Alguien sin el apellido Alonso está al frente del ballet cubano

29 de mayo del 2019

Todas las decisiones estuvieron a cargo de Alicia Alonso desde 1948

 Alguien sin el apellido Alonso está al frente del ballet cubano

Incluso para los más fervientes admiradores, el Ballet Nacional de Cuba ha parecido una institución estancada en el pasado.

Una razón ha sido especialmente evidente: la avanzada edad de la directora artística de la compañía, Alicia Alonso, actualmente de 98 años.

A través de los años, los rumores de posibles sucesores han surgido y se han esfumado, al tiempo que Alonso, al menos parcialmente ciega desde los años 40, hablaba de que viviría hasta los 200 años. Sin embargo, su control finalmente se ha relajado.

En enero, el Ministerio de Cultura de Cuba nombró a Viengsay Valdés, de 42 años y primera bailarina del Ballet Nacional, como subdirectora artística.

En Cuba, donde el público canta las canciones del ballet en las funciones y los bailarines son celebridades, Valdés es una heroína nacional.

Valdés conoce su misión: “Debo mantener el legado de Alicia Alonso, pero también tengo que actualizar a la compañía”, expresó durante una visita a Nueva York.

El nombramiento fue una sorpresa

Pero después de 25 años con la compañía, sabe cómo opera y está ansiosa por darle una afinada a la organización.

Subdirectora artística puede sonar como un cargo subordinado

Sin embargo, Valdés dijo que ella es ahora responsable de todas las decisiones artísticas: programación, casting, promociones. Lo que significa que, por primera vez en la historia de la compañía, formada en 1948 como la ‘Compañía de Ballet Alicia Alonso’ por Alonso, su esposo, Fernando, y su cuñado, Alberto, alguien sin el apellido Alonso está a cargo.

La Compañía fue  renombrada después de la revolución cubana de 1959 como Ballet Nacional.

Valdés “es la elección perfecta”, declaró Lourdes López, la directora cubana-estadounidense del ballet de la Ciudad de Miami. “Ella ha vivido a través de sus desafíos. Ha bailado fuera de Cuba, y aun así ha permanecido muy leal”.

Nacida en La Habana, Valdés pasó los primeros años de su vida en Laos, donde su padre era embajador cubano.

A los 6 años regresó a la Capital y a los 9 ingresó al sistema de educación de ballet de Cuba. A los 17 años, se graduó para llegar al Ballet Nacional.

En esa época, los 90, había lo que Valdés ha llamado “un hueco generacional”, porque muchos bailarines estaban desertando, un problema que ha persistido.

Valdés se quedó y rápidamente ascendió a la jerarquía más alta.

Al bailar en giras internacionales con la compañía se ganó elogios por su belleza y entusiasmo, y por sus interminables vueltas y su eterno equilibrio.

Sin embargo, es un tipo diferente de equilibrio el que Valdés debe aprender para su nuevo cargo: el pesado legado que la jala en una dirección, y sus ideas hacia otra.

“Estoy muy orgullosa de pertenecer al ballet cubano y de viajar alrededor del mundo y luego regresar”, afirmó. “Ésa es la satisfacción más grande que una artista puede tener, ser reconocida y amada en tu propio país”.

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