Cuenta en segundos 8,186,699,633,530,061 en ábacos

29 de agosto del 2019

Alguna vez fue una herramienta común entre los propietarios de tiendas, cajeros de bancos y contadores.

Cuenta en segundos 8,186,699,633,530,061 en ábacos

La persona al micrófono leyó los números a gran velocidad, con cada cifra de múltiples dígitos revolviéndose con la siguiente.

En cuestión de segundos, Daiki Kamino levantó triunfante el brazo derecho. No sólo había oído cada número, sino que los había tabulado y llegado a la suma correcta de 16 dígitos: 8,186,699,633,530,061.
Lo hizo todo en un ábaco.

Por esta virtuosidad matemática, Daiki, de 16 años, estudiante de preparatoria de Hiroshima, fue coronado campeón en el evento de dictado de cifras en un torneo anual en Kioto, donde los competidores realizan deslumbrantes hazañas aritméticas simplemente deslizando diminutas cuentas a lo largo de varillas dispuestas dentro de sencillos marcos de madera.

Durante los últimos ocho años, Daiki ha pasado hasta tres horas diarias practicando en el ábaco, o “soroban” en japonés.

“Escucho y muevo los dedos y repito los números en mi mente”, dijo, tratando de explicar cómo podía hacer lo que hace. “Tan pronto como escucho la unidad, como billón o millón, empiezo a mover los dedos”.

Alrededor de 43 mil estudiantes toman clases de soroban en escuelas privadas de Japón, de acuerdo con estimaciones del Gobierno, aunque las asociaciones de soroban afirman que la cifra es más alta. Muchos practicantes presentan exámenes para alcanzar certificados avanzados conocidos como kyu o dan, que son similares a los cintos en las artes marciales. Los que sobresalen compiten en torneos nacionales.

Más de 800 concursantes de todo Japón, y unos cuantos de Corea del Sur, se congregaron en un auditorio en Kioto, a principios de agosto.

El competidor más joven tenía 8 años y el mayor, 69. Al multiplicar y dividir cifras de hasta 16 dígitos, enviaban el sonido de rápidos claqueteos por toda la sala.

Para algunos eventos, los concursantes prescindieron del ábaco e imaginaron mentalmente las cuentas mientras llenaban largas páginas de cálculos.

Un ganador, un estudiante universitario de 20 años, rompió su propio Récord Mundial Guinness al sumar en su mente 15 cifras de tres dígitos que aparecieron en una pantalla grande en un tiempo de 1.64 segundos.

Hasta principios de los 70, los niños de primaria en Japón aprendían a dominar el soroban, que fue adaptado de versiones traídas de China en el siglo 15. Alguna vez fue una herramienta común entre los propietarios de tiendas, cajeros de bancos y contadores. A finales de los 70, las autoridades de educación, ansiosas por reforzar las habilidades científicas y tecnológicas, redujeron significativamente la enseñanza del soroban.

“A diferencia de la computadora o la calculadora, uno tiene que observar el movimiento de las cuentas con los ojos, y luego pensar con el cerebro y hacer un movimiento con los dedos”, dijo Yasuo Okahisa, subdirector de la Liga para la Educación con Soroban en Japón, organizadora del torneo de Kioto.

El soroban está formado de columnas de cuentas, con cada columna representando un valor, como unos, cientos, miles y así consecutivamente. Una cuenta en lo alto de cada columna vale cinco, mientras que cuatro en la parte inferior de cada columna valen uno cada una. Los estudiantes suman, restan, multiplican y dividen al deslizar las cuentas hacia arriba y hacia abajo.

Algunos educadores dicen que la principal razón para enseñar soroban es preservar la cultura tradicional.

Pero Yukako Kawaguchi, de 44 años, que dirige una de las aproximadamente 6 mil 500 escuelas privadas de soroban a nivel nacional, dijo que los que estudian ábaco intensamente desarrollan un sentido de logro.

“Serán vistos como chicos inteligentes en clase, y eso les dará confianza”, dijo Kawaguchi, dos veces campeona nacional de soroban y quien ganó su primera competencia cuando tenía 14 años.

Sin embargo, admitió que sus hazañas con el soroban no eran de mucha ayuda en las matemáticas de nivel superior, como el cálculo. Hoy, aparte de dar clases, utiliza principalmente sus habilidades mentales del soroban para sumar la cuenta del supermercado antes de llegar a la caja.

“Es divertido”, dijo Niko Shibayama, de 11 años, que pasa dos tardes y toda la mañana del sábado en la escuela. “Soy muy competitiva. Así que nunca quiero perder contra nadie”.

Su madre, Rutsuko Shibayama, de 44 años, pensaba que la facilidad de Niko con la competencia podría ayudar a que tomara con calma los extenuantes exámenes de admisión escolares. Pero estaba más feliz de que su hija hubiera encontrado una actividad extracurricular que le encantara.

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