Militares se toman el poder en Burkina Faso

Militares se toman el poder en Burkina Faso

17 de septiembre del 2015

El golpe de estado en Burkina Faso es la culminación de una serie de desencuentros entre el general Gilbert Diendéré, exjefe del Estado Mayor del régimen de Blaise Compaoré, y el primer ministro del Gobierno de transición, el teniente coronel Isaac Zida, antiguos compañeros en la guardia presidencial.

Cuando a las 14.30 de ayer un grupo de militares irrumpió en el consejo de ministros para detener al presidente, Michel Kafando, al propio Zida y a varios miembros del Gobierno de transición, la sorpresa no debió ser muy grande, pues no era la primera vez que el Ejército interrumpía una sesión del Ejecutivo.

En octubre de 2014 las protestas populares contra el presidente Compaoré ponían fin a un régimen de casi tres décadas para iniciar una transición democrática que debía culminar con unas elecciones presidenciales el próximo 11 de octubre en las que no quedara rastro del mandatario ni de sus antiguos aliados.

La transición ha quedado truncada con una acción militar liderada por Diandéré y su denominado Consejo Nacional para la Democracia.

Desde que Zida, antiguo número dos del Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP) -unidad de elite dirigida por aliados de Compaoré-, se hizo con el poder en noviembre 2014, sus encontronazos con esa fuerza, con Diendéré en la sombra, han sido constantes por sus planes para acabar con la guardia presidencial.

Estos planes podrían haber culminado el pasado lunes después de que la Comisión para la Reconciliación Nacional y de Reformas (CRNR) recomendó en su informe la disolución del RSP y el traslado de todos sus miembros a otras unidades de las Fuerzas Armadas, algo que Zida ya había tanteado, sin éxito, en varias ocasiones.

La idea del primer ministro pasaba por ofrecer puestos diplomáticos en el extranjero a Diendéré y a sus aliados más próximos en la guardia presidencial (el coronel Boureima Kiéré y Moussa Céleste Coulibaly), y así allanar el camino para controlar la unidad.

Conscientes de esas maniobras, los militares amenazaron con derrocar al Gobierno de transición si el presidente Kafando no cesaba a Zida que, después de varias negociaciones, conservó su cargo y renunció a los traslados.

En febrero se produjo el segundo gran enfrentamiento. El primer ministro seguía con el RSP en su punto de mira y, esta vez sí, pretendía lograr su disolución.

Sin embargo, ante una nueva amenaza de los militares, Kafando recurrió a Diendéré para calmar los ánimos gracias a la buena relación que mantenía con sus excompañeros.

El resultado fue que el RSP retiraba la dimisión de Zida de su lista de condiciones y, a cambio, lograba dos nombramientos clave: Kieré pasaba a ser jefe del Estado Mayor particular -asesor militar del presidente- y Coulibaly le sucedía como jefe de la guardia presidencial.

Después de la reorganización de la cúpula de seguridad en favor de los exaliados de Compaoré y la recuperación de parte del poder perdido, todo parecía haber vuelto a la normalidad, pero un nuevo episodio estaba por llegar: a finales de junio, la Policía burkinesa llama a declarar a Coulibaly y a dos capitanes del RSP.

La Gendarmería, que se encarga de la protección de Zida, había recibido informaciones de que se estaba preparando un ataque contra el primer ministro y las sospechas recayeron sobre algunos miembros de la guardia presidencial, que negaron cualquier implicación.

Esta nueva crisis volvió a reavivar las reivindicaciones del RSP, que en julio no solo pidió la dimisión de Zida, sino de todos los militares que formaban parte del Gobierno de transición.

Pero entonces no ponían reparos a la transición ni cuestionaban la celebración de las elecciones de octubre.

La recomendación de acabar con la guardia presidencial y la promulgación de una ley electoral para evitar que los aliados de Compaoré se presentaran a los comicios parecen haber acabado con la paciencia de Diendéré y del RSP, que han optado por iniciar su propia transición. EFE