La terrible intuición de Griselda: siempre supo que a su hijo lo iban a matar

La terrible intuición de Griselda: siempre supo que a su hijo lo iban a matar

8 de julio del 2014

En los últimos días Griselda Rangel estaba resignada a que en cualquier momento llegara alguien a su casa con la mala noticia del asesinato de su hijo. Su presentimiento se cumplió el pasado 9 de junio. Su hijo, Éver de Jesús Muñoz, de 15 años, fue asesinado con siete balazos en Soledad, Atlántico.

Recuerda unas duras palabras que le soltó a su hijo mayor en medio de una acalorada discusión y que hoy la hacen sentir culpable. “Le dije: Ojalá Dios te recoja rápido para descansar de ti, y él me contestó: así va a ser.  Eso me duele terriblemente porque yo no quería eso”, reveló El  Heraldo de Barranquilla. Cuenta la mujer que desde que su hijo tenía diez años se salía de la casa y volvía hasta caída la tarde con ropa nueva, celulares y hasta plata. Ese fue el primer indicio del trágico final.

Ever, el mayor de sus hijos, nació el 17 de julio de 1999. En ese entonces Griselda tenía 19 años y apenas estaba aprendiendo a vivir.  Ahora teme que sus otros dos hijos -de 14 y 9 años- tomen el mismo camino que emprendió Éver.

“Yo lo presentía, algo en mi corazón me lo decía. Él fue un niño que desde los 13 años cogió las drogas, desde los 10 se comenzó a rebelar”.

Las drogas y la calle

Ever comenzó  fumando marihuana. De ahí saltó al Ribotril, droga psiquiátrica que algunos consumen por adicción y luego llegó a la cocaína. En séptimo grado abandonó los estudios.  Luego se dedicó a vagar en las esquinas, aunque también recorrió el país detrás del Junior, su equipo favorito. Su vida se convirtió en drogas, atracos y peleas entre pandillas rivales.

“Andaba con los Kuervos y con los Perritos de Las Colonias. Le habían hecho seis audiencias en la URI de menores por hurto  y yo le preguntaba que por qué, y él me decía que para olvidarse de los problemas, de la situación económica y del rechazo de su papá”.

Justo un mes antes de su asesinato había logrado burlar la muerte. En medio de un atraco recibió un tiro en uno de sus talones. Estuvo un solo día hospitalizado  y  una semana después lo volvieron arrestar por asalto.

Fue recluido en una cárcel para menores, pero a los pocos días  tuvieron que regresarlo a su residencia  porque se había contagiado de varicela. “Vecinos me habían dicho que estaba pago”. Griselda se refiere a los rumores sobre la orden de asesinar a su hijo por un asunto de limpieza social.

Para la madre la causa del  comportamiento de Éver se debió a lo que tuvo que vivir cuando era pequeño. Durante dos años vivió con su padre, quien en una ocasión lo abandonó en casa de unas amistades en el municipio de Puerto Colombia. A los ocho años, Éver aprendió a ganarse la vida cantando y pidiendo limosna. Para Grilselda, esa experiencia marcó la vida de su primer hijo.

“A mí me tocaba trabajar de siete de la mañana hasta las dos de la tarde y él y su hermano se me quedaban solos, por eso una vez el Bienestar me los quitó y se quedó con ellos tres meses. Eso fue muy duro para nosotros, y el papá nada que ver, así que a mí me tocó asumir todo”.

Griselda relató con resignación y tristeza que en una ocasión llegó hasta la puerta de su casa un sujeto armado con un revólver reclamado que Ever lo había robado.

“Eso fue horrible porque amenazó a todo el mundo en la casa y al padrastro de Ever, que es el papá de su hermanito de nueve años, lo asustó gritándole que le iba a disparar porque Ever le había robado la billetera con plata y con los documentos”.

El crimen

El día en que mataron a Ever de Jesús, su madre  lo notó algo intranquilo. “Él salió a las cuatro de la tarde para una verbena y antes de irse me dijo: mamá, si me pasa algo no quiero que me lloren ni que me guarden luto. Dijo que lo único que quería era que lo enterraran con la camiseta del Junior y que sus amigos lo despidieran como en un juego en el estadio… y así lo hicimos”.

Ese día, antes de la una de la madrugada y en medio del sueño, Griselda sintió a Éver al lado de su cama y también los labios del joven posarse sobre su frente.“El señor Juancho tocó duro la puerta, ya eran las tres de la mañana. Cuando abrí le dije: Me vienes a avisar  que mataron a Ever, y el señor preguntó: ¿Usted por qué sabe? Le respondí: porque él ya se despidió de mí’”, relata El Heraldo.