Fidel Castro Díaz-Balart y la amistad rusa-cubana

Fidel Castro Díaz-Balart y la amistad rusa-cubana

2 de febrero del 2018

La Habana, 2 feb  (Sputnik)  Quienes alguna vez trabajaron cerca del doctor Fidel Castro Díaz-Balart, fallecido prematuramente el 1 de febrero tras atentar contra su vida, lamentan no solo la pérdida del intelectual que hizo importantes aportes al desarrollo de la ciencia en Cuba, sino también la del académico que tendió sólidos nexos de amistad entre su tierra natal y Rusia.

  “Tenía varios propósitos, sobre todo vinculados a las nuevas tecnologías y las ciencias modernas en determinados intercambios con ministerios, la Academia de Ciencias y personalidades relevantes en diversos campos”, explicó a este periodista en Moscú al concluir una visita de trabajo a principios de 2016.

  Acababa de recibir el título de Doctor Honoris Causa del Instituto Kurchátov de Energía Atómica, reconocimiento que con anterioridad le habían conferido la Universidad Nacional de Investigaciones Nucleares (MIFI) y la Mijail Lomonósov de Moscú, instituciones todas en las que trabajó en los preparativos de su primer doctorado al igual que en el Instituto Unificado de Investigaciones Nucleares de Dubná, antes de regresar a Cuba y ocupar el cargo de secretario ejecutivo de la Comisión de Energía Atómica de Cuba (CEAC) a partir de 1980.

  En aquella ceremonia del Instituto Kurchátov, su director y miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Rusia, Miajil Kovalchuk, explicó que la toga, el birrete y los otros atributos del Honoris Causa se entregaban a Castro Díaz-Balart por sus méritos ante la institución, donde participó como decano de un proyecto teórico entre 1977 y 1980.

  Muchas de aquellas experiencias fueron introducidas en Cuba en la década de  1980 por el entonces secretario ejecutivo de la CEAC en la conformación de un programa nuclear que incluyó la formación de cientos de especialistas en la Unión Soviética y otros países socialistas con una ética de la solidaridad, la cultura del servicio a la sociedad y la garantía de la calidad como divisa. Muchos de ellos participan hoy en proyectos punteros de Cuba como los de biotecnología y nanotecnología, por solo citar dos ejemplos.

  Paralelamente, fue fundado en esa década un sistema de centros especializados, integrados en la actualidad en la Agencia de Energía Nuclear y Tecnologías de Avanzada (AENTA) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, con importantes resultados que se aplican en la economía, la salud y la protección del medio ambiente, e incluso en proyectos regionales bajo los auspicios del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Durante las declaraciones ofrecidas en 2016, Castro Díaz-Balart insistió en la importancia para América Latina de los contactos con los líderes científicos de Rusia, a indicó que estos contactos permiten en la etapa actual evaluar todo el potencial, establecer sinergias coherentes entre nuestras instituciones, nuestros científicos y muchos de aquellos que desde hacía muchos años colaboraban con Cuba.

  Sobre las nuevas generaciones de científicos rusos, el asesor ponderó los intercambios, pues aunque ellos no habían estado vinculados al desarrollo de las nuevas especialidades y tecnologías en la isla, sí mantenían el espíritu y el interés por interactuar.

  Interrogado acerca de las posibilidades de colaboración de Rusia con Latinoamérica y el Caribe en esta esfera, Castro Díaz-Balart se mostró optimista.

  Si bien Latinoamérica no es de las regiones del planeta donde más existe infraestructura y mayor concentración de empresas de base tecnológica, sí tiene diferentes nichos, diferentes áreas del conocimiento y renombrados especialistas, opinó.

  “Pueden perfectamente interactuar con este país, no solo en el campo económico, sino también en el terreno del intercambio científico-técnico, de manera beneficiosa y útil para ambas partes”, añadió.

  Describió que esa colaboración puede ser sobre todo no sólo en ciencia básica, sino también en determinados nichos de las aplicaciones y las pequeñas empresas, que se desarrollan en entornos específicos.

  “Me refiero a las zonas económicas especiales, los parques tecnológicos o cualquier otro emporio donde se concentra la universidad, la empresa de base tecnológica y el conocimiento, para lograr nuevos productos, competitivos internacionalmente”, explicó.

  Significó que Latinoamérica y el Caribe también tienen que incursionar en esos campos,  que tienen un valor agregado por sus profesionales y por la demanda de cada vez más incorporar conocimientos y nuevas tecnologías al desarrollo y al bienestar de las sociedades, señaló.

  Una premisa en su visión sobre Rusia, según explicó, es que el estado más extenso del planeta tiene características de complementariedad con lo que denominó Nuestra América entre lo que puede dar y recibir.

  Prueba de su amistad y gratitud hacia Rusia entonces, fue el tiempo que en su condición de Asesor Científico del Consejo de Estado dedicó durante su breve visita de trabajo para derribar algunas barreras que obstruían entonces la introducción de un medicamento cubano único en el mundo para la cura del pie diabético como el Heberprot-P, con una alta eficacia.

  Insistía en que los miles de rusos que padecían este mal merecían beneficiarse con este logro tecnológico cubano.

  Otra prueba de la confianza de Castro Díaz-Balart en la amistad franca de Rusia, fueron las fructíferas gestiones que realizó con académicos, científicos y hasta Premios Nobel para que se sumaran a la campaña mundial por la liberación de los cinco antiterroristas  que permanecieron encarcelados en Estados Unidos durante más de 15 años por tratar de impedir acciones violentas contra su país, fraguadas en la potencia del norte.

  La televisión nacional informó el 1 de febrero que Castro Díaz-Balart era atendido por un grupo de médicos desde hace varios meses debido a un estado depresivo profundo y que atentó en esa fecha contra su vida.

Con información de Spunik