Con danza devela el amor entre dioses y demonios

14 de agosto del 2019

“Experimenté esta impactante sensación de pérdida de mi control sobre la danza”.

Con danza devela el amor entre dioses y demonios

En una noche memorable hace unos cuantos años en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, Bijayini Satpathy y Surupa Sen, bailarinas de odissi, una danza clásica india, interpretaron un dueto frente al gran Templo de Dendur, de piedra arenisca. El tiempo se detuvo y todos los detalles de su baile en pareja eran tan fluidos que parecían casi un solo cuerpo, que se movía en armonía con la música.

La fusión de forma y musicalidad era fruto de una larga colaboración; las mujeres tenían más de dos décadas de bailar juntas. Hasta fines del año pasado crearon obras en su sede artística en Nrityagram, una compañía y escuela de baile cerca de Bangalore, en el sur de India. Sen era la coreógrafa y Satpathy la maestra y bailarina estrella.

Pero al acercarse a los 40 años, dijo Satpathy hace poco, sintió un nuevo deseo de ponerse a prueba al estar ella sola al frente de una velada. Sentía “un fuerte apremio de adentrarme a una dimensión sin tocar y subexplorada” de su habilidad artística “antes de que sea demasiado tarde”, dijo.

El año pasado, cuando cumplió 45 años, le dijo a Sen que se tomaría un tiempo lejos de Nrityagram para explorar. Renunció a su puesto como directora de la escuela y bailarina principal en la compañía.

El estilo odissi de danza india clásica ha existido desde por lo menos el siglo 10 en Odisha, un Estado en la costa oriental de India.

Satpathy nació en la capital de Odisha; al igual que muchas niñas en el área, estudió odissi en la academia de danza local, donde era la mejor de su clase. Pero la idea de dedicar su vida a la danza no le pasó por la mente. Obtuvo un título universitario en Educación, con planes de convertirse en maestra. Una audición para Nrityagram, que en ese entonces reclutaba bailarines, se interpuso.

“Apenas entré a ese lugar y supe, esto es lo que quiero hacer”, dijo. Pese a la desaprobación de su familia —”mis padres no me dirigieron la palabra durante tres años”— persistió. Se convirtió en directora de la escuela, desarrollando un riguroso programa de acondicionamiento con elementos de yoga, artes marciales e incluso ballet y Pilates.

Dejar Nrityagram ha sido difícil. Al principio, dijo Satpathy, se sentía desolada: “Experimenté esta impactante sensación de pérdida de mi control sobre la danza”. Ha tardado meses en volver a encontrarlo, trabajando sola durante seis horas al día en el estudio del hogar que comparte con su esposo, un fotógrafo, cerca de Nrityagram.

Ahora trabaja en un baile como solista inspirado en un poema del “Gita Govinda”, un texto del siglo 12 escrito en sánscrito que relata los desvaríos del amor entre el dios Krishna y la lechera Radha. En esta canción, Krishna expresa su anhelo por Radha, quien se niega a verlo. “Se trata del dolor desgarrador de la separación”, dijo Satpathy, un tema que tiene particularmente presente en fechas recientes.

Sola en el escenario, Satpathy por fin es libre de vivir dentro del mundo que ha evocado en su mente. “Es un lujo vivir en este mundo de tu creación como si fuera real”, afirmó.

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