Dobrusa, la aldea con un solo habitante

19 de julio del 2019

Se llama Grisa Muntean, un agricultor de baja estatura con bigote.

Dobrusa, la aldea con un solo habitante

Hace 30 años, la aldea de Dobrusa tenía alrededor de 200 residentes. Al inicio de este año, tenía sólo tres.

Entonces, dos fueron asesinados.

Y ahora sólo queda uno: Grisa Muntean, un agricultor de baja estatura con bigote.

Como compañía, Muntean tiene a sus dos gatos, cinco perros, nueve pavos, 15 gansos, 42 pollos, aproximadamente 50 palomas, 120 patos y varios miles de abejas. Los otros humanos han muerto, se han ido a poblados y ciudades más grandes en Moldavia o emigraron a Rusia u otras partes de Europa.

“La soledad te mata”, dijo Muntean, de 65 años.

Dobrusa fue alguna vez una aldea de 50 casas que bordeaban dos calles al final de un valle. Al igual que muchos asentamientos a lo largo de Moldavia, se vació tras la caída de la Unión Soviética en 1991, un éxodo reflejado por toda Europa Oriental.

Ahora, incluso el cementerio de la aldea desaparece entre un matorral de plantas.

“Cuando trabajo, hablo con los árboles”, dijo Muntean. “Con las aves, con los animales, con mis herramientas. No hay nadie más con quién hablar”.

Hasta febrero, Muntean dependía de la compañía de Gena y Lida Lozynsky, una pareja de cuarentones que vivía en la aldea.

Los Lozynsky ayudaban a Muntean a cuidar de su pequeña propiedad y vigilaban su casa cuando él llevaba sus huevos y verduras al mercado. El trío hablaba, al menos por teléfono, casi diariamente.

Pero un domingo en febrero de este año, los Lozynsky dejaron de responder las llamadas de Muntean. El miércoles siguiente, tras recibir una pista, el Alcalde del área circundante, Grigore Munteanu, visitó el hogar de los Lozynsky. Al interior de la cabaña, halló sus cuerpos medio desnudos y manchados de sangre en el suelo.

Una investigación descubrió que la pareja había sido matada a golpes por un jornalero ebrio, después de que él y otro trabajador del campo habían intentado violar a Lida Lozynsky, dijo el Alcalde.

Ahora, Muntean es el último sobreviviente de la aldea.

El colapso de la Unión Soviética llevó al declive del sistema colectivo y a la privatización del sector agrícola. Para encontrar empleo, muchos moldavos dejaron sus poblados, y para encontrar salarios más altos, miles se fueron del país. Cuando Muntean, quien había vivido en una aldea cercana, llegó a Dobrusa en el 2000 para establecer una pequeña granja ovina, la población de la aldea había caído a aproximadamente 70.

No obstante, pese a su soledad, Muntean dice que hay una especie de alegría en la paz y la falta de compañía. Cultiva sus propias verduras y elabora su propia miel. Vive entre la naturaleza, perturbado sólo por el sonido de sus gansos, en un valle al que describe como una especie de paraíso.
Además, Muntean no siempre se siente tan solo cuando se sienta en su desordenada granja y levanta la mirada para ver el cementerio del poblado.

“Gena siempre dijo que me vigilaría”, dijo Muntean.

“Y ahora, lo hace”.

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