Deshollinadores, hoy orgullosos de su oficio

10 de octubre del 2019

Todos los años, cientos de deshollinadores llegan a Santa María Maggiore para rendir honor a su oficio.

Deshollinadores, hoy orgullosos de su oficio

Todos los años, cientos de deshollinadores (limpiadores de chimeneas) de todo el mundo llegan a Santa María Maggiore para el Festival Internacional de Deshollinadores para rendirle honor a su oficio en el lugar que afirma ser su cuna. Este año, deshollinadores de 24 países estuvieron presentes.

El festival atrae a miles de turistas al poblado, localizado en el valle Vigezzo, cerca de la frontera con Suiza. Pero pocos han olvidado los horrores pasados de un oficio peligroso que dependía de la explotación infantil.

Recuerdos de pobreza y humillación penden, pesados, sobre el momento.“Cuando inició el evento, en los 80, pocos lugareños participaron porque sentían vergüenza”, dijo el Alcalde Claudio Cottini.

Durante muchos siglos, las familias de esta región fueron tan pobres que muchos enviaban a sus hijos, de tan sólo 6 o 7 años, a trabajar como deshollinadores. Los niños eran aprendices de “padroni”, o deshollinadores maestros, y los retratos de sus vidas cuentan relatos de miseria.

Desnutridos intencionalmente para que permanecieran delgados, los jóvenes deshollinadores eran forzados a subir por estrechos tiros, raspándose rodillas y codos, mientras desprendían hollín ardiente de las paredes de la chimenea. Viajaban a tierras lejanas por un pago insignificante. Las golpizas eran comunes.

“Eran despreciados, humillados y maltratados, pero hicieron enormes sacrificios para poder enviar dinero a casa para ayudar a sus familias”, dijo Anita Hofer, vicepresidenta de la Asociación Nacional de Deshollinadores Italianos.

Cada año, los deshollinadores visitantes hacen una peregrinación colectiva al pueblo cercano de Malesco hasta la estatua de Faustino Cappini, un deshollinador de 12 años que resultó electrocutado en 1929 cuando sacó su mano de una chimenea y accidentalmente tocó un cable de electricidad. Era común que los niños indicaran a sus amos que habían limpiado el tiro hasta la punta.

Hoy, la tecnología, las chimeneas modernas y las estrictas reglas de seguridad han vuelto la limpieza una tarea mucho menos peligrosa. “Con el tiempo se ha vuelto algo de qué estar orgulloso”, dijo Cottini. “Ahora hay un reconocimiento de que esta tierra dio un oficio a nuestros ancestros, y le rendimos homenaje a eso”.

Los turistas llegan a raudales en otras épocas del año a admirar sus exteriores y galerías de arte, que explotan la reputación del valle de Vigezzo como el “Valle de Pintores”.

Al terminar el desfile, los escoceses estaban marchando con los rusos; los japoneses eran bombardeados con solicitudes de fotos; y un deshollinador local, Livio Milani, ondeaba una bandera italiana desde el techo del viejo Ayuntamiento.

“Esta es la imagen que hay que llevarse uno a casa”, dijo Rosanna Ramoni, una residente, mientras todo el mundo vitoreó.

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