El aventurero que fue asesinado rumbo al Mundial de Brasil

El aventurero que fue asesinado rumbo al Mundial de Brasil

27 de julio del 2014

Harry tenía un trabajo envidiado por muchos. El sueño de un gran número de personas es ser corredor de bolsa y más si este oficio se lleva adelante en la Gran Manzana. Devert, nacido en Francia, pero criado en Estados Unidos, lo había logrado.

Sus aficiones se concentraban en explorar diferentes culturas, la aventura, explorar el mundo. Amaba lo desconocido. Trabajó por varios años y ahorró. Cuando tuvo dinero suficiente para empezar a llevar adelante sus sueños de aventurero colgó sastres, camisas y corbatas. En el año 2009, con 27 años, y un plan sin principio ni final se dio a conocer el mundo.

Viajó por todo el planeta. Brasil, Paraguay, Colombia, Argentina, Ecuador, México, España, Vietnam, India, Nepal, Estados Unidos, Francia, Italia, filipinas, Tailandia, China, Bélgica, Holanda, entre muchos más países. Nunca sabía cuál era su próximo destino. Podía estar dialogando con alguien al calor de unos tragos en un bar, le hablaban de un país o de un lugar interesante y la idea de conocerlo se le clavaba en la mente. En los siguientes días estudiaba la forma de llegar a dicho lugar, armaba una pequeña maleta -le gustaba viajar ligero- y se embarcaba en una nueva aventura.

A Colombia llegó porque en un hotel en Río de Janeiro, Brasil, vio en la televisión un comentario sobre Medellín. Se enamoró de las imágenes que vio y al otro día, en pleno Carnaval de Río, armó viaje para Colombia. Visitó Bogotá. Recorrió varios pueblos y ciudades. Montó en chiva. Fue a Medellín. Viajó a Santa Marta y otras ciudades costeras. El mar y la playa eran unas de sus mayores pasiones. En Colombia dejó, como en todos los lugares del mundo, amigos entrañables.

Hincha

Harry Devert en el santuario y mirador de Monserrate, Bogotá, en su viaje a Colombia.

A donde llegaba cautivaba con su sencillez y espontaneidad. Tenía una sonrisa que enamoraba a sus interlocutores. No conocía todos los dialectos de los lugares que visitó pero siempre penetró en ellos con facilidad. Hizo amigos, millones de amigos, lo cuales se ven reflejados en su cuenta de Facebook, la red social que alimentaba constantemente con fotografías de los lugares que conoció. Como él mismo decía: “Mis amigos van de desde las 8 semanas a 80 y más años”.

Sabía hablar español, francés e inglés y se las arreglaba con otros idiomas más. En sus travesías tuvo también algunos días negros. En Colombia, por ejemplo, tuvo que correr varios metros sin mirar hacia atrás porque un hombre lo persiguió con un revólver en la mano. En Venezuela le quebraron un par de dientes cuando ladrones le quitaron sus pertenencias mientras que le tenían metida una pistola en su boca y lo golpeaban. En Paraguay estuvo preso por unos días. Los tropiezos no lo hicieron desistir de seguir explorando ni tampoco le cogió odio a esos lugares. Por el contrario, tanto Colombia y Venezuela, están en su lista de los 10 países más hermosos que pisó.

Caminó descalzo por selvas y montañas. Durmió varias veces a la intemperie, en la calle, en la silla de un parque, en la playa. También durmió en los mejores hoteles del mundo. Contó que una vez se durmió en un castillo con todo y reyes y princesas. Bebió whisky y champaña acompañado de multimillonarios que conoció a su paso, pero también tomó cerveza, chicha y guarapo sentado con campesinos en las montañas de Colombia. Igual lo disfrutó. Montó en caballo, burro, elefante, dromedario. Se movilizó en cicla, carro, camión, jeep, y también en buses cargados de gallinas, aviones comerciales, vuelos de las fuerzas armadas, aviones privados, helicópteros, barcos, canoas, veleros, yates. Subió montañas y durmió en ellas. Abrazó tigres. Llenó su estómago con mangos y naranjas que bajaba de los árboles. También degustó platos de los más lujosos restaurantes del mundo. Era feliz. Estaba haciendo lo que quería hacer. Comerse el mundo.

Su última aventura

Cinco años después de estar viajando, en su residencia de Nueva York, a finales de 2013 planeó otra aventura: atravesar América en motocicleta para llegar en junio hasta Brasil y gozar el Mundial de fútbol. Tal vez sería una oportunidad más para conocer personas de diferentes culturas y latitudes, que le inspiraran una próxima excursión. Había un problema, no sabía manejar moto.

Recorrido Devert

Este es el mapa que hizo Harry parra llegar al Mundial de Brasil y su paso por América. Solo llegó hasta México.

Siempre pensó que viajar en moto, al igual que en bicicleta, sería una de las mejores formas de hacerlo. Se consigue, según él, “una conexión con el entorno” que él quería sentir. “Yo no podría colgar la mochila de viaje sin haber experimentado ese último modo de transporte”, escribió Harry en su blog. Al día siguiente de haberlo escrito fue a conseguir su permiso para conducir una.

