Lo predecible de Trump es lo impredecible que es

15 de junio del 2019

Prolífico en el uso de amenazas como herramienta de liderazgo.

Lo predecible de Trump es lo impredecible que es

Durante nueve días, tuvo el dedo puesto en el gatillo y amenazó con jalarlo. Durante nueve días, tuvo en vilo a dos países, industrias multinacionales enteras, consumidores, trabajadores e incluso a sus propios asesores y aliados republicanos, con la incertidumbre de qué sucedería con miles de millones de dólares en juego.

Y entonces, de forma casi tan abrupta como empezó, terminó.

El Presidente Donald J. Trump anunció que cancelaría los paralizantes aranceles nuevos que había prometido imponer a México apenas 48 horas antes de que entraran en vigor porque había llegado a un acuerdo de último minuto sobre inmigración, uno que, principalmente, reafirmaba acuerdos anteriores.

Esos nuevos días ofrecieron un vistazo al enfoque de Trump para abordar algunas de las problemáticas más abrumadoras que él y Estados Unidos enfrentan: cuando el objetivo parece fuera del alcance a través de medios tradicionales, hay que amenazar con medidas drásticas, establecer un plazo, exigir concesiones, llegar a un trato, real o imaginado, evitar el fatídico desenlace y declarar victoria.

En todo caso, obliga a darle atención al asunto. El que el enfoque produzca o no resultados sostenibles, no queda tan claro.

Estos son con frecuencia dramas creados por él mismo, donde él es, naturalmente, el héroe. Sin embargo, en ocasiones sus tácticas parecen poco más que fingir que se logra un avance sin solucionar en realidad el problema.

“Para Trump, es una situación ganar-ganar”, dijo Ned Price, director de política en National Security Action, una organización progresista de promoción de ideas para política exterior. Pero “el perdedor suele ser el pueblo estadounidense y con frecuencia, primordialmente, la base de Trump”.

Amenazar

En abril, Trump amenazó con cerrar la frontera con México a menos de que el país hiciera más para detener la inmigración ilegal.

México prometió tomar medidas. Trump abandonó la amenaza. Pero entonces, el flujo de migrantes aumentó, lo que motivó a Trump a emitir una nueva amenaza el 30 de mayo, esta vez para imponer aranceles escalonados que habrían iniciado el 10 de junio.

Esta amenaza inquietó a México lo suficiente como para que su Secretario de Relaciones Exteriores viajara a toda prisa a Washington para volver a prometer más medidas. Bajo el trato anunciado a principios de junio, México aceptó desplegar a su recientemente formada Guardia Nacional para evitar que migrantes lleguen a Estados Unidos, y ampliar un programa que hace que algunos migrantes esperen en México mientras sus solicitudes de asilo se tramitan en Estados Unidos.

Sin embargo, México se ha comprometido a hacer esas cosas antes, y había rechazado una exigencia más significativa, un tratado de “tercer país seguro”, que da a Estados Unidos la habilidad de rechazar a solicitantes de asilo si no han buscado primero refugio en México. En lugar de eso, México aceptó continuar hablando sobre una medida de ese tipo durante los siguientes 90 días.

Los expertos no pueden recordar a ningún otro Mandatario que fuera tan prolífico en el uso de amenazas como herramienta de liderazgo como lo ha sido Trump. “Ni uno solo”, dijo Shirley Anne Warshaw, profesora en Gettysburg College, en Pennsylvania, quien ha escrito libros sobre la toma de decisiones presidencial.

Esto es lo que hace el ‘Primer Amenazador’

Hace muchas amenazas que nunca concreta.

Con regularidad amenaza con demandar a adversarios y reescribir las leyes de difamación para castigar a los medios. Amenazó con quitarle una licencia a la cadena televisiva NBC, con eliminar una exención fiscal para la NFL y con retirar tropas de Corea del Sur.

Amenazó con encarcelar a Hillary Clinton. Amenazó con dar a conocer grabaciones de sus conversaciones con James B. Comey cuando éste era director del FBI, sólo para admitir luego que esas grabaciones no existían. Amenazó con castigar a General Motors por cerrar una planta.

Algunas amenazas son más apocalípticas. Amenazó “fuego y furia” contra Corea del Norte y “el fin oficial de Irán” si alguno de los dos ponía en peligro a Estadis Unidos.

Su retórica sobre Corea del Norte llevó a pláticas sin precedentes con su líder, Kim Jong-un, aunque un acuerdo nuclear sigue siendo esquivo. Irán devolvió dos barcos con misiles a su puerto y los descargó. Su amenaza de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte resultó en negociaciones que produjeron un pacto con revisiones.

Aún así, sería un error asumir que siempre son sólo fintas.

El Presidente ha cumplido bastantes amenazas, como cuando impuso aranceles al acero y el aluminio de aliados estadounidenses y se retiró del acuerdo nuclear del expresidente Barack Obama con Irán y del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Trump retrocedió de una amenaza para aumentar los aranceles contra China el invierno pasado, pero cuando las nuevas pláticas se estancaron, la cumplió esta primavera.

Habló en repetidas ocasiones de cerrar el Gobierno para hacer que el Congreso le diera dinero para su muro fronterizo y finalmente lo hizo en diciembre. Por supuesto, no produjo el resultado que él deseaba; después de 35 días, se replegó y reabrió el Gobierno sin más dinero para el muro del que ya había asegurado. Luego llevó a cabo una amenaza de declarar una emergencia nacional y gastar el dinero en el muro de todas formas.

La bravuconería tiende a estresar a los aliados casi tanto como a los adversarios. Republicanos en el Senado de Estados Unidos y corporaciones estadounidenses se resistieron a la posibilidad de imponer aranceles a las importaciones mexicanas, lo que podría haber tenido un impacto de gran alcance en las cadenas de suministro de la industria automotriz y otros sectores al tiempo que incrementaría los costos en las tiendas para los consumidores.

Lo único predecible sobre la Presidencia de Trump es lo impredecible que es.

“No quiero que la gente sepa exactamente lo que hago, o pienso”, escribió en su libro de campaña. “Me gusta ser impredecible. Mantiene a la gente desconcertada”.

En eso, al menos, ha tenido un éxito incuestionable.

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