Las nueve vidas del general Humberto Guatibonza

Las nueve vidas del general Humberto Guatibonza

8 de febrero del 2015

Por: Mauriciocp88

El general Humberto Guatibonza lleva 35 años portando el uniforme, pero confiesa que la historia comenzó más por casualidad que por convicción.

El actual comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá dice que ser policía es, ha sido y será una de las cosas que más ama en la vida.

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“Tenía 19 años y no sabía exactamente qué iba a ser de mi vida”. Tenía una beca para estudiar Ingeniería de Sistemas en la Universidad Distrital por haber sacado uno de los mejores puntajes en el examen del ICFES, pero no estaba seguro de aceptarla.

Uno de sus grandes amigos, que soñaba con ser policía, lo convenció para que aspiraran a la carrera oficial. Recuerda que los dos presentaron documentos para el ingreso a la Escuela General Santander. Guatibonza fue aceptado pero su amigo no. “Además era más rápido ser policía que ingeniero de sistemas”, dice después de soltar una carcajada.

La mayor parte de la carrera policial del general Humberto Guatibonza ha transcurrido en el terreno, no detrás de un escritorio; le gusta y extraña ese “sustico” que produce estar en el campo de acción. Como director del Gaula, donde gracias a su buen desempeño permaneció 14 años, lideró en persona más de 100 operativos para liberar secuestrados.

A las buenas y a las malas, tanto la guerrilla como el narcotráfico han querido quitarlo del medio. En Arauca, Putumayo y Medellín su vida ha estado en riesgo. El Cartel de Pablo Escobar le giró un cheque en blanco para forzar su retiro.

“En Medellín sufrí siete atentados”, dice con tranquilidad. Por esos siete hechos y por las reiteradas amenazas que recibió por parte del Cartel de Medellín, durante los tres años que integró el Bloque de Búsqueda, tuvo que salir del país. Se fue a Chile y aprovechó para estudiar mientras las cosas se enfriaban. Tres meses después sus compañeros dieron de baja a Pablo Escobar; Guatibonza vio la noticia por televisión.

Guatibonza siempre habla sonriendo. Cuenta que lo llamaron a ser parte del grupo élite que buscaba a Escobar por dos características específicas: por boyacense (los altos mandos querían conformar un grupo especial de policías integrado por uniformados que no fueran paisanos de Escobar) y porque era un experto en la conducción de motocicletas. Desde muy joven el general es apasionado por las motos. Fue, durante cinco años, uno de los más expertos instructores de ese tipo de vehículo en la policía.

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Recuerda que en motos saltaba puentes, carros; bajaba y subía escaleras con una pericia que no tenían muchos. Con orgullo dice: “Lo que nadie hacía montado en una moto yo lo hacía”.

Cuando estuvo a punto de morir

Sin querer ahondar mucho en la historia el general Guatibonza dice que mientras estaba en Antioquia los sicarios de Escobar, en el tiempo en que la cabeza de los policías tenían un alto precio, él y su grupo, fueron blanco de bombas y ráfagas. “Era una época en que salíamos diez y regresábamos seis, pero los cuatro que quedábamos seguíamos dando la pelea y logramos acabarlos.

Muchos años antes de llegar a Medellín fue designado como comandante de Putumayo, a donde llegó después de estar en Arauca, zona roja, donde empezó a hacerse conocer como un oficial con características especiales.

En Putumayo, también considerado un departamento con una delicada situación de orden público, el general Guatibonza, convertido rápidamente en objetivo militar, fue víctima del primer atentado en su contra.

Iba por carretera de San Juan hasta Mocoa, en una curva estalló una bomba, aunque el artefacto no golpeó el carro, la onda explosiva sí, y lo lanzó contra el borde de la vía, allí hubo una segunda explosión pero el conductor del comandante hábilmente aceleró y sacó a su superior del peligro mientras que la escolta, del en ese entonces coronel Guatibonza, repelía el ataque.

En Caquetá, hace tres años, cuando era director nacional del Gaula, también se le escapó a la muerte. “Salía en un avión de la policía desde San Vicente del Caguán, después despegó del mismo punto otro avión de la policía, los guerrilleros de las Farc pensaban que yo iba ahí y le hicieron 94 impactos a la aeronave”.

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-Me duele mucho cuando muere un policía; eso me descompone de una manera que usted no se imagina – me responde cuando le pregunto cuál ha sido el día más triste como uniformado. Automáticamente abandona su típica sonrisa de bonachón y remata diciendo: “Me duele aún más cuando muere en hechos absurdos…eso me da mucha tristeza”.

