La mujer a quien le temen las bandas criminales de Medellín

La mujer a quien le temen las bandas criminales de Medellín

15 de marzo del 2017

Claudia Carrasquilla tiene una mirada seria y una voz que inspira respeto, y esas cualidades coinciden con su gran responsabilidad: carga sobre sus hombros la labor de liderar la Dirección Seccional de Fiscalía, desde donde se encarga de llevar ante la justicia a las cabezas de las organizaciones criminales más temidas de Medellín.

Su cargo exige carácter y dureza, y los tiene, pero eso no le impide conservar su feminidad. Con cincuenta años, y pese a las extensas jornadas de trabajo, siempre luce ‘bien puesta’.

En su oficina, ubicada en el imponente búnker de la Fiscalía, Carrasquilla compartió unos minutos con KienyKe.com.

En la charla, la mujer amenazada por 26 bandas criminales, que fraguaron un plan para atentar contra su vida porque con efectividad ha puesto trabas a su actuar delictivo, contó cómo llegó a esta posición y cuáles son sus aspiraciones en la institución en la que inició carrera desde 1993.

Su padre, Guillermo Carrasquilla, la inspiró para estudiar Derecho, y su madre, Ligia Minami, todos los días ora para que ninguna mala intención contra su hija tenga éxito.

A la directora le gusta el deporte, la música (David Guetta es su preferido), cocinar y pintar. Su tiempo libre es para la familia y los amigos, “porque las jornadas son demasiado extenuantes y es importante compartir con los seres queridos”.

23 años de servicio

“Siempre he estado en un entorno de Derecho”, cuenta Carrasquilla. Por eso estudió esta carrera en la Universidad de Medellín.

Guillermo, su padre, aunque no trabajaba en el tema penal sino en el administrativo, gracias a su puesto en Empresas Varias de Medellín, fue su ejemplo.

Precisamente su historia en la Fiscalía inicia en sus tiempos de estudiante. Hace 23 años se presentó a un concurso para ingresar a la institución y así consiguió un lugar como asistente judicial.

“Posteriormente ascendí a asistente de fiscal 1 y luego, cuando culminé mis estudios y cumplí los requisitos, fui ascendida a fiscal local”, narra la funcionaria.

Estando en ese puesto, Claudia llegó al municipio de Itagüí y por cerca de seis años acompañó a la que también fue directora de la Seccional de Fiscalías, Martha Penagos. A su lado, empezó su trabajo contra estructuras delincuenciales que había en esa localidad del sur del Valle de Aburrá.

“Era un momento crítico. Se presentaban muchos muertos por esas confrontaciones que había dentro de las estructuras delincuenciales. Allí, ella (Penagos) decide que yo pase a la unidad de crimen organizado”.

En ese entonces, esa unidad no tenía ese nombre, explica Carrasquilla, era más bien un grupo de tareas especiales que se conformó con dos o tres fiscales más de Medellín para hacer investigaciones estructurales contra las organizaciones criminales que azotaban la región.

En 2010, a Bogotá le parece interesante la idea y se crea el modelo de la unidad de crimen organizado con cuatro fiscales.

“Hasta el día de hoy es una unidad muy importante al interior de la Fiscalía General. Entre 70 y 80 fiscales en cada ciudad se dedican a atender investigaciones contra el crimen organizado y las estructuras delincuenciales: tipo A, como el Clan del Golfo y otras de nivel nacional; tipo B, que son las Odines, y  tipo C, los combos que se encuentran en las zonas urbanas y afectan también la seguridad ciudadana”, explica.

Fiscal

Su llegada la Dirección Seccional de Fiscalías

Hasta septiembre de 2016, Claudia estaba dedicada a su labor como fiscal. Teniendo como insumo una noticia criminal, una denuncia, una declaración de una víctima, construía los procesos, con el apoyo de la Policía Judicial, contra personas y organizaciones delincuenciales para llevarlos ante la justicia.

