‘Herramienta para sobrevivir’ mejora la vida en prisión

20 de octubre del 2019

Dibujar le daba esperanza a Valentino Dixon.

‘Herramienta para sobrevivir’ mejora la vida en prisión

Dibujar le daba esperanza a Valentino Dixon. Estaba en prisión por homicidio y terminó por cumplir una sentencia de 26 años, aunque otro hombre había confesado el crimen. Su tío lo alentó a tomar el lápiz. Comenzó a dibujar coloridos campos de golf inspirados por revistas, hasta 10 horas al día, durante 20 años.

“La paz y tranquilidad del golf llevaban a mi mente a otro lugar”, dijo Dixon, quien fue liberado en el 2018, a The New York Times. La prisión es un lugar oscuro y dibujar se convirtió en herramienta para sobrevivir”.

Salió de la prisión con alrededor de 900 dibujos, uno de los cuales es incluido en “El Lápiz es una Llave”, una exposición en el Centro del Dibujo en Nueva York que se exhibe hasta el 5 de enero y que hace un recuento de la práctica de siglos de antigüedad de prisioneros que usan las artes para sobrellevar su situación.

Caricaturas de Honoré Daumier, encarcelado en 1832 por crear una imagen satírica del Rey Luis Felipe, se encuentran junto a retratos de Azza Abo Rebieh, una artista siria encarcelada por el régimen Assad en el 2015.

En el Instituto Correccional Sterling en Colorado, los reos se expresan vía otra tradición de siglos de antigüedad: obras de teatro carcelarias.

Los registros muestran que prisioneros australianos montaban obras de Shakespeare a fines del siglo 18. Hace poco, como parte de la Iniciativa de Artes en Prisión de Denver, 30 reos escenificaron una producción de “Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco”, la novela de Ken Kesey que cuenta la historia de hombres dentro de un pabellón psiquiátrico de la era de los 60s.

Al tiempo que Estados Unidos lidia con el legado de las penas mínimas y sopesa la liberación de delincuentes no violentos que cometieron delitos relacionados con drogas, defensores de los programas artísticos dicen que estos le añaden humanidad y propósito a la desolación de la vida tras las rejas.

Para Dean Williams, director ejecutivo del Departamento Correccional de Colorado, escenificar la obra es parte de una estrategia más amplia para hacer que la vida dentro de la prisión sea lo más parecida posible a la vida en el exterior, una filosofía conocida como normalización.

“Hemos convertido a la prisión en un lugar de crudeza, ociosidad y un lugar sin propósito”, dijo. “Luego estamos confundidos cuando la gente sale y no prospera. Creo que eso es nuestra culpa”.
En la prisión de la Isla Rikers, la normalización es parte del objetivo de GreenHouse, el jardín carcelario más antiguo y grande en EU.

“Ese es mi bebé”, dijo Mike Cruz, un reo, a The Times mientras señalaba hacia un girasol mexicano en los terrenos de una hectárea. “Yo mismo sembré las semillas y véanlo ahora, mide 1.52 metros de alto. Puedes verlos crecer y te sientes bien al respecto. Es como tener un hijo”.

Ayudados por un equipo de expertos de la Sociedad Hortícola desde fines de los 80, los reos planean el paisajismo, construyen cobertizos y eligen semillas de un catálogo durante el invierno. Hilda Krus, directora de GreenHouse, dijo a The Times que el jardín ayuda a los prisioneros a desarrollar responsabilidad personal por sus acciones así como habilidades de vida como cuidar de sí mismos, nutrición y trabajo en equipo.

Y hay datos que muestran que funciona. Un estudio del 2008 descubrió que los participantes en el programa GreenHouse tenían una tasa 40 por ciento menor de volver a ser condenados que reos en la población carcelaria en general.

“Es un trabajo pensante, es como un rompecabezas”, dijo Cruz. “Necesitas descubrir qué cosas malas quitar para hacer que las cosas buenas crezcan”.

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