Gio salió del colegio para encontrarse con la muerte

Gio salió del colegio para encontrarse con la muerte

17 de febrero del 2017

No aguantó la presión. Giovanni se lanzó al vacío; se suicidó. Tenía 16 años. La escena fue presenciada por Antonella, su madre, su padrastro y un grupo de policías que registraba la habitación del joven. Buscaban hachís, un producto del canabis que Gio fumaba. Lo encontraron. Así como él encontró la muerte.

Antonella quiso evitar que su hijo se perdiera en las drogas y pensó – equivocadamente – que avisarle a la policía era la mejor opción. La Guardia de Finanzas (una fuerza especial de las Fuerzas Armadas de Italia) esperó al joven a la salida del colegio. Gio se asustó y terminó confesando que en su cuarto tenía unos gramos de hachís. Diez para ser exactos.

Mientras los policías levantaban las almohadas, abrían los armarios, los cajones y husmeaban por todo el lugar; Gio discutió con su mamá y cuando los uniformados encontraron lo que fueron a buscar Giovanni saltó desde el tercer piso.

La tranquila Lavagna, una pequeña localidad de Génova, en el norte de Italia, está impactada con la noticia. Los 13.000 habitantes aún tratan de encontrar respuestas.

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Antonella llora desconsoladamente y desde el alatar de la iglesia en la que se celebró la misa para despedir a su pequeño, ofreció un corto pero sentido discurso. “Excúsame, yo quería salvarte”, dijo.

“Perdóname por no haber logrado colmar el vacío que llevabas dentro. Quiero imaginar que allá arriba a acogerte estará tu primera madre y que tu corazón pueda ser colmado en un abrazo que te llene para siempre el corazón”.

En la iglesia nada se escuchó. Ni siquiera la respiración de los presentes. Antonella se despidió de su hijo y de paso envió un mensaje a los jóvenes de Lavagna, a los jóvenes del mundo.

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“En cada uno de vosotros están presentes talentos que os hacen únicos, irrepetibles, y tenéis el deber de desarrollarlos. Pero desde fuera hay alguien que los quiere sofocar, haciendo creer que es normal fumar hachís y que también es normal ir siempre más allá, en busca de la cosa extraordinaria. Lo extraordinario es apagar el móvil y hablaros a los ojos, en lugar de mandaros emoticones por WhatsApp. Extraordinario es pedir ayuda cuando os parezca que no hay vía de salida. Jóvenes, no tengáis miedo de hablar. A nosotros, padres, nos toca comprender que el desafío educativo no se gana estando solos. Ayudémonos unos a otros. No debe haber vergüenza, salvo en el silencio. Unámonos”.

Italia despide a Gio

Feretro c

Mientras hablaba, Antonella miró el féretro de su hijo. Sobre él, una camiseta azul celeste con rayas blancas. El número seis en la espalda. Es la casaca del Virtus Entella, el equipo de fútbol en el que jugaba como defensa central. “Era tenaz y sensible. Era un líder que arrastraba a todos en el esfuerzo hasta el último minuto”, dijo su entrenador.

Marco, el padre de Gio, poco habló. Evitó a los periodistas, a las redes sociales, a todos. Solo lanzó una reflexión y lo hizo luego de reconocer que en varias oportunidades pidió a la policía hacer controles al rededor del colegio en el que estudió su hijo para evitar que los traficantes de droga vendieran en ese lugar.

“Cuando se hacen estos controles, sobre todo cuando hay por medio un chaval joven y frágil como Giò, sería necesario el apoyo de un especialista capaz de leer ciertas señales y las emociones del momento”.

Es un problema social al que se refirió el periodista y escritor Massimo Gramellini: Se trata de problemas educativos y no judiciales o policiales. La cosa mejor es pedir ayuda a figuras competentes que puedan orientarlos. Sería necesario que hubiera un apoyo amplio para madres y padres, como sucede en Europa, mientras en Italia se les deja solos. Se debe hablar más entre padres y madres para encontrar una línea educativa compartida. El desacuerdo entre los padres y con los profesores crea muchos daños. Los jóvenes no saben a veces a qué atenerse”.