Aprendió a manejar y compró una Kawasaki verde modelo 2002, con matrícula NY67SD67. Con la moto en el garaje y su permiso para conducirla en su poder, empezó a trazar la ruta: arrancar en Nueva York, atravesaría Centro América, pasaría por la Costa Atlántica de Colombia, uno de sus países preferidos, para así llegar a Venezuela, atravesarla de norte a sur y volver a Colombia. Pasar por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, rodear a Paraguay por su frontera con Chile y Argentina, subir a Brasil y allí disfrutarse la Copa del Mundo. Cuando el Mundial terminara volvería a tomar su moto y bajaría por la costa brasileña hasta llegar a la punta sur de Argentina y así recorrer toda Sur y Centro América en motocicleta.

Después de pasar las festividades navideñas y de Año Nuevo con su familia, que era lo que él más amaba, a principios de enero, acondicionó el vehículo, tomó su maleta y prendió motores. En línea recta atravesó Estados Unidos, de oriente a occidente, desde Nueva York. Bajó por la costa del pacífico hasta llegar a México. Fue el último país que Harry pisó.

El 23 de enero Harry Devert se comunicó telefónicamente con su madre, Ann Devert. Le dijo, según ella, que se encontraba en la ciudad de Morelia, con un amigo que había conocido años antes en Barcelona. Le contó que se encontraba bien y que se dirigía a la reserva santuario Mariposa Monarca, en el oriente Michoacán, un estado que, según reportes de prensa local, está invadido por la delincuencia, el narcotráfico y grupos armados. También le dijo Harry a su madre que iba rumbo a Zihuatanejo, Guerrero, para ir a la playa.

Dos días después de esta comunicación el joven trotamundos le envió un mensaje de WhatsApp a su novia, en el cual escribió: “Acabo de ser escoltado por unos militares durante una hora hacia afuera de una zona que era demasiado peligrosa para que yo estuviera ahí. Me detuve a almorzar y encontré internet… Volveré pronto a la carretera. Aparentemente hay otra escolta militar en alguna otro lugar cercano… espero poder hablar contigo esta noche cuando, con suerte, finalmente llegue”. Harry no se volvió a comunicar con nadie. Después de ese día, 25 de enero, no se supo nada de él, al parecer nunca llegó a un lugar seguro.

Familia, allegados, amigos y conocidos de Harry empezaron a buscar su rastro. La red social Facebook se llenó de mensajes, de carteles y de esperanza. La madre de Harry viajó a México, a la zona donde al parecer se había comunicado por última vez. Le confirmaron que había estado ahí y que viajó para Michoacán. También le confirmaron que el lugar al que se fue es una zona peligrosa, llena de violencia. Un lugar invadido por grupos de autodefensas que mantenían guerra con el Cartel del narcotráfico conocido como ‘Los Caballeros Templarios’, sumada también la ofensiva militar del gobierno mexicano.

Como Harry tenía dos nacionalidades, francesa y estadounidense, ambos países trabajaron con el gobierno de México en la búsqueda del aventurero. Pero de él no se supo nada. Parecía que se lo hubiese tragado la tierra.

Primeras luces de una tragedia

El pasado 10 de julio autoridades de México reportaron que en la Costa Grande de Guerrero, en una zona conocida como playa Majahua, había sido encontrado, dentro de dos bolsas plásticas, un cadáver desmembrado. Junto a aquellas bolsas y tapada con matorrales había una motocicleta verde de marca Kawasaki.

Los criminalistas analizaron el cuerpo y este tenía las mismas características físicas que habían reportado de Harry, así mismo dos tatuajes, uno en el brazo y otro en el pecho. Junto al cadáver encontraron ropa regada y un casco de motocicleta.

Escena del crimen

El cadáver de Harry Devert fue encontrados en estas dos bolsas. Su moto, que se ve en la imagen, estaba escondida entre los matorrales.

Siete días después del hallazgo y con exámenes de ADN, lastimosamente se pudo confirmar que el cuerpo encontrado dentro de las bolsas de basura era el del aventurero Harry Russell Edouard Devert, al momento de su trágica muerte tenía 32 años.

Autoridades del país azteca no han dado una explicación sobre la muerte de Devert. No se sabe quiénes eran los militares que al parecer custodiaron a Harry durante su paso por ese sector de Guerrero, la misma zona donde fue brutalmente asesinado y descuartizado.

La prensa local de Guerrero informó que versiones oficiales dicen que el excursionista desapareció en territorio guerrerense, mientras estaba en Playa Troncones. Al parecer, según residentes de la zona, fue privado de su libertad por bandoleros pertenecientes a una célula criminal denominada “Los Guerreros”, la cual está al mando de un hombre apodado “El Gavilán” y su lugarteniente Adrián Reyes Cárdenas, alias “El Tigre”.