Deterioro y caos aquejan a la Casbah ‘en peligro’

9 de julio del 2019

Ruinas acentúan los edificios encalados que forman una cascada en la pendiente que da al Mediterráneo.

Deterioro y caos aquejan a la Casbah ‘en peligro’

Gran parte de la capital enardece con enojo sofocado ante 20 años de represión del Estado policial. Pero la Casbah, la ciudadela y su distrito en el corazón de Argel, está extrañamente tranquila, con sus antiguos callejones de piedra vacíos bajo el resplandor del sol.

No hay necesidad de realizar manifestaciones en el distrito histórico para subrayar la falta de ayuda del Estado. Es evidente en todas partes.

Ruinas acentúan los edificios encalados que forman una cascada en la pendiente que da al Mediterráneo, donde Renoir dijo que había “descubierto blancura” y Guy de Maupassant encontró una “ciudad de nieve bajo luz deslumbrante”.

Incluso antes de que la revolución convulsionara a Argelia este año, un plan para salvar a la Casbah de su lento deterioro estaba en problemas, al ofender a algunos por la invitación extendida a los franceses, los ex colonizadores, para ayudar a salvar al distrito de la era otomana.

Con la agitación política de Argelia, y la incertidumbre y parálisis todavía mayor que causa en el Gobierno, es probable que sea todavía más difícil llevar a cabo ese plan.

La Casbah, abarrotada con 50 mil residentes en su mayoría pobres, está casi desprovista de los elementos que han ayudado a salvar a distritos históricos en otros países: turistas, restaurantes y museos.

Durante la guerra de Argelia para independizarse de Francia, que terminó en 1962, la Casbah jugó un papel crucial como lugar para organizar y ocultar a insurgentes. Con la independencia, los pobres huyeron hacia los vecindarios más modernos abandonados por los franceses.

El Gobierno argelino ultranacionalista y modernizador tenía poco interés en el vecindario, fundado en el siglo 10.

“No han tenido sentido de cultura o patrimonio”, dijo Ali Mebtouche, director de la Fundación Casbah, un grupo sin fines de lucro dedicado a salvar el distrito histórico.

Hoy, casi un tercio de los edificios del siglo 18 y principios del 19 de la Casbah están dilapidados, “y el resto está en proceso de derrumbarse”, dijo Mebtouche. Un edificio en la Casbah se derrumbó el mes pasado tras lluvias intensas, provocando la muerte de cinco miembros de una familia de posesionarios.

Intensamente nacionalista, el Gobierno ha sido reticente respecto a aceptar ayuda internacional.

La Unesco ha declinado incluir a la Casbah en su lista de Patrimonio Mundial en Peligro cuando “objetivamente, está en peligro”, dijo Karim Ben Meriem, arquitecto del Instituto de Ordenación Territorial y de Urbanismo de la Región Parisina.

El instituto estuvo al centro de una disputa que estalló a fines del año pasado, cuando el prefecto en Argel dijo que quería reclutar la pericia de la agencia y de Jean Nouvel, un arquitecto francés y ganador del Premio Pritzker, el máximo galardón en la arquitectura, para revitalizar la zona.

Docenas de historiadores, arquitectos, escritores, activistas y estudiantes reaccionaron con furia al plan en una carta abierta publicada en el periódico L’Humanité en diciembre.

En una respuesta escrita, Nouvel prometió “formular una contribución que se desarrollaría y evolucionaría con base en la escala del terreno”.

El plan es comenzar al reinvertir en los espacios muertos, al colocar estructuras temporales como espacios de juegos infantiles o talleres para artistas, para que los habitantes “reclamen su patrimonio”, dijo Ben Meriem.

Entre los edificios en desuso, “el 80 por ciento son dueños que han abandonado sus propiedades”, señaló Mebtouche. Los posesionarios se instalan; su ropa tendida ondea desde las azoteas. Hay edificios cuyas fachadas o parte posterior se han derrumbado. Hay pilas de escombros y lotes vacíos donde la maleza supera en altura a los escombros.

Pero también es un vecindario donde los niños juegan en los umbrales complejamente tallados, madres con velos islámicos ascienden por los empinados callejones tras recoger a sus hijas de la escuela y sobrevive suficiente de la tela urbana encalada para dar un sentido del pasado.

“Aquí, tus vecinos se sienten como en casa contigo y tú con ellos”, dijo Jamila Hamouda, cuyo esposo Mohamed, de 73 años, nació en la dar, o casa, otomana del siglo 18, en la que viven.

Mohamed era adolescente cuando paracaidistas franceses detonaron el escondite de Ali la Pointe, experto en bombas de los revolucionarios argelinos, durante la Batalla de Argel en 1958.

“Lo que vivimos nos impactó”, dijo.

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