De Ecuador a Texas: la ruta de los migrantes africanos

2 de julio del 2019

Viajan en autobús y a pie por Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México.

De Ecuador a Texas: la ruta de los migrantes africanos

Durante meses, un centro de servicios para migrantes en el Centro de San Antonio ha estado abarrotado de familias centroamericanas que han cruzado la frontera en cantidades nunca antes vistas.

Pero en días recientes, cientos de migrantes de otra parte del mundo traen ajetreados a los funcionarios de la ciudad. Hombres, mujeres y niños de África central, en su mayoría de la República Democrática del Congo y Angola, están apareciendo en la frontera suroeste de Estados Unidos tras en una peligrosa travesía de meses.

Su llegada a la frontera y a dos ciudades a más de 3 mil 300 kilómetros de distancia, San Antonio, Texas, y Portland, Maine, ha dejado perplejas a las autoridades migratorias y abrumado a los funcionarios locales y grupos sin fines de lucro. La oleada ha hecho que Portland convierta su arena de basquetbol en un refugio de emergencia.

En San Antonio, el Centro de Recursos para Migrantes operado por la ciudad auxilió a alrededor de 300 migrantes africanos en las primeras dos semanas de junio. Desde octubre del 2018, se ha arrestado a más de 700 migrantes de África en el sector de Del Rio de la Patrulla Fronteriza, una franja mayormente rural de la frontera texana.

En los años fiscales del 2007 al 2018, un total de 25 migrantes del Congo y Angola fueron arrestados en la frontera.

Tanto en San Antonio como en Portland, funcionarios electos, voluntarios y líderes religiosos y de agrupaciones sin fines de lucro se han movilizado para auxiliar a los migrantes, donando dinero, sirviendo comida gratuita y operando refugios improvisados. Sin embargo, sus recursos ya eran magros, y hubo frustración por la manera en la que el Gobierno federal ha manejado la oleada.

En Portland, que tiene una población de 66 mil 417 habitantes, alrededor de 200 migrantes africanos dormían en catres una noche reciente en la arena. La ciudad se ha forjado una reputación como un lugar amigable para los solicitantes de asilo, con un fondo para proveer pagos de renta y otras formas de asistencia.

“No lo considero una crisis, en el sentido de que vaya a ser en detrimento de nuestra ciudad”, dijo Ethan Strimling, Alcalde de Portland. “Maine, y Portland en específico, fue construido con el trabajo de los inmigrantes desde hace 200 años, y esta es sólo la ola actual que está llegando”.

Los funcionarios de San Antonio dijeron que habían enviado a Portland a unos 150 de los alrededor de 300 migrantes africanos en la ciudad. Los otros viajaron a Chicago, Dallas, Denver, Ciudad de Nueva York y a ciudades en Florida e Iowa.

El 14 de junio, el centro para migrantes de la ciudad estaba lleno con unos 100 migrantes, alrededor de 30 del Congo y Angola y el resto de Centroamérica. Los congoleses viajaron al país vecino de Angola y luego volaron a Ecuador. De ahí viajaron en autobús y a pie por Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México hasta la frontera del sur de Texas.

Una mujer congolesa lloraba mientras decía que su hija de 5 años había enfermado y muerto en un autobús. “Es muy difícil para mí hablar de mi historia”.

Un hombre de 41 años de Kinshasa, la Capital del Congo, dijo que huyó debido a que había estado denunciando los asesinatos del Gobierno. “Ahora no puedo regresar”, dijo. “Me matarán”.

Una mujer congolesa, Gisele Nzenza Kitandi, de 44 años, dijo, llorando, que fue violada en la selva en la frontera de Panamá y Colombia. Dijo que no tenía dinero para boletos de autobús para ella y sus hijos.

Colleen Bridger, funcionaria de la Ciudad, dijo que San Antonio buscaría la forma de otorgar a los africanos los servicios y el transporte que necesitan. La ciudad y las organizaciones sin fines de lucro ya han gastado en meses recientes más de 600 mil dólares en ayuda a migrantes.

“No es una opción para nosotros decir a la gente recién llegada a Estados Unidos que no son nuestro problema y que pueden dormir en la banca de un parque hasta que junten suficiente dinero para comprar comida y boletos de autobús para sus hijos”, dijo Bridger. “Así no es San Antonio”.

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