China figura como el gran devorador de la madera rusa

8 de julio del 2019

La demanda china también está desmontando los bosques en otras partes,

China figura como el gran devorador de la madera rusa

Desde el Macizo de Altái hasta la Costa del Pacífico, la tala está devastando los enormes bosques de Rusia, dejando atrás tierra tachonada con tocones extintos.

El culpable, para muchos rusos, es claro: China.

Desde que China comenzó a restringir la tala comercial en sus propios bosques naturales hace dos décadas, ha recurrido a Rusia, importando enormes cantidades de madera en el 2017 para satisfacer el apetito voraz de sus compañías constructoras y fabricantes de muebles.

“En Siberia, la gente entiende que necesita los bosques para sobrevivir”, dijo Eugene Simonov, ecologista que ha estudiado el impacto de la tala comercial en el Extremo Oriente de Rusia. “Y saben que sus bosques ahora están siendo robados”.

Rusia también ha sido un colaborador consciente, al vender a compañías chinas derechos de tala a bajo costo y, dicen los críticos, hacerse de la vista gorda a la tala más allá de lo que está legalmente permitido.

La demanda china también está desmontando los bosques en otras partes, desde Perú hasta Papúa Nueva Guinea, Mozambique y Myanmar.

Los ecologistas dicen que China ha reubicado el daño de la tala desenfrenada del país al extranjero, aún al tiempo que cosecha los beneficios económicos. Algunos advierten que la tala podría agotar los bosques que quedan, contribuyendo al calentamiento global.

Hace dos décadas, las preocupaciones sobre montañas desnudas, ríos contaminados e inundaciones devastadoras a lo largo del Río Yangtze empeoradas por las cuencas hidrográficas dañadas provocaron que el Gobierno comunista restringiera la tala comercial.

La demanda interna de madera no disminuyó, como tampoco lo hizo la demanda mundial de triplay y muebles, los principales productos de madera que China fabrica y exporta.

Una cosa es que la demanda china abrume a pequeñas naciones desesperadas por dinero, pero otra es que agote los recursos de una que se autoconsidera una superpotencia y un socio estratégico de China.

En cambio, el comercio ha subrayado la sobredependencia de Rusia en los recursos naturales y provocado una reacción negativa popular que tensiona las relaciones por lo demás cordiales entre los países.

Legisladores rusos han atacado a las autoridades por ignorar el daño ambiental en Siberia y el Extremo Oriente.

Habitantes y ecologistas se quejan de que la tala está arruinando las cuencas hidrográficas rusas y destruyendo los hábitats del tigre siberiano y el leopardo del Amur que están en peligro de extinción.

“Lo que estamos haciendo en Siberia y el Extremo Oriente es destruir lo que queda de los paisajes forestales intactos originales”, dijo Nikolay M. Shmatkov, del Fondo Mundial para la Naturaleza en Rusia.

La organización ha documentado la destrucción usando imágenes satelitales durante un periodo que coincide con el auge de la tala china en el país.

La asombrosa transformación económica de China ha impulsado esta demanda. Hoy es el importador número uno de madera en el mundo. También es el exportador más grande, al convertir mucha de la madera que importa en productos que llegan a tiendas de todo el mundo.

Gran parte de la madera rusa cruza la frontera en Manzhouli, un ex asentamiento nómada. El comercio ha transformado al poblado en uno de los principales centros de China para el procesamiento y producción de madera.

En los últimos 20 años han abierto más de 120 aserraderos y fábricas. Procesan madera en triplay y manufacturan chapas de madera, madera laminada, puertas, marcos de ventanas y muebles.

Las fábricas cubren docenas de hectáreas en las orillas de la ciudad y han creado más de 10 mil empleos en una localidad de 300 mil habitantes, de acuerdo con un funcionario.

Las nuevas construcciones han convertido a la ciudad en un homenaje arquitectónico a la cultura rusa. Muchos edificios tienen cúpulas bulbosas. Hay una réplica de la Cátedral de San Basilio y un hotel en la forma de lo que las autoridades afirman que es la matrioshka más grande del mundo.

Zhu Xiuhua supervisa tres fábricas en Manzhouli, así como concesiones para talar 730 mil hectáreas de bosques rusos cerca de Bratsk, una ciudad junto al Lago Baikal, y para su transporte a China. “Estamos creciendo todos los años”, dijo.

Por toda Siberia y el Extremo Oriente ruso han surgido protestas contra la tala china. Han avivado las tensiones étnicas entre rusos y chinos que durante mucho tiempo habían tenido recelos mutuos moldeados por diferencias políticas y culturales.

Una protesta en mayo del año pasado en Ulan Ude, una capital regional cerca del Lago Baikal, resultó en riñas con la Policía y ocho arrestos. “Detengan la deforestación bárbara”, exigía un cartel.

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