Murió Mandela: el líder de la reconciliación

5 de diciembre del 2013

Líderes políticos y de la comunidad afro en Colombia hablan de su legado.

Nelson Mandela, Kienyke

El expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela murió este jueves 5 de diciembre en Sudáfrica a la edad de 95 años. El líder político ganó el Premio Nobel de la Paz en 1993 en reconocimiento a su lucha contra el Apartheid, la política de exclusión contra la población negra de su país. KienyKe.com habló con líderes políticos y de la comunidad afrocolombiana para analizar cuál es el legado de Mandela en el escenario nacional.

Mandela, conocido como Madiba, título honorífico otorgado a los ancianos de su clan, fue el primer presidente elegido democráticamente por sufragio universal en su país.

Era el hijo del jefe de una aldea. Su padre murió cuando Mandela era muy joven, por lo que el futuro Madiba fue criado por un rey local, lo que cultivó el liderazgo que mostraría el resto de su vida.

A los 18 años fue a Johannesburgo a estudiar leyes. Tuvo una juventud políticamente activa y participó en movimientos estudiantiles de resistencia. En 1944 fundó la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANCYL).

Su militancia política lo condujo a la formación, en 1961, del movimiento Lanza de la Nación, un grupo armado que lideró y lo convirtió en proscrito. El 5 de agosto de 1962 fue arrestado por incitar a una huelga y salir ilegalmente del país. Fue condenado a cinco años de cárcel por este desacato. En junio de 1964 es condenado a cadena perpetua en la isla de Robben, después fue trasladado a los reclusorios de Pollsmoor y Victor Verster. Estuvo preso hasta 1990, su condena duró 27 años.

En prisión abrazó la ideología de Gandhi. El antiguo revolucionario armado dio un giro hacia la tolerancia, la paz y la reconciliación. En 1993 recibió el Noble de Paz, junto a Frederik de Klerk.

Nelson Mandela joven, Kienyke

Nelson Mandela en su juventud.

El 27 de abril de 1994 se celebraron las primeras elecciones con sufragio universal en Sudáfrica, ganadas, con amplia mayoría, por el Congreso Nacional Africano, el partido de Mandela, el líder tomó posesión del cargo el 10 de mayo del mismo año.

Según la revista Time, Mandela sintió siempre mucha rabia por todo lo que él y su pueblo sufrieron: la discriminación, la violencia y la injusticia. Pero, agrega la publicación, el Madiba controló este sentimiento para convertirse en el rostro del perdón y la reconciliación, nunca dejó ver a los demás su ira contra el sistema y contra quienes lo oprimieron, jamás mostró su tristeza o rabia por haber estado separado de su familia”.

El premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa resaltó sobre Mandela: “El poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años (de prisión) para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica”.

KienyKe habló con líderes políticos y de la comunidad afrocolombiana sobre cómo el legado de Mandela alimentaría las intenciones del país en su búsqueda de la paz.

Alfonso Gómez Méndez

Alfonso Gomez Mendez

Para el Ministro de Justicia y exfiscal general de la nación la figura de Mandela se relaciona con la lucha y el triunfo de la igualdad racial. Pues tras pagar una condena de 27 años en una cárcel, sometido a toda clase de vejaciones y maltratos, no buscó el desquite, sino “fue coherente consigo mismo y con la postura que defendió en prisión”. “Creo que es el líder mundial de la reconciliación, es que dejar atrás los rencores y construir una nación no lo hace cualquiera”, afirmó Gómez Méndez.

Ahora que El Maliba acaba de fallecer y su legado de perdón y reconciliación se ofrece como una posibilidad de salida a los conflictos, Gómez Méndez explica que “como símbolo, más que como el hombre, va a perdurar, porque perdonó a sus verdugos, lo que lo hizo grande”. El padre de Sudáfrica canalizó la furia por el Apharteid no hacia la venganza, sino la construcción de un país en el que todos tuviesen voz y voto.

En relación con los diálogos de paz que se llevan a cabo en La Habana entre el Gobierno de Colombia y las Farc, el abogado liberal dice que en el país se puede aplicar “ante todo la verdad, eso es esencial, y la paciencia”.

Aunque hay un punto de inflexión en el proceso de reconciliación nacional de Sudáfrica: “Mandela atacó la raíz del conflicto, por eso esa Sudáfrica de hoy, próspera y con un horizonte que él trabajó, esa es la enseñanza para el presidente Santos: busque la raíz del conflicto en Colombia y soluciónela, o trabaje por encontrar los mecanismos para hallarla”.

Juan de Dios Mosquera

El director de la Fundación Cimarrona Siglo XXI, que trabaja por el desarrollo del pueblo afro y de su participación, Juan de Dios Mosquera señala que la grandeza de Nelson Mandela como político y como líder afrodescendiente fue “que entendió la naturaleza y el valor del diálogo como esencia de una sociedad justa”, el respeto por el otro, central en los procesos de reconciliación, que si bien no implican un olvido, al menos sí el perdón y la verdad fue una arista de los proyectos para que Sudáfrica se plantease el respeto de los derechos del otro, tanto políticos como raciales y culturales, como el motor del cambio.

Sobre el proceso de paz que el presidente Santos mantiene con las Farc, Mosquera explica que “una democracia sin equidad no es posible, es iluso creer que haya paz sin justicia económica, racial, política… eso lo comprendió muy bien Mandela, él tuvo los pies sobre la tierra, no fue un soñador”.

De esta manera, agrega, poner fin al conflicto colombiano es una tarea ardua que requiere paciencia, no sólo las partes que dialogan sino de la sociedad civil, “hay que entender que sin una vida igna, no habrá paz, puede que haya cese de hostilidades, pero no paz verdadera, eso lo entendió el Maliba, más allá del discurso de las afrorreparaciones”.

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