Un expresidiario revela cuánto dinero se mueve en la cárcel Modelo

Un expresidiario revela cuánto dinero se mueve en la cárcel Modelo

3 de Marzo del 2015

Cuando David Sarria, un empresario solicitado en extradición por el gobierno argentino, publicó una selfie en Facebook en la que aparecía con sus nuevos compañeros de celda, al parecer tomando ron, desencadenó una polémica en redes sociales.

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La fotografía apareció horas después de que Sarria fuera capturado y puesto tras las rejas en Palmira, Valle del Cauca. ¿Cómo ingresó un celular a la celda? ¿De quién era el aparató? ¿Los guardias lo permitieron? ¿Es fácil ingresar este y otros elementos a las prisiones? KienyKe.com quiso responder algunas de estas dudas.

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Miguel* estuvo preso en la cárcel La Modelo de Bogotá durante 26 meses. Fue hallado culpable de participar en un fleteo a un comerciante de San Victorino.

– Lo primero que hay que decir – cuenta Miguel – es que en la cárcel se consigue de todo. Lo único que hay que tener es plata.

El ‘mercado negro’ de La Modelo inicia tan pronto uno pone un pie adentro. – Cuando uno ingresa a la cárcel, lo llevan hasta una jaula grande a la que le dicen “primarias”, es dónde uno se queda mientras le anuncian qué patio le asignaron. Dicha decisión depende muchas veces de una entrevista con el área de psicología y con funcionarios del Inpec –, narra Miguel.

– Si se quiere un patio específico, ya sea por seguridad, por bienestar o por negocio, hacer ese cambio vale en promedio unos 500 mil pesos. El traslado lo hacen desde la administración del penal y el cobro lo llevan a cabo guardias. Si ya se está dentro del patio asignado el negocio lo coordina “el pluma”, que es el que manda en el patio. Todo patio tiene un “pluma” –, indica.

A la cárcel, según Miguel, lo más común que ingresa es drogas, licor y celulares – Es un negocio que deja millones de pesos y del cual comen muy pocos, eso sí, entre ellos los guardias del Inpec–, asegura la fuente, que narró cómo se mueve el negocio hasta hace un par de meses que cumplió su condena.

No todos los presos tienen celda. La de Miguel, la cual compró a los tres días de estar adentro, la adquirió por 800 mil pesos. Se la compró al “pluma”. Fue suya mientras estuvo preso.

– Mire, dice Miguel – los guardias tienen pleno conocimiento de todo lo que se mueve dentro de su patio y cobran vacuna por eso. Todos los presos, excepto los que no lo pueden hacer por sus paupérrimas condiciones económicas, tienen que entregar una cuota mensual para pagarle a los guardias del patio y así ellos no joden tanto.

– En el patio en el que yo estaba, el 2A, uno de los más tranquilos y manejado por paramilitares, a los guardias se les pagaba 600 mil a cada uno y son cuatro, repartidos en dos turnos.

Miguel aclara que aunque a ellos se les da ese dinero para que no suban mucho a los pasillos y no hagan requisas, si a un preso le encuentran un celular, se lo quitan y eso genera otra vacuna, la cual es en promedio de 50 mil pesos. – Si el preso tiene efectivo en su poder lo paga ahí mismo o se le deja afuera con doña M…, una mujer muy conocida en la cárcel y sus alrededores, quien es como el banco de los presos de La Modelo–.

Mafia en la carcel

El mercado negro dentro de la cárcel lo conforman principalmente la marihuana, el perico, pepas, licor, celulares, pilas y cargadores para celulares. Según Miguel, los “plumas” no dejan consumir bazuco, el que logre ingresarlo y sea descubierto será expulsado del patio.

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Cada recluso que tenga un celular debe pagar al “pluma” 40 mil pesos semanales, únicamente por el derecho a tener el aparato. El pasillero, los ojos del “pluma” en cada piso del patio, también recibe su parte por vigilar y tener al tanto al “pluma” de lo que pasa en su piso. Es el pasillero quien sabe cuántos celulares hay, quién vende drogas, quién tiene aguardiente.

Toda la plata que se mueve en los diferentes pagos y cobros dentro de la cárcel es administrada por doña M…, a ella los familiares entregan el dinero de las deudas que se adquieren adentro.

El campanero, quien avisa si pasa algo que altere la tranquilidad del patio, como la ronda de un guardia, la requisa de un grupo de ellos, recibe en promedio 40 mil pesos mensuales por piso.

– Mario subiendo – cuando el campanero grita estas dos palabras, indica que es la típica ronda de uno de los guardias del patio.

– Mario grande – este grito, según lo narra Miguel, es el anuncio de un grupo de guardias, en promedio unos 50, que suben a los pasillos con el objetivo de requisar todas las celdas y a todos los presos en búsqueda de teléfonos, armas, drogas. Esa requisa se llama la “rascada”.

– Si en una “rascada” los guardias pillan algo indebido en las celdas, sea droga o teléfonos, por ser una batida tan grande es muy difícil pagar para salirse del problema. En ese momento otro preso, uno que esté condenado a muchos años o que no tenga ilusión de salir rápido, por 20 o 50 mil pesos asume la responsabilidad del hecho y dice ser el dueño de lo incautado–, contó.

Cuando un preso es hallado con algo indebido se le realiza un informe el cual puede, dependiendo la gravedad del hecho, afectar su hoja de conducta y entorpecer beneficios como la libertad condicional o las rebajas de la condena por buena conducta. Por eso hay dolientes que asumen la culpa. A Miguel le pillaron un celular, aunque lo perdió, no le hicieron informe. Pagó 30 mil para que un compañero de patio asumiera la responsabilidad.

Cada piso tiene en promedio unos 20 teléfonos y todos tienen una caleta dentro de la celda. Todos los reclusos pueden tener uno pero es un beneficio costoso. Aparte del aparato hay que hacer caletas para la pila y el cargador.

– Las caletas se hace dentro de la pared, en el piso, en los desodorantes, en las sillas, en los gabinetes. Donde menos se piense hay caletas y si uno no las sabe hacer, pues hay gente muy dura que le hace una. Dependiendo lo compleja y lo difícil de hallar, el precio va desde los 50 hasta los 100 mil pesos –, narra Miguel, quien confiesa que la suya estaba hecha en la pared, bajo un ladrillo, y que resistió las decenas de “rascadas” que presenció.

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La mayoría de los teléfonos que hay en la cárcel, según Miguel, son nokias 1100 y 1108. También dice que con la nueva implementación de antenas que buscan quitarle la señal a los teléfonos, los avanteles empezaron a llegar a la cárcel.

¿Quién, cómo y cuánto?

Miguel tenía un 1100. Lo compró una semana después de haber ingresado a la prisión. Le costó 160 mil pesos. Se lo negoció a otro interno. Luego de conocer quién y cómo ingresaba un nuevo aparato vendió el que tenía y mandó entrar un 1108, que tenía pantalla a color y era más nuevo que el anterior.

– Quienes ingresan los celulares a la cárcel no son otros, y no pueden ser otros