Si escapas de la pobreza nunca querrás volver

13 de agosto del 2019

Lukanga, de 33 años, trabaja ahora con alrededor de 40 clientes en el ramo de deportes y entretenimiento y administra más de 120 millones de dólares en activos.

Si escapas de la pobreza nunca querrás volver

Cuando Humble Lukanga estudiaba finanzas en la Universidad de Nuevo México, leyó sobre el gran número de atletas profesionales que terminaron en la bancarrota tras jubilarse.

Lukanga sabía que tenía poco en común con apoyadores y delanteros, al haber pasado los primeros años de su infancia en Uganda simplemente intentando sobrevivir.

Pero sentía que podía identificarse con muchos de ellos en un nivel importante.

“No podía imaginar escapar de la pobreza y luego volver a ella. Así que casi me obsesioné con esta epidemia que no le importaba a nadie”, dijo.

Fue una obsesión que hace poco le ayudó a salvar de la ruina a la estrella del basquetbol Lonzo Ball, de los Lakers de Los Ángeles.

El otoño pasado, Lukanga, un asesor financiero, estaba llevando la contabilidad de Ball cuando descubrió que faltaban alrededor de 1.5 millones de dólares.

Lukanga alertó a Ball, quien desde entonces ha demandado a Alan Foster, un socio de negocios, por más de 2 millones de dólares como parte de una demanda que alega que Foster desfalcó a Ball y a una compañía de tenis que él cofundó.

“Sin Humble, no sé dónde estaría en este momento”, dijo Ball.

Lukanga, de 33 años, trabaja ahora con alrededor de 40 clientes en el ramo de deportes y entretenimiento y administra más de 120 millones de dólares en activos.

Describe su infancia como “retadora”. Mientras Uganda lidiaba con un cambio de régimen y sus malignos efectos, algunos miembros de su familia fueron asesinados y otros murieron por enfermedad, dijo. Sus padres vivían atemorizados.

Lukanga recordó el día en que le informaron que su familia había asegurado asilo político en Estados Unidos.

Para un niño de 11 años de una aldea pequeña, totalmente rodeado por los efectos del genocidio y la hambruna, Lukanga sabía que era un milagro, contó.

Su familia se estableció en Denver, Colorado. Sanyu, la madre de Lukanga, trabajaba como empleada doméstica y Erisa, su padre, limpiaba establecimientos de una cadena de restaurantes por las noches.

Lukanga estaba en preparatoria, dijo, cuando su madre sufrió un derrame cerebral que la dejó paralizada. Su padre la cuidaba durante el día y trabajaba en la noche para arreglárselas. Lukanga solía ayudar.

Armado con artículos de limpieza, Lukanga recordó un pensamiento que se le quedó grabado: la maldición de la pobreza termina conmigo.

Mientras estaba en la universidad, contó, su madre murió, y luego su padre sufrió un infarto fatal mientras viajaba a Uganda para enterrarla.

“Todo estaba alineado en su contra”, señaló Arian Foster, ex jugador de futbol americano profesional. “Y él continúa perseverando”.

Tras obtener una licenciatura en administración en Nuevo México, Lukanga se unió a una firma financiera en Nueva York.

Foster estuvo entre sus primeros clientes. No era rico y recordó una de sus primeras llamadas telefónicas de Lukanga: “¿Gastaste 37 dólares en Applebee’s?”, gritó Lukanga. “¿Quién te crees, hombre?”.

Lukanga dejó la firma más tarde para iniciar su propio negocio, Life Line Financial Group. Hoy se considera más un administrador de bienestar que un asesor financiero. Los hábitos de gasto, dice, son un reflejo de los valores personales. Lukanga dice que dedica cada día a alguien que ya no está aquí. Con frecuencia piensa en su padre.

“Pienso que parte de mi paz más grande proviene de saber que soy su sueño más audaz”, dijo.

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