“Es un trabajo muy bonito, porque es construir una investigación que parte de cero, de la nada, y edificar todo un proceso de manera legal. Ese es nuestro trabajo”, comenta.

Seguramente por esa pasión con la que habla de su profesión y los buenos resultados que arrojó su gestión – gracias a su labor fue posible la captura de 800 miembros de ‘La Oficina’ –, fue designada como encargada de la Dirección Seccional de Fiscalías cuando salió del cargo Germán Darío Giraldo. Luego fue ratificada en el puesto por Néstor Humberto Martínez.

Ese momento lo describe Claudia como uno de los más satisfactorios de su carrera: “Para mí fue muy honroso que el Fiscal General me designara. Depositó en mí esa confianza como funcionaria y me otorgó la facultad de poder direccionar a los fiscales y empleados para continuar con el trabajo que se venía haciendo”.

Antes tenía bajo su mando a 50 policías judiciales y a un asistente. Hoy, más de 1.500 funcionarios siguen sus órdenes.

La fortaleza, su marca personal

“Siempre he tenido un carácter fuerte. Desde que llegué la Fiscalía mis investigaciones y mi trabajo siempre han sido muy bien estructurados”, afirma la fiscal.

“Se nace con la fortaleza”, añade la mujer que considera que su experiencia al trabajar en la unidad de crimen organizado le permitió aprender a ser recia con los integrantes de las organizaciones delincuenciales sin olvidar su parte humana.

“Reconozco que las personas que cometen esas conductas delictivas son seres humanos, al igual que el drama que vive la víctima dentro del proceso penal”, cuenta.

La amenaza

En su trabajo, aunque reconoce que puede sonar arrogante, Claudia está acostumbrada a levantar ampolla entre los criminales y a recibir amenazas contra su vida. Sin embargo, nunca deja de sentir indignación cuando se entera de algún plan en contra de su humanidad.

“Lo que hago como funcionaria, bien sea desde esta Dirección o cuando fungía como fiscal especializada, es representar a una institución. Estos no son temas personales contra integrantes de ninguna organización delincuencial, son un asunto institucional, una función que nos asigna la Constitución: nuestro empeño en investigar a estas personas y diseñar estrategias para generar sensación de seguridad en la ciudad de Medellín”, explica.

“Yo estoy trabajando de manera honesta y comprometida con la institución y con la comunidad”, añade.

Los que no se acostumbran a las amenazas son sus familiares. Su mamá ora todos los días para que no se materialice ninguna y sus seres queridos la llaman, le escriben, y la apoyan.

Para su tranquilidad, desde que el Fiscal General se enteró del plan, ordenó que se reforzara su esquema de seguridad. Además, dice Carrasquilla: “He recibido un apoyo irrestricto por parte de la Fiscalía y las demás autoridades de índole municipal y nacional. Los mismos medios y los compañeros, me han manifestado una solidaridad que me motiva a seguir adelante con este trabajo”.

Aspiraciones

Si llega un ascenso, no lo niega, sería un respaldo muy importante para su carrera. “Quién no va querer escalar”, reconoce.

Sin embargo, si eso no ocurre y termina su periodo como directora seccional, no tiene problema en volver a su trabajo como fiscal. “De verdad la investigación me apasiona bastante”, admite.

Para cerrar, el mensaje de Claudia para la delincuencia es claro:

“No voy a desfallecer en ese trabajo que me ha encomendado el Fiscal General de la Nación como directora y que vengo haciendo desde que era fiscal contra el crimen organizado. No voy a bajar la guardia en la labor que venimos haciendo con la Policía, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), con la misma Alcaldía, porque es nuestra misión y el fin que yo tengo en esta dirección”, declara.

Y a la comunidad la invita a que rodee a la institución, no solo solidarizándose con ella por las amenazas en su contra, sino apoyando con información el trabajo de todos los funcionarios.

“Nosotros lo que buscamos es el bienestar de los habitantes y establecer políticas que generen una sensación de seguridad en nuestra ciudad”, concluye.

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