Declararse gay y servirle a Dios sí es una opción

21 de agosto del 2019

“Ser una rabina y madre divorciada y lesbiana profundizó mi comprensión de la experiencia humana”

Declararse gay y servirle a Dios sí es una opción

Cuando la rabina Lisa Grushcow, la primera rabina abiertamente homosexual de una sinagoga grande en Canadá, se preparaba para comenzar la escuela rabínica, enfrentó una decisión abrumadora: el amor o servir a Dios.

Su mundo fue puesto de cabeza a finales de los 90 cuando estudiaba religión en Oxford con una beca Rhodes, y se enamoró de una mujer. Esto representaba un problema: la conservadora escuela rabínica a la que planeaba asistir no ordenaba a rabinas abiertamente gays.

En vez de abandonar su vocación, optó en cambio por unirse al movimiento judío de reforma: una denominación progresista que acepta a rabinos y rabinas gays y el matrimonio homosexual.

“Salir el clóset me acercó más a Dios”, dijo.

“Fue la primera vez en mi vida en que ser buena en algo y esforzarte no bastaba para que se abrieran las puertas”, dijo la rabina de 44 años. “Al seguir mi llamado y ser fiel a mí misma, estaba aceptando ambas partes esenciales de mi identidad”.

Ahora divorciada, vuelta a casar, con dos hijas y un tercer bebé en camino, dijo que sus luchas le habían ayudado a moldear su enfoque incluyente al judaísmo durante cargos en Manhattan y en su actual papel como la primera rabina senior en el Templo Emanu-El-Beth Sholom, una enorme sinagoga reformista de 137 años de antigüedad en el acaudalado vecindario de Westmount, en Montreal.

Nombrada una de las “rabinas más inspiradoras de EU” por la influyente publicación judía The Forward, ha editado un libro trascendental sobre el judaísmo y la sexualidad, trabaja para mejorar los lazos entre musulmanes y judíos canadienses, y asesora a lesbianas, gays, bisexuales y transgénero judíos desde Terranova hasta México.

Y si bien el judaísmo tiene un largo historial de pioneros en materia de igualdad, Grushcow está jugando un papel importante en romper lo que ella llama la “barrera de vitral” en Canadá, donde las rabinas femeninas de alto nivel son escasas.

“Ser una rabina y madre divorciada y lesbiana profundizó mi comprensión de la experiencia humana”, añadió. “Amplió con quién puedo identificarme”.

Nacida en Ottawa en el seno de una familia judía conservadora y criada en Toronto, Grushcow da el crédito a su madre, una consultora en administración, y a su padre, dueño de una compañía de software, de inculcarle a temprana edad que las chicas podían hacer cualquier cosa.

No obstante, recordó haber leído un pasaje de la Torá a los 8 años que llamaba a la homosexualidad un “abismo de depravación” y haber sentido una punzada al reconocer que “hablaba de mí”.

Tras estudiar ciencias políticas en la Universidad McGill en Montreal, estudió Judaísmo y Cristianismo en el Mundo Greco-Romano en Oxford, donde obtuvo un doctorado. En el 2001, se casó con su primera esposa, una estudiante rabínica; dos años después, Grushcow fue ordenada en el Colegio de la Unión Hebrea-Instituto Judío de Religión en la Ciudad de Nueva York.

Al graduarse, se unió a la Congregación Rodeph Sholom, una prominente sinagoga reformista en NY, con mil 600 familias. Permaneció allí durante casi una década.

Un año después de que se mudó a Montreal en el 2012, su primer matrimonio se vino abajo.

Dice que comprendió mejor que un divorcio tiene sus propias “etapas de duelo”.

Grushcow se encontró haciendo malabares entre ser una rabina y una cuidadora primaria de dos hijas pequeñas, ahora de 9 y 15 años.

“Puedo dar un sermón sobre Yom Kipur a mil personas”, dijo. “Luego voy a casa y mis hijas no me ponen nada atención”.

Conoció a su segunda esposa, Shelley, en línea. Shelley, de 39 años, fue la primera persona del sitio con la que se mensajeó, y ambas compartían un amor por las librerías de libros usados y el baile de salón. Se casaron el año pasado.

La rabina Grushcow dijo que el judaísmo era más tolerante que lo que muchos sabían.

“El Génesis es el mejor libro que existe sobre familias disfuncionales”, afirmó. “Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac en una montaña —Sarah, su esposa, no debe haber estado muy contenta con eso”.

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