El historial de dolor y muerte que dejó Popeye

6 de febrero del 2020

Conozca algunos detalles del prontuario criminal de la mano derecha de Pablo Escobar.

El historial de dolor y muerte que dejó Popeye

Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, se definía a sí mismo como un asesino profesional, general de la mafia, experto en el terrorismo y en todo lo relacionado con la delincuencia.

Le juraba amor, respeto y lealtad eterna a Pablo Escobar Gaviria, fundador del temido Cartel de Medellín y uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo. Aseguraba que no tenía miedo de acabar con su propia vida o la de su familia si el mismo “patrón” se lo pedía.

Popeye, nacido en Yarumal (Antioquia), trabajó de la mano de Escobar por varios años y se convirtió en su sicario número uno. Mató personalmente a 300 personas y participó en por lo menos tres mil homicidios.

Decía que para ser un buen asesino se debía tener “una mentalidad de guerra” y que no se podía pensar dos veces para dispararle a una persona justo entre las cejas, sin importar que alrededor estuvieran niños, niñas, curas o mujeres en embarazo.

Los años en prisión

Velásquez Vásquez estuvo involucrado, como jefe de matones de Escobar, en el magnicidio de Luis Carlos Galán, en el ataque al vuelo 203 de Avianca y en la bomba a la sede del DAS en Bogotá. 

Se entregó a las autoridades en 1991 y se comprometió a colaborar con la justicia. Fue condenado a 30 años de prisión por delitos como terrorismo, concierto para delinquir, homicidio, narcotráfico, secuestro y porte ilegal de armas, pero recibió una rebaja en la pena.

Pasó 23 años y 3 meses en la cárcel de alta seguridad de Cómbita en Boyacá. En ese entonces decía que las cuatro paredes grises del penal no lo desesperaban y que estaba listo para defenderse si alguien lo mandaba a matar.

Mientras estuvo preso se dedicó a estudiar, trabajar y escribir. Sacó un libro en el que plasmó algunas historias junto a Escobar, enfrentamientos contra otros carteles de la droga y ataques que cometieron “Los Extraditables” para presionar al Estado colombiano y cumplir con la famosa frase de “prefiero una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”.

Quedó en libertad condicional y esto generó un gran debate en el país, pues algunos consideraron que una persona como él debía morir tras las rejas.

De criminal a youtuber

La única vez que Popeye sintió miedo fue cuando mataron a Pablo Escobar en 1993. Al salir de la cárcel se enfrentó a una situación desconocida: andar por las calles de Medellín sin “el patrón”, sin armas y sin la cantidad de escoltas que le cuidaban la espalda. 

A Velásquez Vásquez le tocó buscar opciones para vivir sin volver a ser bandido. Decidió incursionar en el mundo de YouTube y otras redes sociales para hablar sobre política, compartir sus pensamientos y experiencias.

Según dijo en una entrevista que concedió a KienyKe.com en 2016, “vio a la tecnología como una herramienta muy poderosa, aún más que a las armas”.

“Cuando salí de la cárcel busqué mucha ayuda. No me importaba salir a barrer una calle, recoger la basura, trapear, pero nadie me dio una oportunidad”, narró.

Pasaron los meses y se hizo popular en la ciudad, tanto así que la gente lo empezó a llamar “héroe” y “guerrero”. No era extraño verlo rodeado de varias personas que le pedían fotografías, autógrafos y hasta abrazos.

“La gente me empieza a parar en la calle a abrazarme y saludarme. Las personas del común y corriente me han dado tanto amor que eso me penetró el corazón. Les doy un consejo: Yo, el bandido más peligroso que ha tenido Colombia, recomienda que si usted quiere combatir a un bandido, dele amor, eso a nosotros nos desarma”, contó.

De vuelta tras las rejas

Velásquez Vásquez fue capturado en mayo de 2018 para responder por un nuevo proceso judicial.  La Fiscalía pidió la revocatoria de su libertad condicional porque aseguró que no cumplió con los compromisos de buen comportamiento y que retornó a sus “malas andanzas”.

Le imputaron cargos por concierto para delinquir agravado y extorsión agravada, y lo enviaron a la cárcel La Tramacúa (Valledupar) donde compartió celda con otros de los criminales más peligrosos de este país.

En noviembre de 2019 se dio a conocer que la era de Popeye había llegado a su fin. Su abogado defensor pidió ante un juez que le fuera concedido el beneficio de casa por cárcel porque estaba en delicado estado de salud.

Popeye falleció en la madrugada del jueves por un cáncer de esófago que le hizo metástasis. Se llevó consigo las verdades más dolorosas de este país, entre ellas, los tentáculos del Cartel de Medellín en las esferas del poder y detalles de los ataques contra magistrados, jueces, políticos, periodistas, policías y ciudadanos que se “interpusieron” en su camino.

Su muerte revivió el sufrimiento de miles de personas que tuvieron que ver cómo él y su grupo de criminales le arrebataron los sueños a sus familiares e hicieron de los años 80 y 90 una de las épocas más violentas y oscuras de la historia de Colombia.

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