Evoca, aún pensando en la misma respuesta, dos hechos. Uno ocurrió en 2004 cuando en un confuso hecho una tropa del ejército dio muerte a siete policías del Gaula; en esa fecha el hoy mayor general era teniente coronel y subdirector nacional del Gaula. -Ese hecho fue muy duro – dice mientras que después de un corto silencio toma un disimulado aliento, bebe un poco de agua y rápidamente narra otro hecho que le rompió el corazón: la muerte de un policía que falleció en sus brazos ahogado en una operación de rescate de un secuestrado.

Otras ausencias que le duelen a Guatibonza son las de sus padres. Su papá, don Belarmino Guatibonza, falleció hace seis años, dos años después su mamá también falleció. “La muerte de mis papás me enseñó algo…cuando uno tiene a sus padres, tenga la edad que tenga, es otra persona”.

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Para cambiar de tema le pregunto quién es su mejor amigo, pero otra vez la muerte aparece en su respuesta: “Mi mejor amigo se murió hace 11 años. Se llamaba Gustavo Rincón, fue un coronel. Éramos inseparables. Nos conocimos en la escuela (General Santander). Fue una amistad de más de 20 años. Murió en un accidente de tránsito. Lo increíble de todo es que estábamos hablando por teléfono en el preciso instante en que ocurrió su accidente. En el velorio la mamá de Gustavo me consolaba a mí en lugar de yo consolarla a ella”.

¿Quién es?

Se llama Humberto de Jesús Guatibonza Carreño pero no le gusta el complemento de su nombre. Tiene 52 años y hace 20 está casado. A su esposa la conoció en Cali cuando él era director de la clínica de la policía y ella hacía sus practicas universitarias. Tiene tres hijos.

El general Guatibonza nació en Duitama, Boyacá. Es el sexto de ocho hermanos, cinco mujeres y tres hombres. Sus dos hermanos también fueron oficiales de la policía. Uno antes de él, que llegó al grado de coronel, y el otro siguió sus pasos, duró 20 años en la institución y llegó al grado de teniente coronel. Los dos se retiraron por tiempo cumplido.

De su padre, de quien habla con un notorio orgullo, cuenta que era un boyacense recio que, “como todos los de esa región”, crió a sus hijos con una disciplina rígida. “En mi casa las vacaciones del colegio era trabajo con mi papá”. Don Belarmino era pensionado de Acerías Paz del Río y luego propietario de un par de buses de Flota la Macarena.

“Mi mamá, a diferencia de mi papá, era la mujer más consentidora del mundo con sus hijos. En su juventud ella fue docente.” El general cuenta que de joven fue un buen estudiante. Cursó su primaria en el colegio del sindicato de Acerías Paz del Río.El bachillerato lo hizo en un seminario en Bogotá donde empezó a inclinarse por el sacerdocio. Estudió en la comunidad de los Paulinos. Tenía la vocación de servicio, estaba seguro de ello, según dice, y estaba preparado para servirle a la sociedad con la sotana. “Cuatro años después de estar encerrado en el seminario me di cuenta que quería conocer más del mundo y me salí.”

En mayo de 1983, en medio de un torrencial aguacero, del que nunca se olvidará, se graduó como subteniente. Tiene 67 condecoraciones, entre ella tres medallas al valor, único oficial que posee este honroso número. Es administrador de empresas con especialización en docencia universitaria y en la policía ha dedicado varias horas a enseñar, una más de sus pasiones. Dice estar seguro de que terminará sus días impartiendo sus conocimientos en un aula de clase.

Romaña

Aunque sería de no creer, el general Guatibonza, quien es uno de los hombres, si no el que más conoce el delito del secuestro, ya que casi la mitad de su vida profesional la pasó vinculado al Gaula, fue amigo de uno de los más temibles secuestradores del país, Henrry Castellanos, más conocido como alias ‘Romaña’, quien pertenece al secretariado de las Farc.

Las vidas de Romaña y el comandante de la policía de Bogotá se cruzaron cuando ambos tenían alrededor de 15 años. El general cuenta que Henrry era un muchacho que trabajaba en algunas oportunidades como ayudante en los buses que su papá tenía en Flota La Macarena.

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“Como mis vacaciones eran trabajando con mi padre, él me llevaba a ayudarle en los viajes que hacía. Allá, en los llanos, fue donde conocí a Henrry. Compartimos algunos momentos, una vez me dijo que a veces dejaba subir a guerrilleros al bus.

