamando por un par de días más, pero ella le respondía que ya había entregado el taxi, que eso no era para ella y que estaba trabajando en otro lado.

Dos semanas después a banda Los Canarios fue desmantelada. Fueron atrapadas las 11 personas que hacían parte de ella.

El trabajo de la infiltrada fue clave no sólo para capturar a Los Canarios, sino a la disidencia de la banda, responsable del crimen del agente de la DEA James Terry Watson.