Copenhague se ocupa del cambio climático

28 de julio del 2019

Ya ha reducido sus emisiones un 42 por ciento en comparación con los niveles del 2005.

Copenhague se ocupa del cambio climático

Copenhague pretende anular sus emisiones de gases de efecto invernadero, y pronto. Para el 2025, esta ciudad industrial, alguna vez sucia, aspira a la neutralidad en carbono, lo que significa que planea generar más energía renovable que la energía sucia que consume.

La mitad de la humanidad vive hoy en ciudades y una gran proporción de los gases que calientan el planeta proviene de las ciudades. Las grandes soluciones al cambio climático también deben venir de las ciudades. La experiencia de Copenhague, hogar de 624 mil personas, puede mostrar a otros gobiernos urbanos lo que es posible.

El Alcalde Frank Jensen dijo que las ciudades “pueden cambiar la manera en que nos comportamos, la forma en la que vivimos, e impulsarnos a ser más ecológicos”.

Su ciudad tiene ventajas: es pequeña, adinerada y a su población le interesa el cambio climático.

Jensen dijo que los alcaldes, más que los políticos a nivel nacional en Dinamarca, sienten la presión de tomar medidas. “Somos directamente responsable por nuestras ciudades y nuestros ciudadanos, y ellos esperan que hagamos algo”, explicó.

Copenhague ya ha reducido sus emisiones un 42 por ciento en comparación con los niveles del 2005, principalmente mediante la eliminación del uso de combustibles fósiles para generar calor y electricidad.

Sin embargo, la política dificulta lograr mayor progreso. Jensen, de 57 años y socialdemócrata de centroizquierda, no ha podido persuadir al Gobierno nacional dirigido por un partido de centroderecha, que imponga restricciones a los vehículos de diésel. El transporte representa una tercera parte de la huella de carbono de la Ciudad; es el sector individual más grande y está creciendo.

El Gobierno nacional, en una estrategia que los detractores afirman motiva el uso de los automóviles privados, ha disminuido los impuestos de vehículos. Ole Birk Olesen, el Ministro de Transporte, dijo que el Gobierno quería reducir lo que él llamó “el exceso de impuestos a los autos”, aunque agregó que lo ideal sería que los daneses sólo compraran autos de cero emisiones.
Muchos políticos de Oposición y analistas independientes dudan que Copenhague pueda cumplir con su objetivo para 2025, y algunos críticos opinan que el plan se enfoca demasiado en intentar equilibrar sus niveles de carbono en lugar de cambiar la manera en que la gente vive.

“Nos movemos de un lado a otro en vehículos que queman combustible fósil, comemos muchísima carne y compramos demasiada ropa”, dijo Fanny Broholm, vocera del partido ecologista Alternativet. “El objetivo de por sí no es lo suficientemente ambicioso, y ni siquiera podemos alcanzarlo”.

Los funcionarios de la ciudad afirman que este es sólo el inicio. Una nueva línea del metro, programada para inaugurarse este año, pondrá a la mayoría de los residentes urbanos a unos 650 metros de alguna estación. Las sendas exclusivas para bicicletas en rutas muy transitadas ya son de tres carriles de ancho, para que pueda desplazarse el 43 por ciento de los copenhagueses que se trasladan en dos ruedas —incluso en días lluviosos con mucho viento, que abundan.

La ciudad ha invertido en grande en turbinas eólicas. La calefacción de los edificios proviene, en parte, de la quema de basura en un nuevo incinerador de alta tecnología —eso es, la basura que haya para quemar, ya que cada edificio de departamentos ahora tiene ocho contenedores distintos para reciclaje.

Algunas de las centrales eléctricas han cambiado del carbón a pellets de madera. En principio, eso es neutro en carbono si se plantan árboles en lugar de los talados. Pero quemar madera produce emisiones; una demanda presentada ante el Tribunal de Justicia Europea argumentó que los pellets de madera no deberían contar como renovables.

La ciudad inauguró recientemente un incinerador de 660 millones de dólares y 85 metros de altura, que asemeja una reluciente pirámide a medio construir. Diseñado por Bjarke Ingels, uno de los arquitectos más conocidos del País, tiene una pista de esquí abierta todo el año para atraer a visitantes.

Todos los días, 300 camiones llevan basura para alimentar su gigantesco horno. Eso también tiene una huella de carbono. Pero Peter Blinksbjerg, el ingeniero titular, señaló que en lugar de ir a un relleno sanitario, la basura se transforma en algo útil: calor.
Es difícil imaginar cómo era Copenhague en épocas pasadas, cuando había fábricas en las calles estrechas y barcos en el puerto manchado de petróleo. El aire estaba repleto de esmog. Ahora, la gente se traslada por una socorrida autopista para bicicletas que conecta a la parte más antigua de la Ciudad con los barrios del norte.

Mariam Hleihel, estudiante de Medicina, dijo dar la bienvenida a los esfuerzos de Jensen por reducir el número de autos contaminantes. “Si no hacemos algo al respecto ahorita, las consecuencias podrían ser irreversibles”, dijo.

Es un sentimiento compartido por muchos daneses.

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