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“Años después, cuando yo era capitán, mi papá estaba en una tienda, en San Martín (Meta), y hasta ese lugar llegó Romaña, él ya era un reconocido y peligroso guerrillero, identificó a mi papá y lo saludó. Mi papá también lo reconoció”.

Romaña le preguntó al señor Guatibonza si quería una cerveza, él la aceptó. El guerrillero pidió una canasta completa, se la dejó y se marchó no sin antes enviarle saludos a su hijo Humberto, de quien sabía era capitán de la policía.

Un buen policía se conoce por sus misiones cumplidas

Los logros que a lo largo de la carrera ha cosechado el general Humberto Guatibonza, y su forma de ser, lo han hecho uno de los oficiales más queridos y respetados de la institución.

Todos los subalternos a quienes les pregunté indicaron que él es uno de los mejores jefes que han tenido. Por esta razón la mayoría de hombres que están en su esquema de seguridad, han trabajado a su lado desde hace varios años.

“Es un hombre muy humano”, “recochero”, “estricto”, “un vacán”, fueron calificativos que emitieron policías que trabajan con él.

No solamente es querido por los subalternos, también lo es por una gran parte de ciudadanos. -¿Sabe qué me dolería mucho?, que llegara algún lado y la gente me rechiflara. No me ha pasado y espero que no me pase -.

– A finales de 2011 usted renunció a la policía, pero la presidencia no le aceptó la renuncia. ¿Qué pasó? – Aunque yo quería que me explicara las razones, solo aprestó a decir: “Un inconveniente con mi general (Oscar) Naranjo, en un momento de exaltación.”

Hasta donde tuve conocimiento, el general Guatibonza, quien era director Nacional del Gaula, en medio de una serie de cambios que hubo en la cúpula de la institución había sido nombrado comandante de Norte de Santander, Arauca y Magdalena Medio. Al parecer el general se molestó porque consideró que después de estar en un cargo de nivel Nacional y de tanta importancia, enviarlo a la comandancia de una regional era un retroceso en su carrera.

El presidente Santos, según algunas fuentes de Palacio, no estuvo de acuerdo con el traslado del general Guatibonza, no aceptó la dimisión del oficial y dio la recomendación para que esta no se tuviera en cuenta. En una reunión entre el ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, el directamente afectado y el director nacional de la Policía, general Óscar Naranjo, se impuso la iniciativa de Santos, que tenía tintes de orden directa, y el general, sin mayores explicaciones a la opinión pública, se quedó al mando del Gaula.

– ¿Por qué cree que no lo dejaron ir?

– Porque he dado resultados – dice sin vacilar. Un policía se mide por las misiones que cumpla y yo las cumplía casi todas. Uno tiene que dar resultados, – añade; y me pone un ejemplo claro. – Mire, el año pasado me robaron unas armas de la Escuela de Carabineros, ese día me propuse encontrarlas y atrapar a los que participaron en el robo y hoy puedo decir que el 100 por ciento de las armas se recuperaron y quienes se las robaron están tras las rejas, lastimosamente un policía estaba involucrado, pero igual lo capturamos y judicializamos… eso es dar resultados.

Aprovecho para preguntarle qué es lo más duro de ser policía y me dice sin dudarlo: – “La incomprensión de la gente”. Complementa su respuesta con algo que yo creo es cierto, “el policía no lo puede hacer todo, necesita también de la ayuda de la gente para llevar a cabo una mejor labor. Es muy duro, es durísimo, no poder ayudar a la gente como uno quisiera. Pero yo le aseguro que la policía hace su mejor esfuerzo y trabaja para eso y muchas veces la gente no lo entiende. Hace una mueca de resignación, con la que me da a entender que esa es una de las situaciones con las que tiene que vivir mientras tenga la responsabilidad de manejar y rendir cuentas sobre la seguridad de la ciudad más importante del país.

Cuando le pregunto si se ve como director nacional de la policía, también responde con contundencia y me asegura que ese tema no lo desvela. El general Guatibonza asegura que había dos cargos que sí anhelaba ocupar dentro de la institución: ser director del Gaula y ser comandante de Bogotá. “Mire, yo voy paso a paso, Delante de mi hay oficiales con más antigüedad y que han hecho la carrera para llegar allá, a la dirección general, estoy feliz donde estoy y hoy lo que sí me desvela es Bogotá. En eso estoy concentrado.

