El turismo y el dragón de Komodo son incompatibles

16 de agosto del 2019

El Parque Nacional Komodo está en riesgo de ser arruinado por su propia popularidad.

El turismo y el dragón de Komodo son incompatibles

El dragón de Komodo, un lagarto de tres metros de largo nativo de un pequeño número de islas dispersas en Indonesia, sacó su lengua bifurcada. Dos niños estaban parados cerca de allí, el tamaño perfecto para bocadillos de dragón. Un guía local los exhortó a acercarse.

Los dragones de Komodo asemejan dinosaurios que olvidaron extinguirse. Capaces de olfatear sangre a kilómetros de distancia, comen búfalos acuáticos, venados y unos a otros. Su saliva está salpicada de veneno.

Los ataques fatales a humanos son extremadamente inusuales, aunque sí suceden. Pero el enorme lagarto que se relajaba cerca de los dos pequeños turistas tenía poco de haberse atiborrado de gallinas y cabras y estaba descansando en un estupor digestivo.

El guía prometió que no había peligro en tomarse una foto con el depredador, uno de los sólo alrededor de 3 mil dragones que quedan en el mundo.

Los turistas llegan al Parque Nacional Komodo, que se extiende por una explosión volcánica de islas en el Océano Pacífico Sur, debido a los dragones y también por su vibrante vida marina.

Pero el parque está en riesgo de ser arruinado por su propia popularidad. Si bien el turismo de Komodo genera una cantidad considerable de dinero para una de las regiones más pobres de Indonesia, también ha traído montones de basura, invasión humana y el ocasional contrabando de lagartos.

Desde el 2015 se ha duplicado el número de turistas extranjeros que visitaron el parque nacional, y la cifra de visitantes nacionales se ha quintuplicado. El parque ahora figura en el circuito de cruceros, con miles de personas desembarcando a diario.

Preocupados por la oleada de visitantes, los líderes provinciales quieren cerrar la isla de Komodo, donde vive la población más grande de dragones, en enero del 2020. El acceso a la isla estaría vetado durante al menos un año.

Para una región tan pobre, renunciar a parte de sus 300 millones de dólares en ingresos del turismo no es una decisión fácil, pero los funcionarios aseguran que es esencial para el futuro del parque.

“Si no les damos su hábitat a los dragones, quedarán extintos en los próximos 50 a 100 años”, indicó Yosef Nae Soi, vicegobernador de la Provincia de Islas Menores de la Sonda Orientales, que incluye a las islas que forman el Parque Nacional Komodo.

Si cierra la isla, la decisión afectará no sólo a los visitantes, sino también a los humanos que tienen siglos de vivir entre los dragones. Deberían ser reubicados, dicen las autoridades locales

Cuenta la leyenda que estos aldeanos -unos mil 700 viven hoy en la isla- comparten los mismos ancestros que los dragones.

No obstante, Yosef dijo que “el Komodo necesita un lugar espacioso para vivir donde no haya humanos”.

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