El Meridiano de Córdoba dice que tierras de Pretelt no son “mal habidas”

8 de abril del 2015

Visitaron las fincas y hablaron con sus antiguos propietarios.

El Meridiano de Córdoba dice que tierras de Pretelt no son “mal habidas”

El diario cordobés El Meridiano publicó en su edición de hoy un reportaje sobre lo que hubo detrás de las negociaciones de tierras que tienen en el ojo del huracán al magistrado Jorge Pretelt y su esposa, Marta Ligia Patrón López, quien ha sido llamada a interrogatorio por la Fiscalía en un proceso que los acusa de despojo.

Un grupo de periodistas de El Meridiano aseguró haber visitado durante tres días las antiguas fincas llamadas Alto Bonito y No hay como Dios, que hoy se llaman La Corona y hacen parte de la propiedad de Jorge Pretelt Chaljub y que están ubicadas en Canalete (Córdoba).

El rotativo costeño comienza haciendo un recuento histórico del caso con la primera finca, Alto Bonito, que Kienyke.com reproduce en su integridad.

“La familia Pretelt decide comprar unas tierras que sirvan para comenzar una nueva empresa: la siembra de Teca y para ello la mejor es la que colinda entre Canalete (Córdoba), San Pedro de Urabá, Turbo y Arboletes (Antioquia). El 13 de julio de 1987, el Incora le entregó como parte de la llamada Reforma Agraria un terreno a Manuel Gregorio Hernández Soto (Q.e.p.d.), quien luego de cumplir con la regla de no vender por un tiempo determinado decidió entonces hacer una negociación de su terreno con Ricardo Pretelt Torres (Q.e.p.d.), padre de Jorge Pretelt. El 24 de octubre de 2001 se firma un contrato de compraventa de 12 hectáreas de tierra por un millón 250 mil pesos cada hectárea, lo que indica que ese predio fue comprado por 15 millones de pesos. Según los habitantes de la zona, el precio pactado era justo, porque las tierras oscilaban entre un millón y millón 300 mil pesos por hectárea, dependiendo de la calidad del terreno. La forma de pago que se acordó fue la siguiente: 6 millones de pesos con la firma de la compraventa y el resto una vez se entregara la escritura pública. El predio en negociación fue entregado al día siguiente de la firma del contrato. Posteriormente, el 29 de noviembre de ese mismo año, al contrato de compraventa entre Ricardo Pretelt Torres y Manuel Gregorio Hernández Soto se le hizo un otrosí, en el que se indicaba que el segundo iba a vender 38 hectáreas más. Estas se pactaron a razón de un millón 100 mil pesos por hectárea, lo que indica que ese predio costó 41 millones 800 mil pesos. El pago se pactó así: el 26 de diciembre de 2001 se entregarían 12 millones de pesos, el 16 de junio de 2002 otros 12 millones de pesos y el resto se canceló según las medidas que arrojó una medición de terreno, para saber exactamente cuánta tierra era, ya que había una duda por algunos metros de tierra que no estaban claros”.

El Meridiano asegura en su reportaje que lograron establecer que el padre del magistrado Pretelt canceló a satisfacción el saldo de la compra y por ello obtuvo las escritoras, “que se hicieron además con el valor del avalúo catastral de Agustín Codazzi”.

Luego explican que Ricardo Pretelt le vendió su nueva finca a su nuera, Marta Ligia Patrón, “por lo que el predio queda en manos de la sociedad conyugal” con el magistrado Jorge Pretelt. En 2005 Marta Ligia cedió la titularidad de esa finca a su esposo.

El Meridiano también recuerda la denuncia contra la familia Pretelt. La hizo Argénica Herndández, hija de Manuel Gregorio Hernández, el hombre que le vendió su finca al padre del magistrado.

“Ella fue el 21 de octubre de 2008 a una sala de atención al usuario del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, en el sector de San Diego, en Medellín. Allí relató que hombres llegaron a la finca de su familia en Turbo, a comienzos del 2002 (su padre había vendido la finca en el 2001) y amenazaron a su padre para que les diera la tierra, el ganado, los caballos, los cerdos y gallinas que poseía”, asegura el reportaje antes de aclarar que otros de los hijos del señor Hernández dicen que la finca se vendió con total legalidad y cordialidad.

EL MERIDIANO estuvo durante tres días en la zona indagando si hubo o no presión y amenazas de la familia Pretelt contra Manuel Gregorio Hernández Soto para que vendiera su predio. Este campesino, quien murió el año pasado a los 90 años de edad, en la casa de su hija Virginia Hernández Díaz, en Sahagún, era un hombre de pocas palabras. (…) Luis Cabrales, vecino de la zona de El Tomate, Antioquia: “Yo tengo 30 años de vivir en esta región y nunca escuché de que se haya presionado a don Manuel Hernández para vender la finca Alto Bonito. Esos fueron negocios que se hicieron con legalidad (…) A nosotros en la comunidad nos conmovió eso que se dijo que el doctor Jorge Pretelt había despojado a esa gente de sus tierras, el doctor no ha despojado a nadie y los campesinos estamos dispuestos a atestiguar que eso no fue así”, citan en uno de sus testimonios.

Más adelante El Meridiano continúa con su reporte, esta vez sobre la finca La Corona, antes llamada No hay como Dios.

“La finca La Corona (también conocida con el nombre de ‘No hay como Dios’) es uno de los predios del magistrado Jorge Pretelt Chaljub que hoy está en el ojo del huracán por una supuesta adquisición indebida ante las denuncias de un presunto desplazamiento de antiguos propietarios, aunque los testimonios y documentos señalan todo lo contrario. Todo se remonta a febrero del año 1999 cuando a una pequeña oficina de la carrera 50 de San Pedro de Urabá llegó Reynaldo Pascual Villalba Alarcón, quien buscó los servicios de Saúl Caballero Pupo para que les elaborara un poder de venta de la finca ‘No hay como Dios’, hoy La Corona. EL MERIDIANO habló con Caballero Pupo, un reconocido dirigente y quien por casi cinco décadas ha sido el escribiente del pueblo, quien manifestó que recuerda perfectamente el trámite de la finca de 71 hectáreas ubicada en un paraje conocido como Puya, en jurisdicción del municipio de Turbo, Antioquia”, explican.

“A mi oficina viene la gente voluntariamente y así lo hizo Reynaldo Villalba, quien me solicitó que fuera apoderado de él y de sus cinco hermanos para las escrituras en la venta de una finca y todo se hizo en el marco de la legalidad en la Notaría de Arboletes”, señaló Caballero Pupo a El Meridiano.

Más adelante señalarían que vendieron porque se trataba de una buena oferta, más no por presiones armadas.

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