El plebiscito nos tiene en estado de trance

4 de agosto del 2016

En Colombia una mayoría votaría por la salida del presidente.

opinion

Pareciera que el objetivo de poner a pensar a todo un país en un plebiscito es el de hacerlo caer en estado de trance. En Venezuela andan embobados pensando en el revocatorio desde hace meses y acá nos trajeron la misma formula pero con distinto nombre.

Al igual que en nuestro muy sufrido país hermano, en Colombia una mayoría votaría por la salida del presidente, con sobradas razones, y si nos ponen a pensar en esa posibilidad, como indirectamente lo han hecho con el cuento del plebiscito, quedamos hipnotizados.

Así nos encontramos desde hace unas semanas y cada día nos abandonamos más, como sonámbulos, guiados por una idea que nos ilusiona y nos hace creer que muy pronto podría terminar esta pesadilla, es decir, el gobierno de Santos.

¿Y para qué querrían, quienes manejan los hilos, que todo un pueblo este en estado de trance? Para apagar el fuego que se había iniciado con el llamado a la resistencia hecho por el líder de la oposición, Álvaro Uribe.

Ya se ven los resultados: extinguieron la llama de la resistencia que se prendió con la recolección de firmas. De eso no se volvió a hablar y muchos olvidaron que firmaron y por qué lo hicieron. Los medios jugaron un papel importante ahí y contaron con un efectivo distractor llamado plebiscito.

Como cuando en un partido de fútbol el equipo que va ganando comienza a quemar tiempo hasta que suene el pito anunciando el final, el gobierno de Santos está haciendo lo mismo. Tiene total control del juego y dentro de su estrategia se incluye un llamado a las urnas que no existe sino como idea.

Cada encuesta que hacen los medios muestran que el NO ganaría por amplísimo margen y me permito dudar que llevando las de perder, quienes tienen el balón, convoquen a elecciones. Sea mi apreciación acertada o no, lo cierto es que lo que Santos requiere es de tiempo al igual que Maduro en Venezuela.

¿Y tiempo para qué? Tiempo para que Santos se mantenga en el poder hasta terminar de acordar la entrega del país a las FARC. Tiempo para inventarse una nueva jugada que remplace la del plebiscito, porque un NO rotundo, como el que se anuncia, llevaría a la perdida de la poca legitimidad que le queda a su presidencia. Tiempo para que se extinga la llama de la resistencia. Tiempo para continuar sus alianzas internacionales ofreciendo oportunidades de negocios en la nueva Colombia, la del “posconflicto”.

Tiempo para que los “vejetes barrigones que llegaron a La Habana en aviones de Venezuela o de los nuestros” sigan intentando convencer a sus Frentes que es buen negocio la paz y que el narcoestado será el paraíso en la tierra para los terroristas.

Tiempo para que Santos termine su mandato y, muy orondo, le entregue la banda presidencial a quien él y sus socios tengan a bien designar. Tiempo para disfrutar de la perversa pasión de tener el manejo del balón.

Y de esta manera, mientras entramos en estado de hipnosis y trance abandonados en nuestras quimeras, olvidando nuestro compromiso con la resistencia y en un estado alterado de consciencia como si nos hubiese llegado la iluminación con el plebiscito, vamos perdiendo nuestra vitalidad quedando en manos de los hipnotizadores políticos.

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