Castleton, la torre de arenisca que se mece como un rascacielos

27 de septiembre del 2019

Científicos descubrieron que palpita más o menos al mismo ritmo que un corazón humano.

Castleton, la torre de arenisca que se mece como un rascacielos

En el 2013, un amigo reunió a Kat Vollinger y Nathan Richman como compañeros de alpinismo. Tras unos años, estaban casados, y su amor por la escalada en roca los llevó a recorrer el mundo. Es así como, en marzo del 2018, se hallaban escalando Castleton Tower, una torre natural de arenisca de 120 metros de altura en Utah, con un sismógrafo.

Ayudaron a científicos a medir cómo la torre se conecta a las vibraciones naturales de la Tierra, descubriendo que palpita más o menos al mismo ritmo que un corazón humano. Castleton es una de las formaciones que el geólogo Jeff Moore y su equipo en la Universidad de Utah han estado monitoreando con grabaciones de audio. Esperan aprender sobre la salud estructural de arcos, puentes y torres.

Formadas con el paso de decenas de miles de años, estas estructuras han soportado terremotos y fuertes vientos. Pero las vibraciones hechas por humanos podrían estar poniendo a prueba su resistencia. Al colapsarse algunos de los arcos en el Parque Nacional de los Arcos en el curso de los últimos 20 años, los científicos se han preguntado: ¿acaso esto es normal? ¿Cuánto puede soportar una roca?

En su estudio, los investigadores hallaron que Castleton puede soportar bastante. Habían pronosticado que una estructura tan grande vibraría a una menor frecuencia que una más pequeña, muy parecido a como una cuerda de guitarra más gruesa tiene un tono más grave que una más delgada.

Su investigación sugiere que formaciones más pequeñas que vibran a una frecuencia más aguda podrían no ser tan resistentes. Su labor ofrece una nueva perspectiva sobre la naturaleza: las formaciones rocosas aparentemente macizas se mueven y cambian.

Castleton, una de las torres rocosas independientes más grandes del mundo, se mece como un rascacielos.

Vollinger y Richman colocaron un sismógrafo en la base y en la cumbre. Esto permitió que los investigadores distinguieran entre vibraciones provenientes del bamboleo de la torre y del suelo a su alrededor.

Hallaron que la torre registraba tonos de 0.8 a 1 hertz. Vibra simultáneamente con el movimiento en direcciones perpendiculares. Las vibraciones en la cima eran 70 veces más fuertes que las registradas en la base.

Y si el oído fuera lo suficientemente sensible, se podría escuchar su zumbido, comentó Paul Geimer, alumno de doctorado quien trabajó en el proyecto. Un tono diferente en futuras grabaciones podría significar que se está debilitando la roca.

Sin embargo, se necesitaría un terremoto intenso o mucho tiempo para que Castleton se desmorone, explicó Moore. Las vibraciones del tráfico, el viento, los alpinistas y los helicópteros son demasiado pequeñas.

No obstante, el equipo quiere saber qué efectos acumulativos podrían tener los sonidos humanos con el tiempo.

“Estas rocas rebosan de energía física, y responden a lo que hacemos”, aseguró Moore.

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