Jacobo Montoya, el estudiante brillante que encontró la muerte en su paraíso

Jacobo Montoya, el estudiante brillante que encontró la muerte en su paraíso

24 de febrero del 2017

Jacobo Montoya Vélez estaba tocando el cielo con sus manos. Se sentía la persona más feliz del mundo, así se lo manifestó a sus padres y a su hermana, quienes mediante llamadas de Skype compartían su felicidad desde el otro lado del mundo. Todos estaban emocionados, en pocos días se iban a reunir para estar juntos durante las celebraciones de fin de año, antes de que él retomara sus estudios en la Universidad de Heidelberg, en Alemania. 

Pero eso nunca sucedió. Esa fue la última llamada que el joven de 19 años, nacido en Medellín, sostuvo con sus seres queridos. Desapareció el 16 de diciembre de 2016 y fue encontrado muerto este 23 de febrero en las aguas de la represa del río Neckar.

“Un transeúnte descubrió un cadáver, es probablemente el estudiante de Colombia desaparecido hace más de dos meses. En el cuerpo se encontraron los papeles. Los padres fueron informados por la policía”, señalaron los primeros reportes de la prensa local.

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Su mamá, Ángela Vélez, lo confirmó a través de la página de Facebook que creó para dar con el paradero de Jacobo.

“Descansa en paz mi cielo. Te amamos hijo eres el ser que Dios escogió para ponernos a prueba. Gracias”, escribió.

Así desapareció Jacobo Montoya

Sonriendo y con maleta de viaje en mano Jacobo posó para la cámara en 2015. Acababa de llegar a Alemania con un equipaje cargado sueños. Iba a estudiar historia para convertirse en profesor universitario. El colombiano salió de Perú, donde se había radicado con su familia hace años.

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Era ambicioso y brillante. Su pasión por los libros y los monumentos lo hacían, incluso para su familia, un ratón de biblioteca o un nerd. Hablaba alemán, inglés y francés, y en el país europeo encontró todo lo que le gustaba. Por eso, su desaparición alarmó de inmediato a su mamá, quien emprendió una búsqueda desesperada.

Sucedió la noche del 16 de diciembre, cuando iba a una fiesta latina con sus amigos. Luego de comer y beber unos tragos, Jacobo prefirió irse a dormir. Al día siguiente, parecía que la tierra se lo hubiera tragado. No contestó las llamadas ni los mensajes de sus familiares y amigos. No había rastro de él.

“Jacobo es un ser maravilloso, un hijo, hermano y amigo excepcional, un ser de luz, como yo siempre le he dicho, un ser lleno de virtudes y cualidades y aunque no es perfecto si es una de las mejores personas que conozco; siempre dispuesto, paciente y con una sonrisa en sus labios. Es una persona feliz y siempre lo ha sido, especialmente estos dos últimos años que ha estado en Alemania donde ha encontrado las cosas que más le gustan, las grandes bibliotecas, que como él dice son un paraíso, y los monumentos históricos que están por doquier”, contó su mamá días después.

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Quienes lo conocieron, decían que Jacobo Montoya no era el tipo de persona que acostumbraba a “simplemente desaparecer”. Eso los afanó más. Por eso Ángela y Santiago, sus padres, pasaron tres semanas en la pequeña ciudad de Heidelberg. Recorrieron calles, preguntaron y pegaron carteles en los postes y paredes. No encontraron pistas, el sitio en el que vivía estaba intacto. Todas sus pertenencias en su lugar. 

Por estas razones, la muerte de Jacobo Montoya Vélez se convierte en un misterio. Aún más, si se tiene en cuenta que las desapariciones en esa ciudad alemana no son frecuentes, y las que se registran se resuelven en su mayoría una semana después de que ocurren, según la Policía.

Este sería otro tipo de hecho. Mientras lo buscaba, su mamá decía que no tenía dudas: su hijo no consumía drogas ni podía perderse en Alemania, porque manejaba muy bien varios idiomas. Su hipótesis en ese momento era que estaba retenido a la fuerza. ¿Por quién? Nadie lo sabe por ahora. Aunque se desconocen las causas y los móviles de su fallecimiento, la prensa alemana señala que no se debería descartar un “crimen de odio”, en el que el racismo haya motivado a alguien a atentar contra el colombiano.

Pero son solo especulaciones. Por ahora, adelantan la respectiva necropsia al cuerpo en Alemania, para que posteriormente, según lo anunciaron sus familiares, se haga la repatriación y en Medellín, donde reside gran parte de la gente que lo amaba, reciban sus cenizas y lo despidan orgullosos de haberlo visto cumplir algunos de sus sueños, esos mismos que la muerte terminó por arrebatarle muy pronto.

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