Por perder la cédula terminó en la cárcel

Por perder la cédula terminó en la cárcel

2 de marzo del 2014

En marzo de 2009 Apolinar León Munevar, de 44 años, se encontraba en una cancha de tejo en Bosa, al suroccidente de Bogotá, mientras compartía con sus amigos. De un momento a otro llegaron dos policías y pidieron las cédulas a los asistentes para verificar los antecedentes penales.

Después de verificar los de Apolinar el policía le dijo que aparecía en el sistema con una condena de 72 meses por hurto agravado.

“Un policía le dijo a otro: póngale los ganchos que este tiene orden de captura. Yo me puse a llorar desesperado, todos los compañeros gritaban: ayúdenlo, él no es ningún criminal”, señala Apolinar al recordar el día en que la vida le dio un giro.

En el barrio en el que vivía nadie podía creer cómo un humilde zapatero de oficio, trabajador, noble, alegre y dicharachero pudiera haber cometido algún delito. Ni él mismo entendía lo que estaba pasando. Incluso algunos de sus vecinos salieron en su defensa y les gritaron a los agentes que lo conocían y que sabían que no era ladrón sino zapatero.

Apolinar pensó que lo llevarían a una estación de policía pero se equivocó. Inmediatamente fue trasladado a la cárcel La Picota de Bogotá. Apolinar pedía a los agentes que cotejaran sus huellas dactilares, mientras gritaba que era inocente.

Apolinar preso

“Yo vine a saber por qué me estaban encarcelando cuando llegué a La Picota. Sólo me decían que estaba condenado, siempre pedía que me hicieran identificación plena de las huellas digitales, porque yo no había hecho nada malo”, aseguró.

¿Demostró su inocencia?

En la cárcel se enteró por la oficina jurídica que dos años atrás una persona identificada con su nombre y cédula había cometido un hurto en una bodega al sur de Bogotá, pero fue descubierto por la policía del sector. El hombre, para evitar ser detenido, saltó por la ventana desde un tercer piso y se partió una pierna. Fue trasladado a un hospital y se identificó como Apolinar León Munevar, aunque nunca mostró la cédula ni  la policía cotejó las huellas dactilares para su identificación.

El sospechoso de cometer un millonario hurto fue sometido a una cirugía en la pierna derecha. La cirugía le dejó una cicatriz. El hombre aprovechó un descuido de los agentes que lo custodiaban y se escapó.

“Siempre trabajé como zapatero, el oficio que aprendí de mi mamá y jamás he robado a nadie”, cuenta Apoinar y dice que en seis ocasiones botó la cédula y esa sería una posible causa para que una persona se identificara con sus datos personales.

En la cárcel Apolinar tuvo un ataque de nervios y además el poco dinero que tenía se lo dio a un abogado que poco o nada había hecho por representar su caso.

“Ahí empezó mi sufrimiento, en la cárcel una noche me dio taquicardia, me iba a dar un infarto. De no ser por mis compañeros que me auxiliaron, me muero. Me daba tembladera en todo el cuerpo y no podía tranquilizarme”, recuerda Apolinar.

Un día en la cárcel, cuando cumplía seis meses  preso, se encontraba sentado en un pasillo llorando. Un preso se acercó y le dijo que le pidiera ayuda al grupo de abogados de la universidad Manuela Beltrán (UMB) que visita la cárcel para ofrecer gratis asesoría jurídica a los presos, sobre todo de bajos recursos y que no pueden contratar los servicios de un abogado.

Juan Carlos Cárdenas, director del Proyecto Inocencia de la UMB, dijo que estudiaron el caso de Apolinar y se dieron cuenta de inconsistencias graves, como por ejemplo que no se haya cotejado las huellas dactilares del hombre que cometió el hurto y de Apolinar.

“Ninguna justicia en el mundo es perfecta pero en este caso se cometió un grave error. Cuando una persona es capturada por sospecha de cometer un delito, siempre debe ser identificada por cotejo de huellas dactilares y corroborar que sea la persona que dice ser”, afirma Cárdenas.

Cuando estaba a punto de cumplir nueve meses preso, Apolinar llamó al Juzgado de Ejecución de Penas para conocer su caso. Le dijeron que el juez, en ese momento, estaba firmando su boleta de libertad. “Apenas colgué me desmayé de la emoción y me ayudaron a levantarme unos compañeros”, contó emocionado el zapatero más famoso de Bosa Naranjos.

Francisco León, uno de los abogados del Proyecto Inocencia de UMB, dijo que buscó la historia clínica del hombre que fue capturado y sometido a una cirugía en el Hospital El Tunal, al sur de Bogotá y los reportes de cédulas perdidas de Apolinar para determinar su inocencia. “Con esa información se comprobó que Apolinar León no era el hombre que había cometido el delito. Se solicitó a Medicina Legal que corroborara que el hombre recluido en la cárcel La Picota no tenía cicatriz alguna y que tampoco había sido sometido a ninguna cirugía. Una vez conocido el informe, Apolinar quedó libre”, aseguró.

Consecuencias

Pese a que Apolinar volvió a retomar su vida después de su paso por prisión, su esposa, quien lo visitó todos los domingos, murió a los cuatro meses de salir de la cárcel. “Murió de lupus y fue por la preocupación de verme en la cárcel y además porque yo era el que trabajaba”, dice.

Además Apolinar hasta el momento no ha podido superar los nervios y la ansiedad que siente cada vez que un policía se les acerca para pedirle papeles. “Vuelvo a recordar todo y creo que otra vez voy a estar preso”, cuenta.

Pese a que su pasado judicial quedó limpio, en el sistema aparece su estadía en La Picota. “Le dañan la hoja de vida a uno. Cuando los policías me piden papeles, me preguntan por qué estuve preso”.

Apolinar contrató otro abogado que ahora lleva su demanda contra el Estado por los daños y perjuicios que sufrió por la “ineficiencia” de la justicia, como él la califica.

“El Proyecto Inocencia no tiene nada que ver con las demandas de reparación contra el Estado. El usuario puede decidir si demanda o no pero debe contratar otro abogado”, aclara Francisco León, quien lideró el caso.

El pasado 28 de febrero el Consejo de Estado condenó a la Nación a pagar 3.000 mil millones de pesos a Alberto Júbiz Hasbum, Héctor Manuel Cepeda Quintero y Norberto Hernández Romero, quienes fueron acusados de ser los autores materiales del homicidio del candidato liberal Luis Carlos Galán, ocurrido el 18 de agosto de 1989.

Apolinar preso inocente, kienyke

Según el pronunciamiento del alto tribunal “tanto la captura de los tres ciudadanos como la investigación adelantada en su contra estuvo fundada sobre múltiples irregularidades que fueron reconocidas, incluso, por la propia Fiscalía… al momento de cerrar el proceso y ordenar su libertad”.

Con relación a lo anterior, el director de Proyecto Inocencia sostiene que no se puede cuantificar el número de personas que se encuentran presas siendo inocentes. Aclaró que en la mayoría de casos existe suplantación de identidad, como el caso de Apolinar y manipulación de testigos.

“En todas las cárceles existen presos inocentes”, dice Cárdenas y además cuenta que el proyecto que él lidera ha comprobado la inocencia de 11 personas.

En Twitter: @Dacortega