Brasil evitó el ridículo y le ganó a Chile de infarto

Brasil evitó el ridículo y le ganó a Chile de infarto

28 de junio del 2014

Comenzaron los octavos de final y allí se dice que siempre aparece Brasil. El ‘Scratch’, encargado de darle apertura, pintó de amarillo el estadio Mineirao de Belo Horizonte. En frente, once chilenos acompañados de un puñado de valientes hinchas que le hicieron frente a los 50.000 brasileños. Ni siquiera los silbidos al himno chileno los amedrantó en la previa.

Un policía dio luz verde para que el juego empezara y con él, las patadas. Este no es el Brasil de antaño, el que respeta la pelota y hace el ‘jogo bonito’. A este le gusta la fricción, la lucha, la pierna fuerte. Chile cayó en el juego ‘verdeamarelho’, algo que no sabe hacer con eficacia. Con el panorama ríspido, Brasil comenzó siendo superior de entrada. La actitud compensó la falta de talento y la merma de su máxima figura, que golpeado en la rodilla gracias al juego brusco, estuvo más preocupado por su físico que por otra cosa en los primeros minutos.

Otra de las armas de este Brasil más pragmático es la pelota parada. Las cartas de gol ahora son los defensores centrales, en otra época los encargados eran los Pelé, Romario, Bebeto, Ronaldo, etc. Por los aires, con jugada preparada, Thiago Silva peinó un cobro de tiro de esquina asistiendo a David Luiz en el segundo palo que tuvo el gol servido, pero que Gonzalo Jara tocó antes del contacto del zaguero, enviando el balón a su propia puerta adelantando al conjunto local, un poco mejor.

Chile lució confundido. El juego espectacular que mostró en fase de grupos no aparecía. El único que se rebeló a esa supremacía local en Belo Horizonte fue Alexis Sánchez. Sin embargo, para el ‘Niño Maravilla’ era imposible vencer toda la defensa brasileña sin la ayuda de sus compañeros. El auxilio llegó de quien él menos esperó: error de Brasil.

Marcelo realizó un saque de banda con destino a Hulk, que no supo devolverle la pelota al lateral izquierdo. La pelota quedó corta y Eduardo Vargas se apropió de ella. El delantero encontró a su socio en ofensiva y habilitó a un solitario Alexis que dominó y le pegó rápido, de forma suave y rasera al palo más lejano de Julio César. Chile, en la primera jugada de riesgo que generó, empató el partido en poco más de media hora de juego.

La selección austral mejoró, pero irónicamente la figura en los últimos minutos del primer tiempo fue su arquero Claudio Bravo. Brasil apostó a la fórmula que emplea cuando se ve en aprietos, llevarse al rival por delante en base a fuerza, potencia, centros y cabezazos. Ahí, el portero chileno le sacó una pelota a Daniel Alves que buscaba ángulo. La mejoría de Chile se vio en el irrespeto a la defensa brasileña y Aranguiz pudo haber adelantado a su equipo, pero la mala definición permitió la recuperación de la defensa y Brasil, agobiado, encontró un amigo en el pitazo del juez inglés.

En la segunda mitad las condiciones las puso Chile. La ‘Roja’ se quitó el miedo inicial y empezó a jugar el fútbol por el que se ganó el mote de ‘Caballo Negro’ del torneo. Brasil no encontró los caminos por bajo y apeló a las alturas cuando Marcelo lanzó el balón al área y Hulk recibió, le pegó de forma defectuosa pero pudo batir al arquero Bravo adelantando a Brasil. Euforia en todo Mineirao, solo por unos segundos, porque Webb anuló el gol por una supuesta mano del atacante que las distintas cámaras de televisión no le pudieron dar absoluta claridad.

El tiempo se fue extinguiendo así como las fuerzas en uno y otro equipo, que empezaron a atacar cada vez menos. El tiempo extra se vislumbró en el horizonte brasileño y austral. Cuando se animaron, tanto Bravo como Julio César hicieron los deberes y atajaron de forma correcta. Obligado por la localía, Brasil empujó un poco más pero sin claridad. El miedo al fracaso lo hizo replegarse y pactar los inevitables tiempos extra.

Los calambres aparecieron en uno y otro equipo. Sin embargo, se vio más entero a Brasil. Con Neymar desaparecido, el que tomó la bandera en la tarde de Belo Horizonte fue Hulk. Más allá del error, el fuerte delantero guió a su equipo y se enfrentó varias veces a Bravo, figura de la ‘Roja’. En el tiempo añadido se produjo un nuevo enfrentamiento y ahí el guardameta también fue el vencedor.

Chile renunció a su forma de jugar y se replegó. No lo hizo por convicción, sino por necesidad. Gary Medel abandonó el terreno de juego lesionado, con cara de angustia pero sabiendo que entregó todo. El reto chileno fue aguantar hasta la definición desde el punto penal, pero el destino le hizo un guiño a Chile para que tuviese la oportunidad de hacer historia de la grande.

Pinilla se juntó con Alexis Sánchez y entre paredes, el ingresado delantero remató con potencia venciendo a Julio César. Los corazones de los brasileños se detuvieron y las lágrimas asomaron, pero el palo les dio una vida más. El travesaño escupió el remate de Pinilla faltando segundos para el final y envió todo a los penales.

Los jugadores brasileños lloraron. Para ellos, fallarle a un país en octavos de final era un fracaso monumental. Se aferraron al cielo, a un milagro que su Cristo del Corcovado les cumpliese. Julio César les dio una mano. El guardameta atajó dos penales, pero el arquero Bravo mantuvo a Chile con vida. Neymar disparó, anotó y dejó a Brasil en posición de triunfador, si Jara no convertía. El palo, ese que le dio una vida más a Brasil, volvió a darle el alivio a un equipo que sigue sin aparecer en el mundial, pero que se mantiene soñando despierto, gracias a un milagro. Chile, de pie, quedó fuera del mundial pero demostró ser un equipo bravo.