Hay que comer por la boca y con conciencia colectiva

16 de julio del 2019

Las dietas dominantes de la humanidad no son buenas para nosotros ni para el planeta.

Hay que comer por la boca y con conciencia colectiva

Me imagino que la mayoría de ustedes ya hace muchas cosas para ayudar a preservar la viabilidad del planeta. Tal vez recicla vidrio, plástico y papel, y hace composta de residuos orgánicos; hace el mandado con bolsas reutilizables; utiliza mucho el transporte público o la bicicleta, o por lo menos conduce un vehículo que ahorra combustible.

Pero, ¿ha pensado seriamente en los efectos de lo que come en nuestro planeta y también en su salud y en el bienestar de las generaciones futuras?

En enero, The New York Times describió un reporte nuevo de la Comisión EAT-Lancet sobre Alimentos, Planeta y Salud. Fue compilado por 37 científicos y otros expertos de 16 países, con el objetivo de establecer una economía alimentaria mundial que pueda combatir las enfermedades crónicas en los países ricos y brindar una mejor nutrición a los pobres. El objetivo era esbozar una dieta saludable y sustentable que pudiera alimentar a los casi 10 mil millones de personas que se espera habiten el mundo para el 2050.

En el año 1900, dos tercios de la proteína consumida por los estadounidenses no provenía de animales, sino de alimentos vegetales. En 1985, esa estadística se revirtió, con más de dos tercios de su proteína proveniente de animales, principalmente de ganado vacuno. Estos animales consumen hasta cuatro kilos de granos para producir medio kilo de carne y en el proceso liberan toneladas de gases de efecto invernadero, mientras que su grasa saturada y sus calorías contribuyen en gran medida a los altos índices de enfermedades crónicas.

Como dijo Walter C. Willett, profesor de epidemiología y nutrición en la Escuela T.H. Chan de Salud Pública en la Universidad de Harvard y contribuidor al reporte Lancet, “simplemente no podemos seguir comiendo las cantidades de carne de res que consumimos ahora y todavía tener un futuro para nuestros nietos”.

En un editorial, la revista The Lancet escribió: “La producción intensiva de carne está en una trayectoria imparable que constituye la mayor contribución al cambio climático. Las dietas dominantes de la humanidad no son buenas para nosotros ni para el planeta”.

El reporte no insiste en que todos se conviertan en vegetarianos o veganos, pero sí establece como objetivo que las personas en los países ricos limiten el consumo de carne roja -sobre todo res y cordero- a una porción de 85 gramos por semana, o 170 gramos cada dos semanas. Se puede ser un poco más generoso con la carne de cerdo, ave y pescado, que son mejores para la salud y menos dañinas para la Tierra.

Pero lo mejor para la salud y para el planeta es adoptar gradualmente una dieta que obtenga la mayor parte de sus proteínas de las plantas, con mariscos de criadero como principal alimento animal, así como cantidades moderadas de aves y huevos.

La Comisión EAT-Lancet enfatizó que su consejo “no es una cuestión de todo o nada, sino de pequeños cambios para un impacto grande y positivo”. Señaló que “los alimentos de origen animal, sobre todo la carne roja, tienen una huella ambiental relativamente alta por porción en comparación con otros grupos de alimentos”, lo que Willett calificó de “insostenible”.

Pero aun si las cuestiones ambientales no están entre tus prioridades, la salud sí debería estarlo. Como concluyó la comisión, “En la actualidad, más de dos mil millones de adultos tienen sobrepeso y obesidad”.

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