“Recé un padre nuestro antes de matar al asesino de mi mamá”

9 de septiembre del 2016

Desgarradora historia de muerte, drogas y descontrol.

“Recé un padre nuestro antes de matar al asesino de mi mamá”

“Yo empecé a callejear desde muy pequeño y por eso adquirí mañas. Cuando sentía que no tenía pa’ donde irme y nada que hacer con mi vida, llegó un momento de alivio. Frente al andén donde estaba sentado se parqueó una camioneta, de la que se bajó un cura que me ofreció su ayuda y la acepté. Me llevaron a una casa donde había puras niñas, ninguna superaba los 14 años, pero su común denominador era que todas tenían unas caras de achante y se impactaron cuando llegué”.

Estas fueron las primeras palabras que *Jeisson dijo a KienyKe.com e inesperadamente su historia daría un giro.

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“Por curiosidad le pregunté a una de ellas que por qué las caras largas, y con una voz  ronca una me dijo que el man las violaba y drogaba, no diariamente, pero que de vez en cuando cogía a una de ellas y las maltrataba”.

Antes de ser la persona que es hoy, *Jeisson tuvo una infancia y adolescencia rebelde. No le hacía caso a la señora *Gloria, su madre y su padre había fallecido a causa de una tuberculosis años atrás.

“Jamás conocí a ‘Don Juan’ o ‘Don Juanito’ como le decían de cariño a mi papá  las viejitas de la cuadra. El único recuerdo que tengo de él es diciéndome que cuidara de mi mamá y no me metiera en problemas, palabras que nunca en la vida me importaron hasta que me libré del chicharrón en el que me metí”, dijo entre risas.

Con el tiempo “todos en el barrio decían que yo había empezado a coger malos pasos y a descarriarme de todo lo bueno que me habían enseñado mis papás, mi mamá poco se la pasaba en la casa y por eso era que fumaba en todo lado dándomelas del putas”.

Su gusto del tabaco ya no le hacía sentir nada porque había empezado a probar cosas más fuertes como la marihuana.

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“La primera vez que fumé marihuana también me fumé un cigarro, en ese momento eso me supo a mierda, entonces le perdí la gracia y lo cambié por la dulce sensación que le hacía el THC a mi cuerpo”

Un día luego de salir de clases, la psicóloga lo llamó. Todos pensaron que lo iban a sacar por estar metiendo vicio dentro del colegio o porque ese mismo día se había peleado con el militar que daba educación física.

Con amargura descubrió que no era ni lo uno ni lo otro. La psicóloga lo llamó para darle una noticia “su mamá está en el hospital”,dijo, también le comentó que había sido arrollada por una camioneta blindada pero afortunadamente esa misma camioneta, de placas FCK 373, la llevó hasta el hospital más cercano. Luego se volaron.

“Ese día yo estaba en una traba muy brava, pero apenas la vieja me dijo que mi mamá estaba en el hospital se me bajó todo. Corrí como nunca para saber dónde y cómo estaba. Finalmente la encontré en una camilla vuelta mierda. A duras penas me miraba y podía hablar”.

*Jeisson cuenta que su boca estaba llena de sangre y algo de baba porque había convulsionado por el accidente. Le dijo que si tenía algo que decirle a su papá se lo dijera de una vez, porque con lo pesimista que era ella, decía que iba a morirse ahí mismo.

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A Jeisson los médicos lo sacaron del cuarto porque iban a llevar a la Señora Gloria a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) para operarle las heridas del accidente, las cuales eran  graves, entre ellas algunas costillas rotas y un trauma craneoencefálico.  

“El poder de la palabra es bastante grande, mi mamá decía que se iba a morir y así fue, esa misma noche murió, ni siquiera logró llegar a la UCI para que la trataran. Ese día terminó siendo el más ‘paila’ de toda mi vida. Se había muerto mi mamá”.

