Brote de ébola en el Congo se está saliendo de control

Brote de ébola en el Congo se está saliendo de control

10 de junio del 2019

Cuando el ébola llegó a esta xiudad de la República Democrática del Congo, Janvier Muhindo Mandefu dejó la agricultura y consiguió empleo sepultando los cuerpos altamente contagiosos de víctimas de ébola.

Pero Muhindo le teme menos al ébola que a los dolientes que se topa en los funerales. Él y su equipo de sepultureros han sido atacados por familiares de los fallecidos. Los dolientes han acusado a los miembros de la cuadrilla de robar los órganos de los cadáveres y han amenazado con arrojarlos a las fosas abiertas.

En abril, un doliente blandía una granada de mano, dijo Muhindo, lo que provocó que todos se dispersaran y dejaran sin sepultar a una víctima de ébola de 3 años.

“Alguien como yo puede ser enterrado vivo”, dijo Muhindo mientras otros lavaban con manguera las camionetas después de otro día de entierros.

Este brote de ébola en el este del Congo, el segundo más grande jamás registrado, ahora se está saliendo de control. A pesar de algunos éxitos iniciales, la enfermedad ha regresado con fuerza en los últimos tres meses.

Los esfuerzos para combatir la epidemia se han visto mermados por ataques a centros de tratamiento y trabajadores de la salud; una profunda sospecha del Gobierno, que maneja los esfuerzos de erradicación, y la creciente desconfianza en los especialistas médicos internacionales que han batallado para llevar a los pacientes a los centros de tratamiento.

Cuando un doctor fue asesinado y centros de tratamiento fueron incendiados o atacados por hombres armados, los trabajadores del sector salud suspendieron su labor. Algunos grupos han retirado a parte de su personal.

Acusan al gobierno de importar la enfermedad

Para mediados de mayo, casi mil 150 personas habían muerto, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Pero ése es un conteo incompleto, indicaron los grupos de ayuda.

Cuando el brote fue descubierto en el verano del año pasado, los trabajadores de la salud tenían motivos para preocuparse. Esta parte del oriente del Congo tiene mucho tiempo de estar acosada por grupos armados que pelean por tierras, recursos naturales, etnia y religión, incluyendo una organización con vínculos con el Estado Islámico.

Sin embargo, el optimismo era fuerte entre la ola de expertos en salud y trabajadores humanitarios que llegaban, muchos con experiencia tratando el ébola, una enfermedad a menudo mortal causada por un virus que es transmitido por los fluidos corporales.

Llegaron con las lecciones aprendidas del brote que devastó a África Occidental a partir del 2013, que causó la muerte de más de 11 mil personas. Y estaban alentados por un éxito reciente: la contención de un brote en el oeste del Congo.

También trajeron avances médicos: una vacuna sorprendentemente efectiva, tratamientos experimentales y un contenedor transparente conocido como el “cubo” dentro del cual viven los pacientes, lo que reduce los riesgos de transmisión.

Aunque el Congo ha tenido nueve brotes de ébola registrados anteriormente, la enfermedad nunca había sido detectada en la región hasta que apareció el año pasado en una ciudad llamada Mangina.

Para finales del verano, había viajado por un camino de terracería a Beni, una ciudad de aproximadamente 350 mil habitantes que se recuperaba de las masacres con machete que mataron a unas 800 personas en los últimos años.

Algunos políticos locales sugirieron que el Gobierno había importado la enfermedad. En esta región independiente, sólo el 2 por ciento de los encuestados recientemente respondió que confiaba en el Gobierno nacional de Kinshasa, a mil 600 kilómetros de distancia.

“Científicamente, no creo que sea posible primero tener los asesinatos de personas en Beni y ahora esta enfermedad, sin que estén relacionados”, dijo Crispin Mbindule Mitondo, miembro de la asamblea nacional, en declaraciones emitidas en la radio local y WhatsApp.

Ébola, enemigo electoral

El ébola llegó justo antes de una reñida elección nacional que se perfilaba para ser la primera transferencia del poder por votación en el Congo desde la independencia de 1960. Pero Kinshasa suspendió la elección en las áreas afectadas por el ébola en diciembre, aduciendo que los lugares de votación podrían propagar la enfermedad.

Esta zona también era un bastión de la oposición. Así que, para muchos, el anuncio confirmó sus sospechas de que el ébola era parte de un complot, operado por Kinshasa, para negarles su voto.

Un día después de la cancelación de los comicios, manifestantes incendiaron un centro de triage del ébola en Beni.

“La cancelación de las elecciones fue un desastre para nosotros”, dijo Emmanuel Massart, de Médicos sin Fronteras.

Los equipos de vacunación viajaban escoltados por militares o policías armados, lo que se sumó a la sospecha. Esto hizo que pareciera que la respuesta al ébola era una extensión de un Gobierno nacional nada popular. Y los policías y soldados acompañando a los equipos han abierto fuego durante enfrentamientos con miembros de las familias en duelo, de acuerdo con entrevistas.

A medida que la enfermedad se propagaba a Butembo, ciudad de un millón de habitantes, los pacientes con ébola se resistían a ir a centros de tratamiento, al considerarlos un lugar para morir, no para ser curados.

En febrero, un centro de tratamiento del ébola también fue incendiado. Muchos pacientes huyeron hacia la oscuridad de la noche. Algunos de los que estaban demasiado enfermos para huir fueron trasladados a otro centro cercano, que a su vez fue atacado.

En los días siguientes, se detuvo la respuesta en el epicentro del brote. Médicos sin Fronteras se fue de la Ciudad. Cuando se reanudó la labor, las cifras de los infectados empezaron a subir.

Por ahora, el brote está limitado a una sola región, gracias en gran parte a la vacuna, dicen los doctores.

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