Fiebre de oro arrasa con el busque en el Bajo Cauca antioqueño

31 de marzo del 2016

Cerca de 45.000 hectáreas han sido desaparecidas.

Fiebre de oro arrasa con el busque en el Bajo Cauca antioqueño

Muy pronto la selva será un recuerdo. La fiebre de oro en el Bajo Cauca antioqueño está arrasando con el paisaje natural. El panorama es desalentador.

Lo que antes era una postal, cuyo protagonista el color verde en todas sus tonalidades, ahora es un desierto de 45 hectáreas creado por el hombre.

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El Colombiano presenta el panorama: “Ríos casi desaparecidos a la fuerza. Peces envenenados y bosques destrozados; riesgo y criminalidad hacen parte de un negocio que sigue siendo lucrativo e incontrolable para las autoridades”. Las fotos son alarmantes.

En la región, como consecuencia de estas actividades, hay varios afluentes que han desaparecido, la flora y fauna, tanto acuática como terrestre, se encuentra contaminada, el agua envenenada y los bosques, destrozados.

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“Dentro de la minería ilegal, también se tiene que es una actividad irresponsable desde el punto de vista de obligaciones en temas de seguridad minera. Los explotadores no tienen consideración por la vida humana. La mayor parte de los accidentes graves han sido en minería ilegal y como nadie los controla, no les importa”, le manifestó Gloria Gheorghe, directora de Salvamento Minero de la Agencia Nacional de Minería, en diálogo con El Colombiano.

Según el rotativo antioqueño, sólo el 20% de la zona que se utiliza para la minería, aprovechada por cinco empresas y con 67 minas, está en proceso de legalización. No obstante, en esta labor trabajan más de 45.000 personas, cerca de un 40% de la población local, quienes tienen como único fin encontrar oro, material por el que, en Caucasia, se pagan 107.000 pesos el gramo.

No obstante, no sólo los mineros ilegales son culpables del daño ambiental que causan estas actividades, muchas compañías formales también atacan el ecosistema sin control ni precaución alguna. “Toda minería es dañina, pues destroza los cauces y los ríos, se envenena con cianuro y mercurio”, le dijo Jorge Giraldo, decano de la Escuela de Humanidad de la Eafit a los investigadores del periódico.

Por otro lado, Gheorghe también señaló que, en el país, la autoridad minera no tiene cómo regular o tomar medidas frente a las irregularidades que se cometen en estas labores, actividad que recae en las alcaldías. “La minería ilegal no es nuestro objeto de control ni en Antioquia, ni en ningún departamento. Como administradores del subsuelo nos ocupamos de suscribir contratos y hacerles seguimientos al cumplimiento de estos”, aseguró la funcionaria.

Otro problema de esta actividad económica es que, pese al daño ambiental que hace, la mayoría de sus empresarios nunca se han preocupado por reforestar las zonas donde han estado y no recuperan las hectáreas que han dañado.

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