Miniaturas e íconos se disputan tradición artística en Palej

16 de agosto del 2019

Los artistas más jóvenes muestran poco interés en el arte tradicional en este pueblo ruso.

Miniaturas e íconos se disputan tradición artística en Palej

Érase una vez en que el pintoresco pueblo de Palej se volvió famoso en todas partes por producir íconos religiosos. Luego, un día, sobrevino una revolución y sus seguidores, gruñiendo “Dios no existe”, prohibieron el arte así.

En lugar de eso, cientos de artistas con el tiempo aprendieron a adornar cajas de laca, pintando escenas de cuentos de hadas rusos o versiones idealizadas de la vida rural. Estas delicadas miniaturas le devolvieron la fama al pueblo. Pero con el colapso de la Unión Soviética, el renacimiento de la Iglesia Ortodoxa rusa revivió la pintura de íconos. Ahora el arte en miniatura enfrenta la extinción.

“Se va a perder”, dijo Yevgeny A. Sivyakov, de 71 años y consumado miniaturista. Los artistas más jóvenes muestran poco interés, comentó. “Todo mundo habla de comercio —¿qué sentido tiene desarrollar miniaturas de laca cuando se paga buen dinero por íconos y por frescos?”.

Impresionantes íconos antiguos y miniaturas llenan la colección del Museo Estatal de Arte de Palej. Las cajas están adornadas con personajes de cuentos de hadas rusos, reemplazando a la Virgen María y a los santos.

Cada caja de papel maché, ennegrecida con barro, es un derroche de detalle meticuloso. Para pintar rostros, los artistas usaban un pincel de un solo pelo de cola de ardilla. La pintura al temple daba a las cajas un brillo pulido. Además, la tradición de poner un ribete dorado a cada persona y animal hacía resaltar los detalles.

Algunas cajas reflejaban las épocas. Los retratos de Lenin cedieron su lugar a Stalin y luego a escenas de Moscú de los años 50 y 60. Algunas cajas de los 90 tenían gángsters en pants deportivos.

La pintura de íconos de Palej data de principios del siglo 16. La región, a unos 350 kilómetros al este de Moscú, atrajo a una comunidad de “viejos creyentes”, que se apegaban a una forma tradicional de la Ortodoxia rusa. Ordenaron tantos íconos que se generó una industria. Para 1917, unos 900 pintores de íconos habitaban en la zona.

Cuando los íconos fueron prohibidos, se vieron en problemas. Entonces, Ivan I. Golikov vio una exhibición que presentaba cajas asiáticas de laca pintadas, del siglo 18. En 1924, fundó el Taller de Pintura Rusa Antigua en Palej. Un solo colectivo produjo las cajas hasta la disolución de la Unión Soviética, cuando falsificaciones baratas inundaron el mercado y los precios se colapsaron.

La demanda por los originales ha caído bruscamente. Pocos rusos pueden pagar esos precios y los coleccionistas extranjeros desaparecieron. De los aproximadamente 600 artistas en Palej, un pueblo de 4 mil 800 habitantes, sólo entre 15 y 20 se dedica a las cajas de laca.

Los estudiantes pasan cuatro años aprendiendo a pintar miniaturas e íconos en la Escuela de Arte de Palej. La mayoría de los alrededor de 15 graduados al año termina decorando interiores de iglesias.

No es raro que tres generaciones de una familia hayan asistido a la escuela. Algunas, como la familia Kukuliev, se remontan aún más atrás. El actual patriarca, Boris N. Kukuliev, de 83 años, y su esposa, Kaleria V. Kukulieva, de 81, aún pintan. Su hijo, Nikolai, de 53, pinta íconos por encargo, mientras que la nuera, Oksana, de 48, crea miniaturas.

La nieta, Polina, de 28, también se graduó de la escuela. A ella le parecieron muy rígidas las tradiciones estilísticas para los íconos.

Así que decidió pintar acuarelas.

“Las acuarelas me brindan mucha oportunidad para expresarme”, explicó.

Su familia ha abandonado la esperanza de que las acuarelas resultaran ser un capricho pasajero.

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