AMLO pone sus esperanzas en el crudo

14 de julio del 2019

Quiere gastar miles de millones de dólares para reforzar las paraestatales energéticas.

AMLO pone sus esperanzas en el crudo

El Presidente Andrés Manuel López Obrador imagina un futuro en el que México produce más petróleo, gasolina y electricidad. Pero su estrategia se basa en remontarse al pasado de su país.

Rompiendo con una reforma energética que data de hace cinco años y abrió la industria petrolera de México al sector privado, López Obrador quiere gastar miles de millones de dólares para reforzar las paraestatales energéticas.

López Obrador, un izquierdista orgulloso, ha dicho que tiene la intención de restaurar la época gloriosa de la empresa petrolera nacional Petróleos Mexicanos, o Pemex, cuando ayudó a que México se convirtiera en un país autosuficiente en energía y proporcionó cientos de miles de empleos bien pagados.

Pemex sigue siendo uno de los patrones más grandes del País y financia el 20 por ciento del presupuesto nacional. Pero la producción nacional de crudo ha disminuido a casi la mitad de su cúspide en el 2004. El año pasado, México ocupó el lugar número once entre los productores de petróleo más grandes del mundo, en comparación con el 2002, cuando figuró en el cuarto puesto.

Para frenar el declive, la Administración de Enrique Peña Nieto, predecesor de López Obrador, comenzó a subastar los derechos para explorar y producir petróleo a empresas propiedad de inversionistas. México también permitió que compañías extranjeras ampliaran su presencia en la industria energética.

Sus detractores advierten que López Obrador está inyectando dinero público a una industria de combustibles fósiles que está siendo remplazada rápidamente por tecnología más limpia.

“No se pueden resolver los retos del siglo 21 con una visión de la década de 1930”, dijo Lourdes Melgar, subsecretaria de energía del Gobierno anterior.

Uno de los principales problemas es que ni Pemex ni la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la paraestatal de energía eléctrica, tienen el dinero para llevar a cabo la visión de López Obrador. Tampoco tienen expertise en tecnologías como la perforación en aguas profundas o la energía renovable.

Con 107 mil millones de dólares en deudas, Pemex es la empresa petrolera más endeudada del mundo. Su producción en enero fue la más baja en 40 años, mientras sus refinerías están funcionando a un tercio de su capacidad. La corrupción ha inflado los costos operativos. Además, México impone impuestos onerosos a las ganancias de la empresa.

La mayoría de los analistas calcula que la empresa necesita invertir por lo menos 20 mil millones de dólares.

López Obrador ha dicho que Pemex gastará 8 mil millones de dólares para construir una refinería nueva en Tabasco en tres años. Los analistas dicen que el plan no es creíble.

El proyecto es la pieza central del plan del Presidente para terminar con la creciente dependencia de México de las importaciones de gasolina de Estados Unidos, que representan alrededor de dos tercios del consumo nacional. Sus detractores dijeron que estaba invirtiendo miles de millones de dólares en una división corrupta e ineficiente de Pemex.

En la CFE, el Gobierno canceló en enero una subasta para el derecho de generar energías eólica y solar aunque subastas previas dieron como resultado algunos de los precios de electricidad más bajos del mundo.

Greenpeace, grupo defensor del medio ambiente, dijo que, sin más inversión en energías renovables, México no cumplirá con las metas de reducción de emisiones con las que se comprometió al firmar el Acuerdo de París, ni cumplirá con sus propias leyes de energía limpia.

López Obrador no ha descartado totalmente la inversión privada. Ha retado a las empresas petroleras privadas que entraron a México en años recientes a que se apresuren y empiecen a bombear petróleo en competencia con Pemex.

“Nada de ideología, nada de política, una prueba práctica, resultados, veamos quién lo hace mejor”, comentó.

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