A los tres meses debido a los excesos, Jeisson ya no tenía plata, comida o una casa donde pasar la noche. Lo único que tenía en ese entonces era una camiseta deshilachada, unos tenis Venus morados, un jean percudido y una cuerda que rodeaba su delgada cintura que le hacía de cinturón.

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“Un día llegó un momento de alivio, frente del andén donde estaba sentado se parqueó una camioneta, se bajó un cura que me ofreció su ayuda y la acepté. Me llevaron a una casa donde había puras niñas, ninguna superaba los 14 años, pero común denominador era que todas tenían unas caras de achante y se impactaron cuando llegué”.

Cuando Jeisson describe la casa, comenta que el lugar era grande, tenía como 15 cuartos y baños en cada uno de ellos, lo que no le daba buena impresión era la cara de las niñas que había visto cuando llegó, casi todas características de una persona que consume drogas.

Al parecer lo único que hacía este hombre no era violar niñas. Dentro de uno de los cuartos de la casa Jeisson encontró una gran cantidad de marihuana en forma de pacas heno, todas muy bien alineadas.

*Clara, una de las niñas que se encontraba en el lugar le comentó a Jeisson que estaba en ahí por las mismas razones que él. Problemas de drogadicción y llegaron con la falsa promesa que el cura les ayudaría, pero solo las violaba, drogaba y maltrataba.

Luego de hablar con Clara, las cosas ya estaban más claras, el man era el que distribuía marihuana por todo el barrio donde vivía Jeisson.

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“Estaba tan llevado por el vicio que pensé en irme y llevarme algo de marihuana, pero luego reaccioné y sabía que tenía que solo tenía que irme. No iba a dejar que me violaran o me hicieran hacerle algo a esas niñas”.

Luego de tomar la decisión se fue al parqueadero y se dio cuenta que la camioneta que estaba parqueada era la misma que había atropellado a su mamá, FCK 373.

“Yo vi esos números en esa placa amarilla y quedé frío. Estaba en la casa del asesino de mi mamá y no me iba a ir sin hacerle algo al man”.

En el camino a la casa el cura le dijo que lo pondría a hacer labores del hogar y de la tierra a cambio de ayuda psicológica, médica y espiritual, entonces fue el momento perfecto para que Jeisson le pidiera raticida con la excusa que el cuarto de las niñas estaba plagado de roedores.

“Terminé diciéndole Clara, quien era la que cocinaba, que se lo echara en la comida. Y así fue, nadie comería esa noche, solo el cura y los tres tipos que cuidaban el lugar para que él pudiera escapar”.

A la hora de la comida, tipo nueve de la noche, mientras estaban en el comedor, Jeisson vio la oportunidad de escapar, pero no sin antes llevarse algo de marihuana. Aunque algo le hacía falta. Tenía que ver al menos como se retorcía el cura.

Se dirigió a la cocina pero antes de que llegara escuchaba los gritos de algunas de las niñas y una voz gruesa, lo guardas estaban pidiendo ayuda.

“Cuando escuché los gritos me iba a devolver, y  fue cuando uno de esos manes se me vino corriendo detrás, entonces lo que hice fue correr al potrero de atrás y saltar ese muro como todo un mexicano y meterme bosque adentro”.

Jeisson se fue con el alivio de venganza, de saber que el asesino de su madre había pagado de alguna manera, vivo o muerto habría sufrido.

“Lo único que me dejó pensando fue la vida de esas niñas, ojalá ninguna haya comido nada y hoy en día estén fuera de personas como el cura”.

“Fue duro, no solo la noche en que recé porque ese man se muriera sino por todo lo que tuve que pasar para caer en cuenta de que estaba por un mal camino. Hoy en día ya tengo estudio gracias a Dios, me rodeo de gente de bien y vivo bien, solo espero que nadie tenga que pasar por estas experiencias tan fuertes para darse cuenta que están yendo demasiado lejos”.

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