El auge del comercio sexual infantil en el mundial de Brasil

El auge del comercio sexual infantil en el mundial de Brasil

15 de junio del 2014

Brasil recibió a las selecciones de fútbol y a sus hinchas para el mundial, pero además se alista para enfrentar un gran rival: la prostitución infantil.

Brasil es uno de los países con mayor comercio sexual infantil en el mundo, se habla de unos 250,000 menores en situación de explotación sexual.

La explotación sexual de menores de edad es el tercer negocio más lucrativo del mundo, solo superado por el tráfico de armas y drogas, con miras a generar más ingresos durante el mundial, se generó una red de prostitución organizada en torno a los estadios en más de una docena de ciudades de Brasil, donde los aficionados de fútbol se reunirán durante las seis intensas semanas que durará el torneo.

Aunque el intercambio de sexo por dinero es técnicamente legal desde 1949, el comercio sexual sigue estando fuertemente vinculado a grupos delictivos y es una de las formas de vida más peligrosas del país.

Las prostitutas alrededor del estadio se encargan de los trabajadores y camioneros, pero su meta es que los aficionados visitantes sean sus clientes y les paguen en dólares. Las que son menores de edad se esconden en las calles aledañas o detrás de las paradas de camiones.

Las bandas criminales buscan a niñas que viven en extrema pobreza, donde las drogan o simplemente las compran a sus familiares. La mayoría de las niñas llevadas a Sao Paulo para prostituirse, apenas tienen 11 años, la mayoría no tienen acceso a electricidad ni agua corriente , la desesperación de la gente es tan grande, que algunos padres incluso ponen a sus hijos en la calle.

Matt Roper, quien ha realizado varias investigaciones sobre la prostitución infantil en Brasil, dice que los narcotraficantes y grupos de mafiosos de Europa del Este, obtienen a las niñas de las aldeas brasileñas y también de África, en particular de Congo y Somalia.

Por la noche, las niñas deambulan en la avenida u otras autopistas, en busca de clientes. Después se dirigen con ellos a los moteles o habitaciones cercanos al gigantesco estadio. Su vida cotidiana está repleta de violaciones a sus derechos humanos fundamentales.

Su tarifa más alta es de 60 dólares. Solo la mitad es para ella, menos las deudas por ropa, drogas, alcohol y cosméticos.

La explotación infantil en datos

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) considera, en la Convención Sobre los Derechos del Niño, que un menor es “todo ser humano desde su nacimiento hasta los 18 años de edad, salvo que haya alcanzado antes la mayoría”.

Sin embargo, en Brasil, se han estado vulnerando al menos cuatro de los artículos de dicha convención, entre los que figura el número 34: “Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abusos sexuales”.

Prostitucion

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), define la explotación o trabajo infantil como “aquel que priva a los niños y adolescentes de su infancia, potencial y dignidad, y que es nocivo para su desarrollo físico y mental”. Además, dicha explotación intervendrá, también, en la escolarización de los niños. Entre las distintas formas de explotación infantil, figura la explotación sexual comercial y la trata de niños, niñas y adolescentes.

La prostitución infantil no se extiende a todo el país, ni a todas las clases sociales, de hecho, la fiscal brasileña Antonia Lima Sousa ha explicado que uno de los problemas es que “son niñas que vienen de la extrema pobreza, la cultura de la exclusión social y la tradición de una profunda falta de respeto por las mujeres”.

Esta descripción que ha facilitado la fiscal señala de forma clara que muchos de los problemas existentes hasta el momento han tenido lugar en las zonas más pobres y turísticas, donde las habitantes emplean sus cuerpos para salir adelante a través del turismo sexual que llevan a cabo los turistas procedentes de todas partes del mundo, atraídos, en muchos casos, únicamente por estas prácticas ilegales.

Es, de hecho, este posible turismo sexual que puede traer consigo la celebración del Mundial de Fútbol 2014, lo que ha alarmado a las autoridades y les ha llevado a poner en marcha planes de prevención y lucha contra estas prácticas.

Un problema legal 

Pero el problema en Brasil no está únicamente en las prácticas ilegales a que han de recurrir las poblaciones más pobres, ya que dentro de las legales también lo hay: no existe regulación alguna de la prostitución a través de ninguna norma jurídica y esta práctica no se considera delito.

Esta no regulación de la prostitución ha logrado que la ley ya no tenga peso frente a la realidad, pues en 2012 el Tribunal Superior de Justicia exculpó a un acusado de violar a tres niñas de 12 años bajo la presunción de que éstas se dedicaban a la prostitución. La jueza encargada del caso determinó que “las víctimas, en la época de los hechos, lamentablemente estaban lejos de ser inocentes, ingenuas, inconscientes o desinformadas respecto al sexo”.

La sentencia añade que “aunque sea inmoral y reprobable la conducta practicada por el acusado, no quedan configurados los tipos penales por los que ha sido denunciado”, haciendo evidente la necesidad de un cambio en las leyes vigentes.

Brasil no dispone de datos sobre la explotación sexual infantil en el país, pero el ‘Marque 100’ registró 124.000 denuncias sólo en 2013 que aludían a violaciones de los derechos de los menores, de las que un 26 por ciento hablaban de violencia sexual. Además, en 2010, UNICEF estimaba que en Brasil podía haber unos 250.000 niños que se prostituían con menos de 14 años.

Esta es la realidad a la que se enfrenta el Gobierno de Dilma Rousseff en uno de los frentes de cara al mundial de fútbol. Para atajar la situación, el ejecutivo ha invertido nueve millones de reales (unos cuatro millones de dólares), según El Economista América.

Sin embargo, la inversión que Brasil realizará para combatir la explotación sexual infantil podría también ser objeto de controversias si se la compara con los costes que ha producido la construcción -y reconstrucción- de los doce estadios que acogerán los encuentros futbolísticos y que, según el Sindicato Nacional de Arquitectura y de la Ingeniería de Brasil, alcanza los 3.400 millones de dólares, frente a los 1.000 millones de dólares que se habían estimado en un primer momento, según el Documento Matriz de Responsabilidades (DMR) que indica los gastos y plazos estimados para cada ciudad-sede.