Las pérdidas tras el cierre a la Vía al Llano

18 de junio del 2019

Según fenalco, diariamente se pierden 18.000 millones en sectores agro, turismo y transporte.

Las pérdidas tras el cierre a la Vía al Llano

Más allá del drama que generan los millonarios costos que tendrá para el Estado la reparación de la Vía al Llano, el impacto económico recae también sobre pequeños comerciantes y todos aquellos asalariados que necesitan que la gran estructura laboral funcione para tener un sustento.

Las grandes cifras de pérdidas económicas reportadas por los conglomerados y gremios, aunque graves y escandalosas, no alcanzan a reflejar lo que representan para los particulares.

La regional Meta de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) estima que por cada día del cierre de esta vía dejan de ingresar al departamento 43.000 millones de pesos.

De estos, dicen, 18.000 millones son pérdidas para sectores como el agro, turismo y transporte.

Hoteles vacíos, empleados desocupados

Precisamente en el sector turístico Fenalco afirma que por cada día de cierre se pierden el 90 % de las reservas hoteleras.

En sus registros aseguran que cuatro hoteles ya han tenido que cerrar por la caída en la ocupación. Habitualmente en esta época del año esta ronda el 50 % y en este momento se mantiene en 15 %.

Esta situación, además de pérdidas para los hoteles y sus dueños, tiene un impacto en los empleados, quienes tienen que buscar una nueva fuente de ingresos porque ante la no operación de sus lugares de trabajo y los tipos de contrato que algunos manejan se suspenden sus vínculos con las empresas.

Según el Departamento Administrativo de Nacional de Estadísticas (Dane), durante el mes de abril de esta año el desempleo en Villavicencio estuvo en 13.9 %.

Suben los precios

A esta situación se le suma que el cierre de la vía hace que escaseen algunos productos de la canasta familiar, lo que aumenta los costos, principalmente, en los últimos eslabones de la cadena de producción: el vendedor final y el consumidor.

Fenalco comentó que los productos que más hacen falta en el Meta a causa del taponamiento de la vía principal de conexión con la capital del país son: papa, huevo, frutas, hortalizas y hierbas.

Esto debido a que el tiempo de desplazamiento entre Bogotá y Villavicencio para un vehículo de carga pasó de ser de unas cinco horas a casi doce, por los desvíos que debe tomar.

En estas condiciones, los consumidores de la Orinoquía no pueden recibir con los mismos costos los productos provenientes del interior del país. Por su parte, los comerciantes tienen dificultades a la hora de vender algunos de sus productos porque los precios de transporte aumentan y este gasto lo deben recuperar incrementando sus valores, lo que los hace menos competitivos.

Lo mismo le pasa a negocios que están a la orilla de la carretera y se nutren de lo que les compren los transeúntes. Rosa Rey, una comerciante, le comentó a CMI que se están manteniendo “con la ayuda de Dios” debido a que estaban “cruzados de brazos”.

Otro problema mayor

Sumado a esto está la incertidumbre por una emergencia mayor en la que esté en riesgo no sea la economía ni la estabilidad laboral sino la vida.

Con esa preocupación se encuentran muchos de los habitantes del municipio de Guayabetal (Cundinamarca), tal vez el más afectado por el cierre.

Una vez se conoció que el cierre iba a mantenerse por lo menos durante tres meses, porque las condiciones climáticas ponían en riesgo a los trabajadores, los pobladores de esta comunidad empezaron a prepararse para lo peor.

282 personas salieron de sus casas recorriendo la ruta que deberían tomar en caso de que se presente una emergencia. Un recorrido que quisieran nunca tomar.

En una hilera caminaron por las calles de su municipio estos habitantes de Guayabetal. Algunos iban con sus familias, otro con maletas, pero todos con la tranquilidad de saber que esta vez se trataba de un simulacro y que la emergencia no era real.

A pesar de esto, el fondo, también cargaban con algo de temor porque puede serlo.

La prevención ante la calamidad le da algo de optimismo a las autoridades de rescate que guiaron el evento.

Sin embargo, las frases optimistas permiten ver la gravedad que puede tomar el asunto. Por ejemplo, aquella que dijo el alcalde local, Javier Castro, al justificar el simulacro: “Seguiremos en esta tarea de educación ciudadana para lograr salvar vidas ante cualquier suceso de la naturaleza”.

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