Sin esperarlo, su vida terminó en un supermercado

Sin esperarlo, su vida terminó en un supermercado

10 de Septiembre del 2017

No tuvo un aviso. Él nunca había sido violento con ella, no era agresivo, nunca la había agredido de ninguna manera y era un policía, su deber era proteger a las personas. Siempre había estado pendiente de ella y de su hija y, aunque claramente sus celos se salían de lo normal, hasta el punto de acabar con su relación, su historial no indicaba que fuera capaz de cometer un crimen semejante. Nadie lo creyó capaz de perder la cabeza, la razón y el corazón en una acción sin precedentes que acabó con el futuro de los tres.

Cuando Angie Herrera decidió empacar sus cosas, las de su hija y ayudar a sus padres con su equipaje creyó que estaba cambiando su vida. Recorrió el camino de Quetame, Cundinamarca, a Bogotá expectante y temerosa, pero segura de que el camino que se abría para ella sería mucho mejor que el que dejaba atrás. Sin embargo, a diferencia de la gran determinación que implicó para ella cambiar su destino, no tuvo la oportunidad de elegir cómo seguirlo. Alguien más tomó la decisión por ella y, de manera desenfrenada e implacable, puso fin a todas sus posibilidades.

Angie y Fray llevaban cinco años juntos. Se conocieron cuando Angie tenía 16 años en una fiesta a la que asistió la familia de él. A sus padres les agradó y aprobaron la relación. Cuando al patrullero lo trasladaron a Bogotá decidieron mantener una relación a distancia, pero el policía la visitaba todos los fines de semana. Pasaba el tiempo y ellos seguían juntos. Todo marchaba bien, hasta que ella decidió aceptar su propuesta de irse a vivir a Bogotá.

Seguramente Angie tomó en cuenta muchas cosas al tomar la decisión, pero con una hija y muchas esperanzas por delante, Bogotá era el lugar en dónde debía estar. Ella quería estudiar comunicación social y mejorar su calidad de vida y la de sus padres. Se fueron a vivir juntos, Angie, Fray y su pequeña hija. Sin embargo, aquella cercanía que anunciaba que mejoraría sus vidas, solo alimentó los celos del patrullero. La madre de Angie, Marina Velásquez contó para El Tiempo que “peleaban más porque él era muy celoso. Todo esto se dio porque ella hablaba con un muchacho, pero ella respetaba su relación y nunca se vieron. Pero eso ponía muy mal a Fray”.

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Fray llegó a prohibirle que saliera o hablara con sus amigos y decía que las amigas le ‘alcahuetaban’, afirmó el padre de la joven para El Tiempo. Las discusiones se convirtieron en algo común en la casa y subieron de temperatura hasta volverse más fuertes cada vez.  Sin embargo, según su padre, él nunca la agredió: “No salimos de la consternación. Él nunca fue agresivo de ninguna manera con ella”.

Una tía de Angie también confirmó esto para El Tiempo: “Nunca se habían agredido, tenían sus inconvenientes porque él era muy posesivo. Por eso, Angy quería terminar con esa relación”.

Entonces él se fue de la casa. No se sabe si fue porque ella se lo pidió o él lo decidió. En todo caso, ya no vivían juntos el día en que perdió la cabeza, acabó con su vida y la de ella y cambió para siempre el futuro de su hija.

Angie regresaba de misa con sus hermanos y su mamá. Habían decidido hacer algunas compras antes de volver a la casa, por lo que pasaron por el supermercado. Afuera del supermercado la esperaba Fray, que ese día estaba de descanso. Apenas la vio, comenzó a golpearla brutalmente a fuera del local. Algunos testigos incluso dicen que la atacó con una piedra. Varias personas trataron de defenderla, pero el patrullero se las sacudió con violencia e incluso agredió a dos mujeres ferozmente.

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Luego, Fray, que hasta entonces había jurado proteger a la comunidad, tomó el cuchillo que solían guardar en el mostrador del supermercado, hirió a una de sus nueras en la cabeza, quien inútilmente trataba de ayudar, y acabó con la vida de Angie a las afueras del local, cuando trataba de escapar de él.

Después de atacarla hasta ocasionarle la muerte, Fray trató de huir del lugar de los hechos. Sin embargo, la comunidad lo persiguió, le dio alcance y lo inmovilizó. Luego lo llevaron al CAI más cercano, donde lo dejaron en manos de las autoridades.

El coronel de la policía Dairo Puentes, informó que después de los hechos, Fray fue apartado de su cargo: “Fue apartado del cargo y puesto a disposición de la autoridad competente en la justicia ordinaria para que allá asuma su responsabilidad”.

Ahora, Fray Vicente Ardila afrontará una audiencia de imputación de cargos por el delito de homicidio, por el que puede pagar una condena de 40 años de cárcel sin ningún tipo de beneficio dado que sus actos se consideran como feminicidio. Y mientras él se enfrenta a un juicio por haber hecho lo injustificable, sus suegros y nueros enterraran a una hija y una hermana; y su pequeña hija preguntará por sus padres para recibir una respuesta inconcebible.