Sus pasiones

El general Humberto Guatibonza tiene varios gustos ocultos con los cuales intenta, cuando puede, alejarse por unos pocos minutos de la realidad de la ciudad y del país. Una de sus máximas pasiones, como buen boyacense, tierra de la que se siente muy orgulloso, es la papa. “Me encanta la papa en todas sus presentaciones y formas”, dice mientras suelta otra de sus contagiosas carcajadas. También le gusta mucho la pasta, “y me queda muy rica.”

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– ¿Cocina?, – le pregunto incrédulo.

– Claro y muy bien. Es más, me han dicho en varias oportunidades que monte un asadero porque me preparo una carne muy rica. Le tengo el punto a la carne.

El general, que no lee con la regularidad con la que le gustaría, se considera un apasionado por los libros, en especial le gusta mucho el género de la novela. El último libro que leyó fue una novela titulada “La alegría de llegar al cielo”, de un escritor norteamericano, “antes de ese me leí un libro durísimo, “Lo que no tiene nombre” de Piedad Bonnett, donde narra el suicidio de su hijo”.

Otras de las formas de entretenerse es viendo comedias. Es un amante a las comedias viejas y a los programas de humor. Tiene a manera de colección las clásicas comedias gringas Mash, Seinfeld y el Inspector Clouseau, pero aclara, que la  que le gusta es la versión de Peter Sellers. El humor colombiano y latino también le gusta e igualmente, para divertirse, compra videos de Los Tolimenses, Eberth Castro, entre otros.

Aunque no lo menciona como una de sus pasiones, en medio de la entrevista deja ver que es un amante de la naturaleza. – ¿Sabe qué me enamora de Boyacá? – me contrapregunta cuando hablamos de sus raíces y de la casa de sus padres, la cual aún la tienen como propiedad de todos los hermanos – el ruido que hacen los árboles de mi tierra cuando les pega el viento. Tal ves estoy loco – dice con una sonrisa – pero allá en Boyacá es el único lugar donde escucho el hermoso ruido de los eucaliptos cuando el viento los atraviesa.

También deja ver su cercanía con la naturaleza cuando habla del Putumayo, donde pasó, según él, los dos mejores años de su vida. – Cuando quería relajarme me iba para el río y me quedaba un largo rato escuchando el sonido del agua golpeando contra las piedras. Ver la majestuosidad del río del Putumayo era algo muy bonito.

Otra de sus grandes pasiones son las motocicletas. A la largo de su vida siempre una moto lo ha acompañado. Ha tenido cuatro. “La primera fue una ‘cachetona’, una Yamaha DT 175 de color rojo”. Según él, una moto muy buena que compró de segunda a mediados de los 80 y que arreglaba él mismo cuando se varaba por algo, “casi siempre eran las guayas que se reventaban”.

Actualmente, como un verdadero apasionado por estos vehículos, tiene una Harley Davidson con un motor 1500 C.C. “Me relajo mucho manejando moto. Cuando salgo en mi moto me toca hacerlo bien camuflado y con la escolta a prudente distancia. – Un día – cuenta riendo – iba en la Harley y mi escolta estaba, por instrucciones, un poco separada. Un policía me detuvo y me pidió los documentos, me quité el casco y se los pasé, me miró y haciendo ‘caras’ me dijo: usted se me hace conocido y le dije: ¿sí? es que yo soy actor de televisión. El policía, sin dejarme de mirar, dijo:  aaaah sí, sí, sí…siga por favor.

Antes de pararse frente a la diana para probar cómo está su puntería en el polígono y dejarlo como constancia en un video para KienyKe, mientras alista su arma; una sig Sauer 9 milímetros; los lentes de protección y los tapaoídos, responde la última pregunta.

¿Hasta cuándo portará el uniforme?

Yo creo que para irse hay que tomar la decisión en el momento justo y ese momento no ha llegado todavía . Ya tuve la experiencia de pedir el retiro en un momento que no era el correcto. Me quiero ir el día que sienta que no le puedo dar más a la policía, a mis superiores y al país y que sienta que estoy preparado para dar el paso al costado y dedicarme a otras cosas. Ese momento no ha llegado.

Frente al polígono, el general Guatibonza no se considera el mejor de los tiradores. – Estoy dentro del promedio… le doy a la diana – dice acompañando la frase con otra de sus acostumbradas sonrisas.

Vea aquí el video del comandante de la Policía probando su puntería en el Centro de Estudios Superiores de la Policía (Cespo).

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