“Se enamoraron de mí en una fiesta swinger”

6 de julio del 2016

“Fue la noche más loca de mi vida”.

“Se enamoraron de mí en una fiesta swinger”

En Twitter hay de todo y para todos. Una comunidad de sextuiteros (personas que pactan encuentros sexuales vía Twitter) realizó un concurso en el que le pidió a sus integrantes contar la experiencia sexual más loca de sus vidas.

El ganador, elegido por medio de una votación virtual, tuvo un cupo en un paseo swinger en una finca alquilada en la ciudad de Villavicencio.

Cinco personas contaron su historia, con autorización de los organizadores, publicamos este relato.

Quien lo escribió, narra su primera experiencia en un bar swinger. Pese a que en un lugar como estos abunda la lujuria y el desenfreno, alguien se enamoró. “El amor llega en el momento que menos se imagina”, reza el viejo dicho. Y aquí se cumplió.

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La invitación provino de un vecino con el que íbamos al mismo gimnasio. Él nos invitó a vivir esta experiencia inolvidable.

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Cuando llegué, había unas diez mujeres y varios hombres más. Pensé que sería difícil concretar algo entre tanta gente, pero ahí noté la presencia de una morena estilizada, que sólo tenía puesto un vestido negro con brillantes y unos tacones. Tenía cara angelical, una sonrisa encantadora, el pelo liso hasta medio cuerpo. Era de tetas pequeñas, pero unas piernas gruesas.

Ella se había fijado en mi. Se acercó y me dijo: “Tú vas a ser mi próximo esta noche”. Yo la había visto teniendo sexo con una otra persona mientras recorrimos el lugar. Esta mujer me miraba con deseo y me tocaba mientras me observaba fijamente.

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Entramos a una habitación. Me bajó la sudadera que tenía puesta y cambió su mirada. Sin pensarlo mucho me empezó a hacer sexo oral.

Rápidamente se puso de pie y arrancó mi ropa para tirarla sobre el lugar. Se agachó de nuevo, me volteo, me mordió una nalga y volvió a poner mis genitales en su boca. Me tumbó a la cama, me masturbaba con ganas…

Llegó el momento. Me puso un condón y se sentó sobre mi. Lo que más me excito fue su cara de placer… Mi amigo del gimnasio estaba con otra chica, una rubia de pelo corto. El que nos invitó debía estar en otra habitación.

Swinger-P

Empezamos a follar fuertemente, mi pana y yo nos mirabamos asombrados de lo que estabamos haciendo. Él la tenía en cuatro contra el borde de la cama, mientras la negra me saltaba sin cesar gritando de placer. Ellas se tocaban las tetas, se besaban, era un elixir de pasión.

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Mientras escuchábamos cómo tenían sexo otras chicas por todo lo largo y ancho del salón.

Ella me pedía más y más… Ambos nadábamos en sudor. Mi pana se excito un poco y decidí dejarla disponible para que la follara. Yo quería descansar. Ella no quería dejarme ir, pero la entregué y él siguió con lo suyo.

Al salir de la habitación, la monita que primero estaba con mi amigo, me dijo que ahora quería estar conmigo. Se agachó y empezó a hacerme sexo oral.

Era absolutamente excitante ver lo que hacía. Luego se sentó sobre mi, me cogía de las nalgas y me pedía, casi que me obligaba a que disfrutara el momento. Me sorprendía que a estas desconocidas les gustara tanto el sexo fuerte y vigoroso.

Luego entró una crespa a la habitación. Yo estaba físicamente exprimido, aunque no me había venido ni una sola vez. Pero llevaba, sin mentir, más de una hora follando. Ella me recostó en una cama de una habitación contigua. La mona se retiró al baño.

Luego la crespa se me arrucho, me dijo que tenía un cuerpo muy rico. Me recorría con sus dedos, me tocaba lentamente.  Me puso un condón y empecé de nuevo. Yo estaba entre dormido y despierto.

La negra me buscó de nuevo, pero al verme tan cansado se retiró.  La que si se acostó fue la mona, que me acariciaba el pecho. me tocaba los brazos, me apretaba para sentir mis músculos. De un momento a otro sentí que penetré a esa crespa. Era mi tercera esa noche.

Esta desvergonzada, que prácticamente me estaba violando, empezó a devorarme, moviendo su pelvis de adelante a atrás, circularmente, como si no pensara en un mañana. Esa mujer es pura candela, pensé. Por fin eyaculé.

Me metí a la ducha. La negra, celosa y con reclamos, entró con una gordibuena a rumbiarse enfrente de mi. Estaba brava porque no quise seguir con ella. Me reclamó como si fuéramos novios o algo así.

Se metieron bajo el agua, tuve sexo con la gordita, mientras la negra me besaba el cuello por la espalda. A propósito, no sé de dónde salían tantos condones. Sentí cuando la negra paso su brazo junto a mi, para masturbar a su amiga, mientras yo seguí en lo mío.

La negrita quitó a la amiga, me regañó mirándome a los ojos. Aseguró que no saldría de la ducha hasta que estuviera de nuevo con ella. Luego se inclinó bajo el agua y me sentenció una orden: “Por detrás. ¡Ya!”.

Le hice caso mientras se desperdiciaban litros y litros de agua, Me advirtió que no me iba dejar en paz hasta que cumpliera sus exigencias. Ella quería que terminara en su cara. Cumplí. Finalmente me dijo: “Te amo. Espero que no sea nuestra última vez”.

Esta mujer, hasta el día de hoy, me llama. Ya tiene libreto. Siempre me dice que está excitada. Me deja hacerle lo que cualquier otra nunca me permitiría. Esa negra está enamorada de la forma en que se lo hago. No sé si este enamorada de mí.

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