¿Cuánto está dispuesto a pagar por una ‘isla soñada’?

25 de julio del 2019

Los compradores de islas de Nueva York saben que no deben esperar palmeras.

¿Cuánto está dispuesto a pagar por una ‘isla soñada’?

Albert Sutton pagó poco más de 1 millón de dólares por algo con lo que sueñan muchos ricos: una isla privada. Luego compró una segunda isla, a 350 metros de distancia, por 450 mil dólares.

Pero las islas de Sutton no están en el Caribe ni en el Pacífico. Las de él están a cinco minutos en barco cruzando el Estrecho de Long Island desde Nueva Rochelle, a menos de una hora al norte de Manhattan.

“Pensé que tendría grandes pensamientos aquí”, dijo.

La isla Columbia es una de docenas que hay frente a las costas de la ciudad de Nueva York.

“Abandonar tierra firme es el sueño isleño de todos”, dijo Rebecca Kinnear, editora de Islands.com, un sitio en internet que se enfoca en islas en lugares más cálidos. “Cuando vas a una isla estás escapando del mundo real, dejando todo atrás a favor de, con suerte, palmeras y una playa perfecta”.

Los compradores de islas de Nueva York saben que no deben esperar palmeras. Pero para algunos, la privacidad es primordial, dijo John Campbell, agente inmobiliario que trae una opción de 4.9 millones de dólares por una isla de media hectárea con una casa frente a Branford, Connecticut. “A menos que algunos piratas vengan a la isla, no hay peligro”, dijo.

Sutton, un patólogo convertido en inversionista inmobiliario, dijo que había gastado 8 millones de dólares en renovaciones, incluyendo paneles solares para la electricidad y una unidad de desalinización para agua potable. Compró un buque de la Marina decomisado para llegar a su isla.
Ahora, ya ha tenido suficiente. Puso las dos islas en venta en mayo por 13 millones de dólares.

“Empecé a los 70 años. Ahora tengo 85. Soy menos aventurero”, dijo Sutton. “Ya no se trata de mí ni de mis deseos o sueños. Puedo soñar en una silla”.

Originalmente, sus sueños no incluían la cercana isla Pea, pero cuando estuvo disponible en el 2015, la compró como resguardo. “Protege a quienquiera que vaya a ser dueño de esto de tener un vecino hostil o algo así”, dijo.

En la isla Pea no hay nada más que árboles, y con alrededor de 1.5 hectáreas, mide más del doble que la isla Columbia. El tamaño exacto de la isla Columbia depende del momento en que se tomen las mediciones. Crece y se encoge con la marea. Una pequeña playa de arena más allá del rompeolas de cuatro metros desaparece cuando llega la marea y reaparece cuando se va. El único edificio en la isla Columbia se construyó como base de un radiotransmisor en la década de los 40.

Cuando Sutton se enteró de que la isla estaba a la venta, fue amor a primera visita.

“Fui engreído”, dijo. “Había comprado un par de condominios. Dije, ‘Sí, puedo comprar esto’”.

Pero ser dueño de una isla era diferente. Tuvo que retirar toda la tablarroca común y corriente que instaló al principio, sustituyéndola por una recubierta de concreto resistente al agua. Primero plantó acacias de tres espinas y arbustos que crecen bien en tierra firme, pero que murieron en el aire salado. Ahora tiene moras y cerezos japoneses.

Y aunque la torre de radio debió haber tenido un cable eléctrico desde tierra firme, hacía tiempo que había desaparecido. Sutton optó por paneles solares, con un sistema de respaldo para los días nublados, dos generadores de 50 kilowatts. Con todo y todo, Sutton dijo que sólo había pasado una noche en la isla.

“Realmente nunca se me ocurrió que, caray, debería pasar más tiempo ahí o disfrutarla más”, dijo. “Yo estaba aquí para embellecerla y dejar que se materializara”.

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